martes, 30 de diciembre de 2008

El triunfo de lo sencillo y útil


El triunfo de lo sencillo y útil
Algunos objetos pasan de las ferias de muebles a los museos
ANATXU ZABALBEASCOA - Madrid



Mucho antes de que la crisis se destapara, las ferias de muebles hacían presagiar ya lo que se estaba incubando. ¿Cómo? Limitando sus apuestas o llevándolas al paroxismo: las dos caras del diseño actual. De un lado, los optimistas continúan esforzándose en mejorar la función con la forma, en inventar nuevos materiales y en cuajar muebles que acompañen y no molesten. La otra ambición quiere que el diseño sea arte. Se resiste a perder la tajada de los grandes márgenes de beneficio y ha hecho que el design art traslade el diseño de los grandes almacenes a las galerías de arte. Ambos extremos son sintomáticos. Pero sólo los trabajadores del milímetro se llevan premio este año.

Así, el alemán Konstantin Grcic tuvo que esperar sólo un mes para que su silla pasara del stand de Planck en la feria de Milán a las vitrinas del MoMA de Nueva York. La idea de trabajar un nuevo material plástico para una silla flexible y económica, útil en interior y exterior apunta al futuro por todos sus poros. Menos por el sensual. En ese frente gana el diseño mediterráneo.
Entre los cálidos, el decano del diseño español, Miguel Milá, recibió este año un Compasso d'oro a toda su trayectoria. Es la primera vez que un español logra un galardón así. Que Milá siga vendiendo lámparas TMM 50 años después de haberla ideado es ya un premio. Pero que ese reconocimiento, que resume lo mejor del diseño italiano desde 1954, salga de su territorio habitual para premiar a un manitas español parece darle la razón a Milá cuando afirma que el diseño sigue siempre la lógica más simple. Con todo, y entre los españoles, a Milá podría haberle salido un competidor en Mario Ruiz. Su banco Fuori (Viccarbe) ha conseguido el premio Red Dot, el de mayor peso en diseño industrial. La idea de deshacer la unidireccionalidad de un banco, dejando sus extremos sin respaldo tiene detrás al talento de este alicantino afincado en Barcelona y curtido en la parte más técnica del diseño industrial. Ruiz proviene del diseño con menos glamour. Justo el que precisa mayor finura. Firmó el taxímetro que más se vende en el mundo. Sierras eléctricas, teléfonos... no ha habido aparato que se le resistiese. Hace dos años, arrancó con sillería para oficinas una aventura que lo está llevando, poco a poco, de la calle al hogar. El momento es el suyo: tocan aires de contención. Su tumbona Flat (Gandía Blasco) también se ha hecho con el premio Wallpaper al mejor diseño del año.
Pero ni siquiera Ruiz está solo. Este ha sido un año importante para el diseño español. Por fin se reconoce una nueva generación. Nueva y directamente internacional. En ella, los valencianos Culdesac recibieron un Compasso d'oro por su reloj Neos (Lorenz) y el estudio italobarcelonés Lagranja (capitaneado por Gabriele Schiavon y Gerard Sanmartí) consiguió otro Red Dot por el aparcabicicletas Key (Santa&Cole). Se trata de un aparcamiento que no resulta duro ni visual ni físicamente, un rosco de espuma de poliuretano con alma de acero que resiste rasguños y graffitis y que puede confundirse con un juguete infantil. El donut rojo o negro sujeta la bicicleta por tres puntos y con su forma básica, pero sorprendente, es capaz de imprimir identidad a un parque público. A pesar de tan vistosa apariencia, la verdadera novedad, el gran cambio de este aparcabicicletas no está en su forma amable sino en su propuesta. Su resistencia deriva no tanto de la dureza del material como del convencimiento de que un elemento urbano simpático y útil será respetado. Y cuidado. La opción de ofrecer resistencia a las agresiones externas no con dureza sino con cercanía y flexibilidad abre un camino al diseño que merecería la pena explorar.

Fonte El Pais

EULALIO FERRER :"No es posible vivir con rencor en el corazón"


"No es posible vivir con rencor en el corazón"
JUAN G. BEDOYA 30/12/2008



Cuesta imaginar a este hombre de 88 años, que rezuma sabiduría, libros y condecoraciones, cuesta verlo como el capitán más joven en la Guerra Civil, con apenas 19 años, y escapar al exilio con lo puesto, su paso por los campos de concentración, y una vida de rico empresario y escritor de éxito en México, hasta llegar a la Academia Mexicana de la Lengua. Vuelve un par de veces al año a Santander, su ciudad natal, porque preside el Premio Menéndez Pelayo, del que es mecenas; acude al Instituto Cervantes, del que es patrón, y acaba de publicar la novela Háblame en español.

El empresario y mecenas afincado en México publica una novela a los 88 años
Como una travesura. Así cuenta Eulalio Ferrer la decisión de publicar esta su primera novela a los 88 años, después de 40 libros serios, como De la lucha de clases a la lucha de frases. El desayuno se prolonga dos horas, en un coqueto comedor, ante la mirada condescendiente de una camarera atenta a la conversación a cambio de no dar prisa. Ferrer perdió hace un año a su esposa, Rafaela Bohórquez, también exiliada. Fue un mazazo para su mala salud de hierro, poco a poco recuperada. Aún se le resiste el apetito.
Cuando Ferrer volvió a Santander desde el exilio, vivo todavía Franco, acudió de mañana al cementerio local para desparramar claveles en la campa donde los asesinos de la posguerra enterraban a sus víctimas como a animales, por miles. "¿Qué hace usted?", le increpó el vigilante. "Echo claveles sobre mi tumba". "¡Pero usted está vivo!". "Sí. Pero si no llego a irme, estaría enterrado aquí".
Le pido que rememore sus 16 años, como secretario de Propaganda de las Juventudes Socialistas. Por aquello le vigilaba la policía 35 años después. Pero los secretas iban a quedarse pasmados. Por la tarde, Ferrer fue llamado al Gobierno Civil, no para ser torturado, sino para dar conversación al gobernador, informado de la biografía del visitante, y para recibir invitaciones al mejor palco del Festival Internacional de Santander.
A Eulalio Ferrer la vida le ha dado muchas satisfacciones. No pocas las atribuye a haber perdido una guerra. México, a sus 19 años, fue una liberación para él. El primer amor con sexo; la primera empresa -una revista que hacía de cabo a rabo: textos, publicidad, reparto, cobro-; el primer automóvil, que le costó el carné del PSOE -su padre le dijo: "Tú eres un burgués. No se te ocurra volver por el partido"-; y el orgullo de sus amigos, cuando ya era patrón de grandes empresas de comunicación y podía dedicarse a mecenas, "por el placer de compartir". "A veces me preguntan cuánto he gastado en el Museo Iconográfico del Quijote, o en patrocinar premios, por ejemplo. Les digo: una casa en Nueva York, otra en París, otra en Madrid, y un yate en el puerto de Santander. No tengo eso, pero me siento bien pagado".
Pese a todo, Eulalio Ferrer es un superviviente. "El sobrevivir es el milagro de mi vida", dice. No hemos podido espantar de la mesa la tristeza. Le pesan los recuerdos: la huida con su familia hasta arribar a México, el terrible campo de Argelès-sur-Mer, y a Antonio Machado tiritando de frío junto a su madre, acurrucada sobre él. Sentados en un banco de la plaza de Banyuls, esperan a Pepe, el hermano del poeta, que les llevará al hotelito de Colliure donde morirán poco después. "Don Antonio iba sin abrigo y coloqué sobre sus hombros el mío, pese a necesitarlo tanto. Fue muy triste... Pero sé que no se puede vivir con rencor en el corazón", dice en voz baja.
Fonte El Pais

lunes, 29 de diciembre de 2008

Inaugurada en Portugal la mayor planta de energía fotovoltaica del mundo


PROYECTO DE ACCIONA
Inaugurada en Portugal la mayor planta de energía fotovoltaica del mundo

GUSTAVO CATALÁN DEUS
MADRID.- La empresa española Acciona ha conectado a la red la mayor planta de energía solar fotovoltaica en el mundo, en la localidad portuguesa de Amareleja (Moura). La planta tiene una potencia de 46 Megawatios (Mw) y producirá 93 millones de kilovatios/hora -electricidad que corresponde al consumo de más de 30.000 hogares portugueses- y evitará la emisión de 89.383 toneladas anuales de CO2 en centrales de carbón.
La inversión realizada se eleva 261 millones de euros y las obras se han realizado en un tiempo récord de 13 meses, hasta el pasado día 23, cuando fue definitivamente incorporada a la red eléctrica del país vecino, según fuentes de la compañía, que destaca mundialmente como una de las más pujantes en energías renovables y desalación.
La central solar ocupa una superficie de 250 hectáreas en la circunscripción de Amareleja, perteneciente al concejo de Moura (región del Alentejo), muy cerca de la frontera con España.
Consta de 2.520 seguidores solares de tecnología Acciona 140 m2 de superficie (13 metros de largo por 10,8 metros de alto). Cada uno de ellos alberga 104 módulos de silicio policristalino, de 170 y 180 Mw de potencia, con 262.080 módulos fotovoltaicos en el conjunto de la central solar. Los seguidores desarrollan un movimiento acimutal de 240º de giro siguiendo la parábola del Sol, con una inclinación fija de 45º.
«Acciona está volcada en grandes inversiones en energías renovables, porque las expectativas son buenas», ha señalado a elmundo.es un portavoz de Acciona Energía, filial de Aciona, compañía presidida por José Manuel Entrecanales. Acciona tiene el 25% de Endesa, que posee varias centrales nucleares y gestiona los cuatro reactores de Cataluña.
La central de Amareleja contribuirá al cumplimiento de los objetivos marcados en el Programa E4 de Eficiencia Energética y Energías Renovables aprobado por el Gobierno de Portugal y de los compromisos adquiridos por este país en lo que se refiere a reducción de emisión de gases de efecto invernadero. En el ámbito fotovoltaico ese objetivo es instalar 150 Mw, por lo que la central de Acciona aportará ella sóla un 30% del total.
En España está en marcha un proyecto de energía solar fotovoltaica aún mayor en Puertollano, que desarrolla la empresa Renovalia. Cuando entre en funcionamiento, la planta manchega producirá 47,6 Mw. En la localidad de Olmedilla de Alarcón también existe una instalación de 60Mw, dividida en 500 pequeñas instalaciones propiedad de numerosos pequeños accionistas.

Fonte El Mundo.es

domingo, 28 de diciembre de 2008

Memorias del Made in Italy






Una exposición recorre un siglo de arte y diseño de la mano de 50 marcas míticas
MIGUEL MORA - Roma -



La historia de las grandes marcas italianas entra por los ojos; se renueva sin cesar, se reinventa con un gesto. Vean si no el feliz y brusco nacimiento de la empresa de sombreros Borsalino: un hombre pegó a otro un estacazo en la cabeza, y el hueco quedó tan bien que marcó tendencia.


Todo empezó a mediados del XIX. Los príncipes andaban moribundos o en fuga; los Papas habían colmado su capacidad de acaparar la desmesura, los nobles se entregaban al moderno mal del despilfarro y el mecenazgo en Italia ya no era lo que había sido.
Entonces llegó, manu militari, la unificación (1861), y con ella la burocracia y el fascismo, Cinecittà y los 50 distritos industriales, los barrios burgueses y la publicidad, el cinquecento y el poderoso influjo del amigo americano. Los empresarios no perdieron el tiempo. Mientras unos exportaban la mafia, otros, más pacíficos pero no menos ambiciosos, tiraron de tradición y furbizia (agudeza), y aplicaron su genética para la invención y la creatividad a la venta (sin palabras o con muchas palabras) y el envoltorio fino.
Sociedades como Perugina, Lavazza, Peroni, Barilla, Alfa Romeo y tantas otras comenzaron a elevarse sobre el resto recurriendo a los artistas para pensar, elaborar y vender sus productos. Se convirtieron en los nuevos mecenas: encargaron carteles y dibujos, objetos y prototipos, logos y anuncios. Crearon envases nunca vistos, macarrones de formas novedosas, diseñaron bicicletas con motor, zapatos y vestidos que parecían, y a veces eran, obras de arte.
Una vez renovada la receta romana (lujo + inteligencia = buena vida), nació la marca de país más rentable jamás creada. Se llamaba Made in Italy.
Éste es, a grandes rasgos, el fascinante relato cultural, social y económico que narra la exposición Logos de Italia, recién abierta en el museo nacional Castel Sant'Angelo de Roma y que puede visitarse hasta el 25 de enero.
Subtitulada Historias del arte 'di eccellere' (de brillar, y también de ser excelentes), la muestra arranca con las dos empresas pioneras -ambas se daban a la bebida, la licorera calabresa Amarelli (1731) y la cervecera Peroni, fundada en 1846-; pasa por la industria alimentaria de principios del siglo XX (chocolate Perugina, ollas Lagostina, pastas Barilla...), se detiene a mitad de siglo en los muebles de Zanotta o las lámparas de Guzzini, abraza la dolce vita de los modistos, las terrazas Martini y las divas calzadas con joyas, y acaba en las futuristas construcciones del pujante presente exportador.
La muestra se divide en tres secciones: la memoria, la identidad y el futuro. Historias de marcas, Historias de nombres y Lugares de amor. El corazón es Historias de marcas, que a su vez se divide en cuatro espacios: comunicación, arte, diseño e innovación. En la primera se aprecia la riqueza de soportes y recursos empleados para seducir al cliente. Entre los éxitos, el agua efervescente natural Ferrarelle ("¿lisa, con gas o Ferrarelle?") el boom de la vespa en los años cincuenta y sesenta y las fotografías de Oliviero Toscani para Benetton.
El paseo por las mazmorras y salones del antiguo castillo papal desborda talento y pasión emprendedora, solidez y finezza. El lema parece ser "esto consiste en vender, pero sin que se note (estúpidos)".
Quizá de ahí, la gran variedad de formatos: de los dibujos de Emma Bonazzi (en arte Tigiù) y los carteles post románticos de Depero y Séneca, a los cartones animados de Armando Testa para los cafés Lavazza y Paulista, y, cuando toca, los documentales con cineastas y actores famosos. Tres ejemplos: Bertolucci y su filme para la petrolera Eni (La vía del petróleo, 1967); Antonioni con la espléndida Mónica Vitti vendiendo glamour, y la ironía sin prejuicios de Mina, madre soltera, cantando para Barilla, durante el Concilio Vaticano II: "Cocina para tu hombre".
La parte dedicada al arte permite entender otro secreto a voces del buen patrón italiano: el talento cuesta dinero, pero se paga. Y es igual si viene dentro o de fuera: Palladino, Guttuso, Dalí (que colaboró con Alessi haciendo una escultura titulada Objeto inútil), e incluso Andy Warhol, autor de los carteles de la campaña de Martini en EE UU.
En la sala Historias de nombres se cuenta la participación de personajes y familias que marcaron el camino del mecenazgo industrial. Se trataba de ser distintos y parecerlo. De ser, si no mejores, más refinados. Populares y simpáticos, eso nunca estorba. Pero jamás vulgares.
Son más de 50 empresas, presentes con 250 piezas y objetos que han recorrido el mundo. Ahí están los revolucionarios biberones y chupetes de Chicco, el logo y la madera de Alfa Romeo, el caballito rampante de Ferrari, las botellas retornables de Peroni, los zapatos-escultura de Prada, los sillones y sofás de Giovanetti donde tanto descansó Fellini, los cubos de basura alto diseño de Kartell o la futurista arquitectura de Fuksas para albergar sedes de automóviles o bodegas.
La lección del fiel vendedor acaba en los lugares de las empresas con arte: los territorios que han alimentado la creatividad y que serán la excelencia del futuro. Elegancia, estética y buena vida siguen siendo sinónimos de Italia. Viendo esta exposición, sólo queda asumirlo: unos lloran la crisis, los italianos la cabalgan con estilo y un punto de nostalgia.Son 250 piezas que han recorrido el mundo, desde biberones a zapatos

Think of me

http://www.youtube.com/watch?v=XjM1Lrsb7I8

La Aventura Colonial


La aventura colonial

MARIO VARGAS LLOSA



Durante muchos siglos, la empresa colonial fue transparente: un país, aprovechándose de su fuerza, invadía a otro más débil, se apoderaba de él y lo saqueaba. Nadie ponía en cuestión semejante estado de cosas porque se trataba de algo que se venía practicando desde la noche de los tiempos y todos, colonizadores y colonizados, aceptaban o se resignaban a esta cruda realidad como a una fatalidad inevitable, consustancial a la historia.
Leopoldo II convirtió Bélgica en una gran potencia colonial sin disparar un solo tiro
Hace un año que leo testimonios y no me cabe en la cabeza una monstruosidad tan atroz
El descubrimiento y conquista de América por los europeos introduce una importante variante. Por primera vez y por razones religiosas el colonizador se interroga a sí mismo sobre la justicia de la empresa colonizadora y, en acalorados debates de juristas y teólogos, se arma de razones, humanas y divinas, para justificar sus conquistas. Desde entonces, sin dejar de ser lo que fue siempre, es decir, un acto de fuerza y de rapiña, la colonización se atribuye a sí misma una misión evangelizadora y civilizadora: desanimalizar a quienes viven en estado feral y humanizarlos gracias al cristianismo y a la cultura occidental que aquél inspira. Para que este objetivo tenga algún viso de realidad es imprescindible establecer como un hecho indiscutible, científico, que el colonizado carece de los conocimientos y luces indispensables para juzgar por sí mismo lo que más le conviene, pues se trata de un ser desvalido y primario cuyos intereses y conveniencias son mejor percibidos por la potencia que a partir de ahora ejercerá sobre él la tutela colonial, una forma de autoridad benévola.
Sin embargo, en el siglo XIX, las empresas coloniales europeas en el África y el Asia olvidan casi este prurito de justificación religiosa y moral e invaden y ocupan territorios, que empiezan a explotar de inmediato, sin otra explicación que la necesidad de proveerse de materias primas, ampliar sus mercados o contrarrestar el crecimiento y poderío de los imperios rivales. Cuando Hitler, en Mi lucha, explica que en el programa del Partido Nacional Socialista figura en lugar prominente la adquisición, por las buenas o las malas, de colonias para instalar los excedentes demográficos del pueblo alemán, no hace más que poner sobre papel lo que casi todas las grandes potencias europeas habían venido haciendo, cierto que sin decirlo con tanta claridad, desde el siglo XV.
La excepción era la pequeña Bélgica, país más bien reciente y, ay, sin colonias. Esta condición entristecía y desmoralizaba a su soberano, Leopoldo II, cuya energía, ambiciones y sobresaliente inteligencia desbordaban por los cuatro costados las fronteras del diminuto reino que le había asignado la Providencia. Entonces, él, sin amilanarse, se dio maña para conseguir mediante la astucia, la paciencia, la intriga y la diplomacia lo que los grandes países colonizadores habían logrado a través de los ejércitos y la matanza. Por increíble que parezca, Leopoldo II convirtió a Bélgica en una gran potencia colonial sin disparar un solo tiro.
Para ello, primero, en un trabajo diligente y genial que le tomó muchos años, se fraguó una imagen de monarca humanitario, altruista, condolido por la suerte de los salvajes y paganos de este mundo, que sedujo a la opinión pública de Europa y de los Estados Unidos. Invirtiendo en ello el dinero de su reino y el suyo propio, fundó asociaciones benéficas y centros para combatir la esclavitud que hacía estragos en el África Occidental, costeó el viaje de misioneros a esas regiones bárbaras, impulsó investigaciones, estudios y publicaciones sobre las condiciones de vida de las tribus africanas que todavía practicaban el canibalismo y eran diezmadas por los traficantes árabes que, partiendo de la isla de Zanzíbar, practicaban la trata, y peroró sin tregua, en orquestadas manifestaciones públicas, exigiendo a las grandes potencias que intervinieran para poner fin a aquella lacra indigna que era el comercio de carne humana en los mares del mundo.
La campaña dio el resultado que esperaba. En febrero de 1885, catorce naciones reunidas en Berlín, y encabezadas por Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos, le regalaron a Leopoldo II, a través de la Asociación que él había creado para ello, todo el Congo, un inmenso territorio de más de un millón de millas cuadradas, es decir unas 80 veces el tamaño de Bélgica, para que "abriera ese territorio al comercio, aboliera la esclavitud y cristianizara a los salvajes". No había un solo africano presente en aquel Congreso y no hay un solo indicio de que alguien en Europa o Estados Unidos -político, periodista o intelectual- se preguntara siquiera si era aceptable que la suerte de ese inmenso país fuera decidida de este modo, por 14 naciones advenedizas, sin que un solo congolés hubiera sido siquiera consultado al respecto.
Seguro de lo que iba a ocurrir en el Congreso de Berlín, Leopoldo II ya se había adelantado, desde un año antes, a operar en el territorio que de la noche a la mañana lo convirtió en el amo de un formidable imperio. Para ello había contratado al célebre explorador galés-norteamericano Henry Morton Stanley, el primer europeo en recorrer los varios miles de kilómetros del río Congo, desde sus nacientes, en el África Oriental, hasta su desembocadura en el Atlántico. En una expedición que es una mezcla de grotesca pantomima cínica y proeza etnológica y geográfica, entre 1884 y 1885, los expedicionarios enviados por Leopoldo II recorrieron buena parte del Alto y Medio Congo repartiendo cuentecillas de vidrios de colores y retazos de tela en 450 aldeas y villorrios africanos y haciendo "firmar" contratos -los llamaban "tratados"- en los que los caciques y jefes indígenas, que no tenían idea de lo que firmaban, cedían la propiedad de sus tierras a la Asociación Internacional del Congo, se comprometían a dar hombres para que trabajaran en las obras públicas que aquella institución emprendiera -caminos, depósitos, puentes, embarcaderos-, cargadores para transportar los bultos y materiales, a proveerla de brazos para la recolección del caucho y a alimentar a los peones, funcionarios y soldados y policías que vinieran a instalarse en sus dominios. De manera que cuando las grandes potencias le entregaron el Congo, Leopoldo II ya tenía en sus manos 450 "tratados" en los que los congoleses legitimaban mediante sus firmas aquella donación y le entregaban sus vidas y haciendas.
A diferencia de otras colonizaciones, en que los invadidos resistieron de alguna forma al colonizador y le infligieron algunos daños, en el Congo prácticamente no hubo resistencia. Los congoleses no tuvieron tiempo ni posibilidades de resistir a un sistema que cayó sobre ellos -una miríada de culturas y pueblos desconectados entre sí- como una malla inflexible en la que perdieron, desde el principio, toda libertad de iniciativa y movimiento, y en el que fueron sometidos a una explotación inicua, las 24 horas del día, hasta su extinción. Los castigos, para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido de látex, eran brutales. Iban desde los chicotazos hasta las mutilaciones de manos y pies -a las mujeres y a los niños primero, y luego a los propios trabajadores- hasta el exterminio de aldeas enteras, cuando se producían fugas masivas o aquellas comunidades no cumplían con la obligación de alimentar a sus verdugos como éstos esperaban. Hace un año que leo testimonios diversos -de misioneros, viajeros, aventureros o de los propios colonos- sobre estos años del Congo y todavía no me cabe en la cabeza que fuera posible una monstruosidad tan atroz, un genocidio en cámara lenta semejante, sin que el mundo llamado civilizado se diera por enterado. Cuando aparecen las primeras denuncias en Europa, por boca de pastores bautistas norteamericanos, hay una incredulidad general. Y los plumíferos alquilados por Leopoldo II actúan de inmediato en la prensa hundiendo en la ignominia a aquellos denunciantes y llevándolos ante los tribunales por calumnias.
Durante un cuarto de siglo por lo menos el Congo fue desangrado, esquilmado y destruido en una de las operaciones más crueles que recuerde la historia, un horror sólo comparable al Holocausto. Pero, a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos por el delirio racista y homicida de Hitler, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II y sus crímenes, al que muchos europeos, no sólo belgas, todavía recuerdan con nostalgia, como un estadista que, venciendo las limitaciones que la historia y la geografía impuso a su país, hizo de Bélgica por unos años un país imperial. La verdad es que detrás de la behetría y las violencias en que se debate todavía ese desdichado país se delinea la mortífera sombra de ese emperador que conquistó el Congo sin disparar un solo tiro y consiguió en menos de 20 años aniquilar a por lo menos 10 millones de sus súbditos africanos.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario EL PAÍS, SL, 2008.
© Mario Vargas Llosa, 2008.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Escrever e Ilustrar ou uma coisa é uma coisa

¿Quién precisa leer un libro si puede verlo en dibujos?"
MARÍA A. SÁNCHEZ-VALLEJO



En el restaurante no hay carta. El menú lo pregona a voz en grito la patrona para hacerse oír entre un sonido ambiente decibélico. Es víspera de sabat y en La Escudilla abunda la clientela: jóvenes neoyorquinos de paso, algunos tocados con kipa; judíos españoles, oficinistas, el repartidor del pan. "Carne a la brasa y ensaladas, ¿de acuerdo?", elige por todos la enérgica dueña. "Y cuscús", añade. A la mesa se sientan la ilustradora y autora de cómics Miriam Katin; su marido, Jeff, y su editor en España, todos judíos. ¿No era lo lógico reservar en un restaurante kosher? "¿Judío? ¿Así que no hay serrano?", bromea Miriam.
La ilustradora israelí sobrevivió al horror nazi y lo cuenta en un cómic
Pero la carne está sabrosa, y el toque dulzón de la ensalada de pepino con eneldo resulta sugerente. "Menos mal, porque los restaurantes kosher suelen ser tristísimos. En Nueva York sólo se puede ir a uno. Y los de los países del Este dan pereza", ríe.
Miriam Katin (Budapest, 1942) habla con conocimiento de causa de gastronomía y de geografías. Nacida en la Centroeuropa de la II Guerra Mundial, creció en Israel y hoy vive en Nueva York. "Tengo doble nacionalidad, israelí y estadounidense. Casi he olvidado el húngaro y no viajo a Hungría, aunque me quedan familiares allí. Volver es muy doloroso".
Sobrevivir a la persecución nazi, a la asfixia envasada al vacío del gueto, es el argumento de Por nuestra cuenta (Ponent Mon), el cómic que de la mano de Casa Sefarad ha venido a presentar a Madrid y cuya creación supuso "una experiencia catártica". Porque la niña que aparece en las viñetas es ella misma. "Mi madre me contaba muchas historias de esa época, y yo las he ido traduciendo en imágenes desde pequeña". Junto a la pequeña Miriam y su madre, se dibuja la figura ausente del padre, un oficial del Ejército húngaro condenado a trabajos forzados. "Es el personaje que más me ha costado".
Miriam, que se confiesa devota de Tintín y Asterix ("son como la Biblia"), es una autora de cómic tardía. "Empecé hace seis años. La mayor parte de mi vida he sido ilustradora, y también he trabajado en animación, así que siempre he estado rodeada de gente joven. Además, ¿quién necesita leer un libro entero si puede verlo en dibujos?", bromea. "Es verdad que los aficionados
suelen ser jóvenes, pero mi editor creyó que con mi obra se podía abrir a otras generaciones".
Su trabajo ha discurrido por múltiples senderos (ha sido dibujante en los estudios Disney, pero también artista gráfica en el Ejército israelí), siempre en paralelo a sus peripecias vitales. Recuerda las duchas de agua helada que la aguardaban a su llegada al kibutz, en 1957, cuando su familia emigró a Israel, pero también "el ambiente de libertad y camaradería". También guarda buenos recuerdos de su paso por el Ejército, donde la única arma que empuñó fue la pistola de aire comprimido para pintar. "Era muy divertido, éramos muy jóvenes y llevábamos monos siempre sucios de la pintura".
Cosmopolita como buena judía, cordial, poco comedora y adicta al trabajo, ¿tiene Miriam Katin algún hobby? "Dibujar, dibujar y dibujar", contesta. ¿Ninguno más? Reflexiona un segundo y responde con énfasis: "¡Mi marido!". Éste se da por aludido y entra al trapo entre risas: "¡Y el sexo!". A falta de serrano...
Fonte El Pais

jueves, 25 de diciembre de 2008

Envelhecer

http://www.youtube.com/watch?v=Bpps8bkTGaw

Last Chance Harvey


Dustin Hoffman y la inseguridad de la vejez
El actor de 71 años teme que a su edad le sea difícil encontrar papeles interesantes en el cine de Hollywood
ELPAÍS.com -



A los 71 años, Dustin Hoffman afirma que nunca se va a retirar del trabajo en el que ha encontrado su pasión, pero lo hace con una cierta inseguridad. Y es que el veterano actor ve muy difícil seguir encontrando en el cine de Hollywood papeles que se ajusten a su avanzada edad.


Tal como su última película, Last Chance Harvey, una oda a aquellos que encuentran el amor tardíamente en su vida, y se estrenará en los cines estadounidenses el día de Navidad.

Hoffman, que en la cinta interpreta al desafortunado Harvey frente al personaje de Kate, interpretado por Emma Thompson, quisiera seguir haciendo películas para un público de mayor edad, dejando atrás a personajes como Benjamin Braddock en El graduado. Pero, a pesar de su amplia trayectoria y éxito en su carrera -ha ganado dos Óscar y ha sido nominado otras siete veces- ve difícil encontrar este tipo de personajes en el futuro.

"Si pudiera elegir, no cambiaría el sistema de los estudios. Simplemente agregaría dos o quizás tres idiomas a mi repertorio, que sólo consiste en el inglés de la calle", ha dicho en una entrevista reciente que cita la agencia Reuters. "Porque si pudiera hablar francés, español e italiano, estaría trabajando en películas que me interesan más. Fuera de Estados Unidos siguen honrando las historias de amor sobre personas que ya pasaron la edad de las cirugías. En Europa, uno tiene derecho a envejecer".

Hoffman, nacido y criado en Los Ángeles, ha añadido que nunca ha entendido la obsesión con la juventud y lo que llama "la falta de respeto por la edad que existe aquí, que no se encuentra en otros países".

El actor espera emular a las leyendas que trabajaron hasta el final de sus días con buen humor, incluso con problemas de salud. Uno de sus ejemplos favoritos es el fallecido comediante George Burns, que dijo en una ocasión: "El sexo a los 90 años es como intentar jugar al billar con una soga".

Al respecto, Hoffman ha concluido: "Si tu objetivo en la vida no es tomarte la mortalidad con ese humor, realmente no sé cuál puede ser".

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Outra vez crianca

ESPERANÇA
Lá bem no alto do décimo segundo andar do Ano
Vive uma louca chamada Esperança
E ela pensa que quando todas as sirenas
Todas as buzinas Todos os reco-recos tocarem
Atira-se
E — ó delicioso vôo!
Ela será encontrada miraculosamente incólume na calçada,
Outra vez criança...
E em torno dela indagará o povo: — Como é teu nome, meninazinha de olhos verdes?
E ela lhes dirá (É preciso dizer-lhes tudo de novo!)
Ela lhes dirá bem devagarinho,
para que não esqueçam: — O meu nome é ES-PE-RAN-ÇA...
Mario Quintana

domingo, 21 de diciembre de 2008

Cantilena Bachiana Brasileira numero 5

http://www.youtube.com/watch?v=NxzP1XPCGJE


Tarde uma nuvem rósea lenta e transparente.
Sobre o espaço, sonhadora e bela!
Surge no infinito a lua docemente,
Enfeitando a tarde, qual meiga donzela
Que se apresta e a linda sonhadoramente,
Em anseios d'alma para ficar bela
Grita ao céu e a terra toda a Natureza!
Cala a passarada aos seus tristes queixumes
E reflete o mar toda a Sua riqueza...
Suave a luz da lua desperta agora
A cruel saudade que ri e chora!
Tarde uma nuvem rósea lenta e transparente
Sobre o espaco ,sonhadora e bela!

Domingo Carinhoso

http://www.youtube.com/watch?v=8IhqXDQkWpQ


Meu coração, não sei por quê
Bate feliz quando te vê
E os meus olhos ficam sorrindo
E pelas ruas vão te seguindoMas mesmo assim
Foges de mim
Ah! Se tu soubesses como sou tão carinhoso
E o muito muito que te quero
E como é sincero o meu amor eusei que tu não fugirias mais de mim
Vem, vem, vem, vem
Vem sentir o calor dos lábios meusÀ procura dos teus
Vem matar a essa paixão
Que me devora o coração
E só assim entãoSerei feliz, bem feliz.

http://www.youtube.com/watch?v=X-5ZNum4UBo
El escritor, o es memoria o no es nada"
JUAN CRUZ 21/12/2008

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La identidad, la Iglesia, la memoria, la crisis... El escritor, reciente premio Cervantes, hace balance de un año en el que todo parece simbólico. Como su obra lo es de su vida.
Hay algo de fuerte y de desvalido en Juan Marsé, como si aún fuera Juanito, y como si su biografía, de la que aquí habla, le estuviera siempre halando hacia la infancia, y, aún más, hacia el momento mismo en que nació. Pero es Juan Marsé, su rostro ya muestra esa edificación barroca que las personas alcanzan cuando son lo mismo por dentro que por fuera; aunque en la mirada de Marsé, en algunos de sus gestos menudos, uno vislumbra al adolescente que fue o al joven que aparece en muchos de sus libros, disfrazado con otras identidades. Un hombre de 75 años al que sus amigos mayores (muchos de ellos ya muertos) siempre llamaron Juanito; había dos Juanitos, el otro era García Hortelano, uno de sus amigos más grandes. Su nieto Guille, que tiene nueve años, le llama abuelito, y comparte con él al menos una preocupación: la vestimenta que ambos han de usar en Alcalá de Henares cuando el Rey le entregue al autor de Últimas tardes con Teresa el Premio Cervantes. Marsé tiene que ir con chaqué, y se lo tendrá que probar en Madrid en enero, y Guille le pregunta a su madre, Berta Marsé, escritora también, autora de cuentos, si se fabrican igualmente esos vestidos para los niños. El abuelo cree que mejor va vestido de marinerito, y alguien dice que quizá el niño pueda ir vestido como iba Juan Marsé cuando ganó el Planeta (en 1978) y se presentó ante el entonces president Tarradellas con un pantalón de pana y una cazadora amarilla. Vamos con la familia Marsé (falta Joaquina, la mujer, la abuela, que se quedó en Barcelona) hacia Andorra, donde al patriarca le van a dar el Premio Carlemany del Principado. Habíación, pero la única posibilidad que hubo de llegar a tiempo era si íbamos con él en este viaje que es preludio del que hará a Alcalá de Henares y que es una interrupción más, pero gloriosa, a la escritura que ahora le tiene aún más ensimismado: Aquel muchacho, esta sombra, una novela por la que se ha cruzado, otra vez, un elemento más de su historia familiar, la verdadera, la que le convirtió en un hijo adoptivo al que por eso mismo le importan un bledo las identidades que tanto conmueven el solar patrio. En este viaje, Marsé compartió mesa y mantel con académicos, profesores y funcionarios, y contó ante ellos, con esa sonrisa tímida, como de adolescente que está de campamento, parte de su biografía; cuando trabajó de mozo de laboratorio con el científico Jacqtorio con el científico Jacques Monod en el Instituto Pasteur de París, o cuando daba clases de conversación española a la hija del pianista Robert Cassadesús, que se llamaba Teresa, lo que son las cosas... Y allí, junto a la mesa del comedor del hotel andorrano, Guille descubrió la nieve y un piano, y se llevó al abuelito hasta el teclado, y ahí otra vez se produjo en Marsé esa sonrisa de excursión que es la que tiene en los momentos felices. Éste es uno, nosotros lo vimos. Antes nos habíamos sentado a conversar, él tomándose una cerveza y coida y sobre la vida. Le sacamos la política, pero en un momento determinado prefirió seguir hablando de la vida. Es decir, de la memoria. "Yo no me olvido", eso dijo, y de eso, de la memoria, va su obra. Ustedes verán.

Qué raro, una entrevista a Marsé en Andorra.
Ser de un país como éste no estaría mal. Si uno hace un somero repaso a nuestra historia, llega a la conclusión de que haber nacido entre montañas en este paisaje maravilloso, pues sí, no estaría mal. Y no lo digo sólo por el paisaje.
¿Nosotros vivimos en un país raro?
Raro y que parece que aún no acaba de encontrar su estabilidad democrática. Hay todavía muchos resabios y sombras de nuestro pasado inmediato, concretamente de los cuarenta años del franquismo. Cuentas pendientes con muchas cosas. Con la Iglesia católica, por ejemplo.
Y todo parecía haberse resuelto en la transición... Se dice que han sido heridas mal cerradas. No lo sé. Durante el primer Gobierno socialista se podrían haber resuelto algunas cosas en relación con la Iglesia. Pero los pactos sobre el Concordato fueron más de lo mismo. Y bajo el Gobierno de Aznar tampoco se hizo nada. Ahora tampoco se está haciendo nada de nada al respecto. Así que salta la chispa cuando menos te lo esperas. Hoy es un crucifijo, mañana es una monja... Esto es una lata. No es el problema más importante que tiene el país, pero lo digo porque refleja una cierta dejadez del Gobierno en materia de educación.
El Gobierno introdujo Educación para la Ciudadanía, y las reacciones dieron la impresión de que la asignatura la dictaba el diablo.
Es un ejemplo. Todavía parece como si fuésemos aprendices en el terreno democrático. Si no fuera porque es dramático, como escritor me troncharía de risa con lo que ha pasado con la Educación para la Ciudadanía y con la memoria histórica. La memoria es el instrumento más importante que tiene un escritor. Que no remuevas las cosas, dicen; eso es grotesco; es como si te negaran, en el caso de un escritor, el derecho a trabajar.
En su caso, la memoria es lo fundamental.
O es memoria o no es nada. Ya sé que se refieren a la memoria colectiva. Pero llega un momento en que esa apelación a que no se remuevan las cosas también afecta a la memoria personal.
La jerarquía católica no siempre fue igual.
En la transición tuvimos a Tarancón. La Iglesia de Roma es al final lo que pesa, la jerarquía eclesiástica es la que manda. Tarancón fue único. Y a él le costó mucho; le gritaban y lo insultaban por la calle.
"Tarancón al paredón". Hoy día no sé qué le habría pasado. Coincidió en un momento de grandes esperanzas. Realmente la transición fue útil. La izquierda, sobre todo, cerró la boca, a ver si salíamos de aquello. Había la ilusión de que un día hubiera justicia histórica, como en Alemania o en Italia. Y Tarancón estaba en ese momento ahí. Yo creo que él pensó que con el tiempo esto se iba a resolver.
Algo habremos avanzado.
Por supuesto. De alguna manera, la Ley de la Memoria Histórica y la Educación para la Ciudadanía están en marcha, guste o no guste. Y otras cosas que tienen que ver con la vida civil, cuestiones sobre el aborto, aún no resueltas del todo...
En la derecha ahora hay personalidades bien definidas.
Ahí tiene a tres muy significados: Aznar, Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy. ¿Qué imagen tiene ahora de Aznar? Me parece un político mediocre. Es difícil hallar aquí una persona homologable a políticos de derechas notables de otras latitudes. Aznar me parece mediocre. No me atrevo a decir lo mismo de Rajoy, que me parece un hombre inteligente. Y Esperanza Aguirre me parece un personaje pintoresco; desde el punto de vista político no tiene la menor entidad. Me parece todo artificioso en ella. Pero déjame que me defienda de las cuestiones que abordas. Suelo citar unas palabras de Joyce en el Retrato del artista adolescente. Dedalus le dice en un momento determinado a un amigo suyo: "Me estás hablando de religión, de patria, de nación; bueno, éstas son las redes de las cuales estoy intentando escapar". ¿Entendido?
Entendido. Sin embargo, de nación no hemos hablado. ¡Cómo que no! No en el sentido nacionalista, ya veo que no. Pero ahí sí que no tengo ningún empacho en decir que yo no soy nacionalista. Ni de Cataluña, ni de España, ni de China, ni de Andorra. No tengo ningún problema identitario. ¿Qué problema identitario voy a tener si además soy adoptivo? Tuve que rastrear mi identidad desde que cumplí los 10 años; supe entonces que había otra familia, que mis apellidos eran otros. Durante unos años estuve como que no sabía de dónde había venido. No sé hasta qué punto eso pudo haber influido punto eso pudo haber influido en mi personalidad, no me gusta especular sobre estas cosas. Pero hoy día puedo afirmarte que no estoy dispuesto a dejarme desafiar por asuntos de identidad, ni de banderas, ni de patrias.
Se evita usted discusiones enfermizas.
Nunca he entendido ese énfasis: "Yo soy así y soy de aquí". Y se creen que por eso ya uno es mejor que otro. No sé de dónde proviene ese orgullo. Estoy orgulloso de pocas cosas. Estoy orgulloso de que pongo mucho esmero en el trabajo, por ejemplo. Pero en esas cosas de la identidad no pongo esmero alguno. Me da igual.
Hasta dónde llega la obsesión por la identidad, que incluso marcó el día de la concesión del Cervantes... Pero luego he sabido de manera fidedigna, de parte del propio ministro, César Antonio Molina, que él no dijo eso. Se dijo que había dicho que se me premiaba por defender la lengua española en Cataluña. Yo jamás he escrito una línea para defender la lengua española; creo que se defiende sola... Hay, sí, alguna problemática en Cataluña en relación con el español, algunos excesos, alguna cuestión que no acaba de ajustarse bien, y creo que se ajustará. Y te puedo asegurar que mi nieto Guille es un ejemplo. Él habla perfectamente catalán y español. Su padre es uruguayo, su madre es catalana. Y en mi casa pasó otro tanto... Se ha exagerado la problemática por intereses estrictamente políticos, y eso me revienta. Uso la lengua para comunicarme, no para defender ideas políticas. Y tal como dije entonces, cuando se anunció el Cervantes, cuando se utiliza la lengua como una bandera, me pongo la mano en la cartera porque sé que de algún lado me van a sacar los cuartos. Pero lo que dijo el ministro no es lo que dijeron que dijo. Lo que dijo fue lo que está en este papel: "... y también el haber contribuido desde Cataluña a la lengua común de 500 millones de personas".
Fue su premio una gran alegría para mucha gente. ¿Usted cómo lo recibió?
Pues a mí también me dio alegría. Lo que pasa es que pensaba que otra vez sería finalista. Así que fui tranquilamente al cardiólogo, a una revisión rutinaria. Bueno, tranquilamente no, porque él me halló un poco nervioso al tomarme la presión. Y le expliqué: "Es que ahora dan el Cervantes, y he sido candidato desde hace un par de años, y, quieras que no, eso te agita, aunque sepa que no voy a ganar". Entonces él me dijo: "Bueno, que conste que si lo ganas, quiero que digas que estás vivo gracias a mí".
El doctor Massip.
Sí, y así lo dije, estoy vivo gracias al doctor Massip. Cuando llegué a casa, ésta ya estaba invadida por periodistas y fotógrafos. Y yo contentísimo, ¿por qué negarlo? Contentísimo.
O sea, que ya tiene los dos grandes premios de la literatura en español, el Rulfo y el Cervantes.
El Rulfo me hizo mucha ilusión también, porque yo tuve la suerte de conocer a Juan Rulfo en 1973, cuando me dieron en México un premio por Si te dicen que caí, que no pudo publicarse en España entonces, y se publicó después de la muerte de Franco. Ese premio mexicano me llegó muy hondo, y es muy importante para mí también.
Ahora aparece en el libro de Jordi Gracia sobre Dionisio Ridruejo que éste se sintió retratado... Publicó un artículo sobre ello en la revista Destino. Hacía una reflexión sobre aspectos que se le habían escapado de la dictadura y de la Falange, que conocía a fondo. Cuando surgió la posibilidad de la edición española de Si te dicen que caí, a finales de 1973, al editor de Novaro en Barcelona se le ocurrió la idea de utilizar como prólogo ese texto de Ridruejo; pensaba que con ese prólogo la censura sería favorable a la publicación del libro. A mí me parecía que pasaría todo lo contrario, porque el régimen no estaba nada contento con Ridruejo, por supuesto. En el ínterin había habido una visita a Ridruejo en su casa de Alella. Fuimos Jaime Gil de Biedma, Ana María Moix y yo. Me pareció una persona estupenda, con una gran elegancia intelectual... Cuando se planteó la posibilidad de convertir su texto en un prólogo, le expuse la cuestión y él me dijo que quería ampliarlo. No hubo tiempo. Y se hizo una edición con su artículo, pero la censura se cargó el libro igualmente.
Era una tradición que la censura se ocupara de usted. Una estudiante americana que preparaba una tesis sobre la censura en España se metió en los archivos y encontró cosas muy curiosas. Al final del informe sobre Si te dicen que caí, el censor decía algo así como: "Si quitamos que salen maricones y gente de malvivir y prostitutas, si quitamos todo eso, todavía sería una porquería la novela". Para que quedara claro, ¿no?
Qué España más oscura. Sí. En 1966, con Últimas tardes..., el régimen se estaba tratando de lavar la cara, se acababa de promulgar la Ley de Prensa de Fraga. Con Si te dicen que caí, en 1973, las cosas estaban peor. Es fácil de comprender: eran los últimos coletazos del franquismo.
Han pasado más de cuarenta años de 'Últimas tardes con Teresa', 35 de 'Si te dicen que caí', y usted ha seguido publicando. No sé si 'Yo no me olvido' sería una divisa de todo lo que ha escrito. Sí, si hubiera que buscar un asunto que lo englobara todo, probablemente sería ése. Yo no me olvido. Bueno, es lo que te decía antes: el escritor, o es memoria o no es nada. En mi caso, yo prefiero que la memoria esté implícita,un historiador o un sociólogo. Cuando uno se dedica a la literatura de ficción se supone que es para crear un mundo. También un mundo que tenga algo que ver con éste, naturalmente.
Claro. Pero un mundo con sus propias leyes internas, de armonía, de estructura, de ecos y de resonancias. En el trasfondo hay algo personal. Hay, por ejemplo, una constante en mis novelas: lo del padre ausente; o está en el exilio, o está oculto, o está muerto. El padre ausente. Eso probablemente tiene que ver con mi biografía.
Si uno lee sus libros y los subraya, puede concluir una biografía suya. Alguien está muy interesado ahora en mi biografía, y la está haciendo, Josep Maria Cuenca. Se lleva un trabajo tremendo, porque se encuentra dos familias... Rastrear mi familia biológica es un trabajo inmenso porque no queda casi nadie y hay una serie de puntos muy oscuros. A mí lo que me gusta decir es que mi biografía, la que yo conozco de mis padres adoptivos, está ya en mis novelas. En algunas está enmascarada, a veces está más explícita, pero está ahí.
Y además hizo usted un descubrimiento: lo que a usted le había contado su madre no era enteramente cierto... Cuenca está investigando. Mi madre adoptiva había tenido un bebé muerto, y el médico le había dicho que no podía tener más hijos. Y mi madre había muerto. Mi padre me dio en adopción a esa señora. Ella salía con su marido de la clínica, pararon un taxi, y ahí iba mi padre, que la oyó llorar. Supo la historia, y les dijo: "A mí me ha pasado lo contrario. Perdí a mi esposa y tengo un niño de días. Y no sé qué hacer, porque además tengo otra niña de cinco años". Esa historia, según mi hermanastra Regina, no es cierta, mi madre se la inventó. Siempre he estado a favor de esa historia, me gusta porque parece sacada de una novela de Dickens. Pero Cuenca no ha encontrado en ninguna clínica ni en el Registro Civil constancia de ese niño muerto... Podían ser fantasías de mi madre, y mi madre adoptiva, Berta, tenía una fantasía extraordinaria...
%0tasía extraordinaria...
Cualquier descubrimiento que uno haga a partir de una incertidumbre así tiene que producir una emoción enorme. A estas alturas me espero cualquier cosa. Cuenca me ha preguntado sobre cuándo lo supe y en qué circunstancias. Yo tendría nueve años. Íbamos por la calle y una vecina le dijo a mi abuela paterna: "¡Qué niño más guapo! Se ve que no es un Marsé, porque no se parece en nada ni a su padre ni a su madre". Le pregunté a la abuela y ella empezó a contarme...; decía que había otros padres míos, pero que eso me lo comentaría mi madre, "porque ella prometió decírtelo cuando tuvieras 10 años". Eso precipitó la confesión de mi madre. Pero entonces yo me acoracé, no quería tener más padres, ya estaba bien con los que tenía. Y después tomé una actitud de indiferencia, de que aquello me resbalaba. Y mi padre adoptivo nunca me comentó nada. Cuando fui ya mayorcito, Regina empezó a contarme cosas de mi padre biológico... Pero yo estaba tan bien con aquellos padres, que decidí que aquéllos eran mis padres y punto.
Lo cierto es que su literatura y su autobiografía se juntan en su obra. Lo difícil es decir en qué porcentaje. A mí me gusta decir que hay mucha inventiva, que yo escribo novelas porque me gusta imaginar otras vidas... Cuando uno está leyendo una buena novela no está pensando en rastrear aquellos hechos que pueden tener que ver con el que la ha escrito. Eso es irrelevante en la lectura. Después, el interés por el autor te puede llevar a establecer relación entre él y la obra. Lo importante es que una novela te hipnotice. ¿Qué más da si ésa es una historia inventada o no?
Pero hay un taller, y ahí está usted, con sus recortes y con su vida, con sus materiales. Si usted tuviera que hablar como su propio espejo, ¿cuál sería su lectura de lo que ha escrito? Yo no veo más que defectos, casi. Yo sé perfectamente, y el lector no lo puede saber, el nivel que me propuse al empezar a escribir y el nivel que alcancé al terminar. El resultado final suele ser no un pálido reflejo, como dice el tópico, pero sí una sombrecilla de lo que yo quería conseguir.
'Aquel muchacho, esta sombra'. ¿Cómo sigue? Me queda trabajo todavía. Soy de esos escritores que se explican mal, y para explicar este libro es mejor que aparezca.
¿Aquel muchacho es Marsé? En parte sí. Hay experiencias personales bastante evidentes. Transformadas, metamorfoseadas, enmascaradas en la ficción.
Y el de verdad, ¿cómo era aquel muchacho? Según Regina, yo era un buen chico. "Un buen chico. Lo que pasa es que tú no te acuerdas, pero tú eras un buen chico, tan buen chico que casi daba asco. Molt bon nano". Obediente.
¿Cómo se siente ahora? Como ciudadano me siento fastidiado por muchas cosas que tienen que ver con la marcha de mi país. En el terreno familiar me siento muy estable, muy contento. Y en relación con mi edad, pues resignado, ¿cómo me iba a sentir?
El tiempo se lo lleva todo. Y su generación era de amigos, de muchos amigos. Este año se le murieron Ángel González y Rafael Azcona. ¿Qué ha sido la amistad para usted? Muchí­simo. A Azcona me lo presentó Ricardo Muñoz Suay, otra persona a la que yo quería mucho. Rafael me regaló un ejemplar de Los ilusos. Lo conservo en casa como un tesoro. Tenía un talento extraordinario. Conservo sus felicitaciones de Navidad y del aniversario de la República, una especie de collage que hacía con fotos y recortes muy divertido. Yo le enviaba unos dibujos que hago de cardenales y de obispos en su nube gloriosa... Bueno, eran bromas. En cuanto a Ángel, era entrañable, más de cuarenta años de amistad. Siempre que venía a Barcelona, antes de irse a América, nos juntábamos con él, Barral, Gil de Biedma, Juanito García Hortelano, con quien hice muchos trabajos de cine... Ángel traía su guitarra y cantaba boleros. En Barcelona se quedaba en casa de su amigo Manuel Lombardero, y nos veíamos. Su poesía ha sido para mí un ejemplo de civismo y de memoria, tan personal, tan suya. Me daba una imagen de una Asturias heroica, su madre, su familia. Ángel era extraordinario. Bueno, han sido los dos últimos amigos perdidos.
Cuando le dieron el Planeta [en 1978, por 'La muchacha de las bragas de oro'] fue de t7 Tarradellas se lo reprochó. Y ahora afronta esta solemnidad. Yo acababa de llegar del pueblo, iba con un pantalón de pana y una especie de cazadora amarilla, y no hubo tiempo para vestirme de otra manera cuando me avisaron para ir a la ceremonia. Al saludar a Tarradellas, éste me miró de arriba abajo, no me dijo nada, pero su mirada fue de reprobación. Tiempo después coincidimos en un concierto, al que fui con Joan de Sagarra. Y al saludarnos se echó a reír y me dijo: "Ja veig que avui va més arregladet...". Haré ahora lo que pueda para llevar ese chaqué con toda dignidad, y nada más.
Ya sé que me va a recordar lo que decía Dedalus. Pero no se puede conversar con Marsé sin preguntarle por Rouco. Es un señor que no da una. Está en coor que no da una. Está en contra de todo lo que significa progreso, contra los condones, en fin... Es la cabeza mandante de la cúpula eclesiástica de este país, y en consecuencia, de esos programas horrorosos de la COPE, y no le da la gana corregirse. Muy poca calidad veo en ese señor. Se ha convertido en un mamut que está ahí, impidiendo que se legislen en este país una serie de cuestiones importantes para el progreso. Y no hay por qué ponerse así. Me merece todo el respeto la relación con los confesores y con la Iglesia, pero que dejen en paz a los que tienen que legislar en este país... Coges el periódico y siempre está ahí, interrumpiendo. No me gustan nada ni él ni su adlátere, Martínez Camino.
Estamos al final de un año en el que todo parece simbólico: el último atentado de ETA, la elección de Obama, la crisis... Y prepárate, porque el año próximo va a ser más acusada todavía... A ver si al menos se resuelven algunas de las cosas que he dicho. A ver si Zapatero es capaz de poner a la Iglesia y a los obispos en su sitio, y a ver si el sistema judicial de este país se pone al día... En cuanto a la memoria histórica, a ver si dejan que la ley se desarrolle en paz, sin rencores ni revanchas. Y a ver si se mueve el sistema educativo, porque ahí hay un problema gordo también.
¿Y será Zapatero capaz? Tiene una crisis económica clara... Sobre la crisis quiero recordar una frase de Brecht que siempre me gustó y que ahora se pone en evidencia: "Desde el punto de vista moral, es lo mismo atracar un banco que fundarlo".
Parece de El Roto... ¿Y Obama? Usted dijo un día que el Pijoaparte sería hoy un inmigrante del Magreb. Y un inmigrante del Magreb un día podría ser presidente del Gobierno... Sí. Pero no olvides que de todos modos, y aunque Obama siempre puede ser mejor que Bush, el imperio es el imperio, y todavía es el imperio, y el emperador tiene que estar en función del imperio. Quiero decir que el presidente de los Estados Unidos es eso, el presidente del imperio, y el imperio es el imperio. No sé si me explico.

sábado, 20 de diciembre de 2008

My Blueberry Nights! Imperdível!

http://www.youtube.com/watch?v=4cCupTpjjfo


Once I wanted to be the greatest
No wind or waterfall could stall me
And then came the rush of the flood
Stars of night turned deep dust
Melt me down
Into big black armor
Leave no trace of grace
Just in your honor
Lower me down
To culprit south
Make'em wash a space in town
For the lead
And the dregs of my bed
I've been sleeping
Lower me down
Pin me in
Secure the grounds
For the later parade
Once I wanted to be the greatest
Two fists of solid rock
With brains that could explain
Any feeling
Lower me down
Pin me in
Secure the grounds
For the lead
And the dregs of my bed
I've been sleeping
For the later parade
Once I wanted to be the greatest
No wind or waterfall could stall me
And then came the rush of the flood
Stars of night turned deep to dust

Guerra, diáspora, racismo... arte



Cuatro jóvenes artistas africanas simbolizan con su obra los males del continente
ÁNGELES GARCÍA - Las Palmas - 20/12/2008


En una de las escenas más famosas de Adivina quién viene a cenar esta noche, de Stanley Kramer, Sidney Poitier suda la gota gorda mientras soporta las miradas recriminatorias de sus blanquísimos futuros suegros. Billie Zangewa (Malawi, 1963) ha recreado esta escena en un cuadro y lo ha titulado La inquisición. El protagonista es aquí igual de negro que Poitier.

Están convencidas de que a través de su obra lograrán lo que se propongan
Con mucho sentido del humor y con un dominio primoroso de las sedas, Zangewa plasma la situación de discriminación que sufren en el mundo las mujeres de su raza. Es una de las cuatro jóvenes artistas africanas que exponen en la sede de Casa África en Las Palmas hasta el 27 de febrero. Las otras tres son Aïcha Aïdaira (Senegal, 1969), Bill Kouélany (República del Congo, 1965) y Otobong Nkanga (Nigeria, 1974). La muestra está arropada por una serie de encuentros con escritoras africanas, conciertos y cine.
Las cuatro están convencidas de que a través del arte conseguirán lo que se propongan. Es su llave para entrar en otros mundos y difundir la esencia y la esperanza de África. Están seguras de que ser negras y mujeres no determina una forma de crear, pero sí reconocen una forma común de aunar tradición y modernidad. La guerra, la diáspora, el miedo y la ecología son algunos de los temas a los que se enfrentan estas artistas.
Danielle Tilkin, historiadora experta en África, es la comisaria de la exposición titulada Re/presentaciones: Ellas, explica que ha escogido a estas artistas porque ha ido conociendo su obra a través de expertos que habían tenido la ocasión de ver sus trabajos en algún acontecimiento internacional.
Tilkin, gran conocedora de la obra de Louise Bourgeois, entre otras grandes artistas del siglo XX, cuenta que desde hace más de veinte años quiere hacer una gran exposición centrada en la forma de crear de las mujeres. "Sigo intentando que algún gran museo se interese y, mientras, ayudo a descubrir talentos como el de estas jóvenes creadoras".
Cuando se le pregunta sobre lo que este cuarteto tiene en común, la comisaria señala la forma de combinar tradición y modernidad. Por ejemplo, las telas, los tejidos tan importantes en la cultura africana están aquí muy presentes. La senegalesa Aïcha Aïdaira utiliza retales de paños para contar historias íntimas. "En Senegal", explica, "el paño es algo tan sagrado que sólo lo tejen los hombres. Nosotras podemos manipularlo, pero sólo ellos son los encargados de tejerlos". Sus retales reproducen un telar, esa es su forma de transgredir la realidad.
Otra curiosa constante en las piezas expuestas es la presencia de las agujas. La obra de la nigeriana Otobong NKanga se centra en las agresiones que sufre el planeta. Protesta contra la explotación abusiva de los recursos naturales con piezas en las que atraviesa los troncos de los árboles con una lluvia de agujas de coser.
La congoleña Bill Kouélany entra de frente en el tema de la violencia y exhibe una serie de obras con siluetas masculinas cuyas piernas y brazos adoptan formas de armas letales. Son hombres que caminan a lo lejos con aire desafiante. La misma amenaza que sufre su continente y, de manera especialmente dura, las mujeres africanas.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La gatomaquia del siglo XXI

La gatomaquia del siglo XXI
LLUÍS BASSETS


Hace 30 años China imitó a Occidente. Con un éxito fuera de toda medida. Ahora es Occidente quien imita a China. De nuevo más Estado, economías intervenidas, obra pública a todo pasto y jornadas continuas para las impresoras de papel moneda. La única ideología es la práctica, como quería el pequeño timonel, aquel inteligente y astuto Deng Xiaoping que sedujo a Felipe González con una frase que se hizo célebre: "Qué más da que el gato sea negro o blanco, lo importante es que cace ratones". Y a estas ideas salidas del crisol maoísta se atienen ahora los rectores de las economías mundiales.

El éxito chino ha sido hasta ahora la cara oculta de la economía estadounidense
Tres décadas han pasado desde el momento crucial en que se produjo el pistoletazo de salida para la ascensión china. Fue en el Tercer Pleno del undécimo Comité Central del Partido Comunista. Más burocrático e intrincado, imposible. Deng impuso allí las reformas que condujeron a la desaparición del colectivismo agrario. Y poco después, a la apertura de las cuatro zonas especiales donde se experimentó el capitalismo a escala y al pleno restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos. El éxito fue descomunal y en 1984 ya eran 14 las zonas económicas especiales. Quedaba así abierto el camino que conduciría a la integración de Hong Kong, bajo el lema de "un país, dos sistemas". Diez años antes de la caída del Muro de Berlín el capitalismo crecía a toda velocidad en China, aunque pronto -aquel mismo 1989 crucial- pudo comprobarse, con los sangrientos hechos de la plaza de Tiananmen, que libertad económica y libertad política no irían a la par e incluso que en la síntesis de socialismo y capitalismo iba a amalgamarse lo peor de ambos sistemas.
Este largo ciclo de 30 años se corresponde poco más o menos con la era de Reagan, la larga época conservadora en la que el mercado se consagró como el dios central de nuestras sociedades y se quiso limitar el papel del Estado al de guardián de la seguridad y el orden público y último resorte del sistema económico. Estas tres décadas han llevado a Estados Unidos a la culminación de su marcha ascendente como superpotencia durante todo el siglo XX. Venció a la Unión Soviética, hasta su liquidación, en la competición ideológica, económica y militar de la guerra fría. Consiguió convertirse en superpotencia única e imprescindible, capaz de arbitrar en todos los conflictos y modelar un nuevo orden mundial. Para terminar desbordando, cegada por los dioses como quiere el proverbio, los límites de la razón y de sus razones a la hora de imponer su voluntad en el mundo, consiguiendo así como resultado que todas las energías desplegadas se revolvieran en su contra. Hasta ahora mismo, en que los responsables de esta cabalgada de soberbia se han visto obligados a replegarse en el mismo pragmatismo de aquellos chinos astutos de 1979: "Gato negro, gato blanco...".
China ha sido desde entonces un alumno aventajado. Con la crisis financiera también. Está haciendo sus deberes, tanto o más que los estadounidenses y los europeos para estimular el consumo interno con un vasto plan de obra pública y una reducción de impuestos a las empresas. El éxito chino ha sido hasta ahora la cara oculta de la economía estadounidense. El ahorro, esos tres billones de dólares de deuda en manos chinas, es el que ha venido financiando el déficit de Washington. La mano de obra barata, la que ha permitido el consumo y el crecimiento. Hasta tal punto se superponen las dos revoluciones, la de Reagan y la de Deng, que una sin otra no hubieran funcionado. La globalización es la reaganomics más el pensamiento-Deng Xiaoping.
El politólogo Niall Ferguson, que ha puesto en circulación el término Chimérica para expresar la intensidad de esta simbiosis, considera que se trata de la relación indispensable para el siglo XXI. Con un 13% del territorio mundial, una cuarta parte de la población, una tercera parte del PIB planetario y la mitad del crecimiento de todo el mundo, esta doble y colosal nación transpacífica es el ingenio central que mueve la economía global, asentada sobre dos patas, el ahorro de la mitad asiática y el consumo de la mitad estadounidense. ¿Seguirá funcionando la simbiosis en el momento en que la era de Reagan toca a su fin?
La segunda mitad del siglo XX, hasta entrados los años noventa, giró alrededor de la relación transatlántica entre Estados Unidos y Europa, forjada en la guerra fría. Quizás seguirá sirviendo como referencia para los valores democráticos, tan vapuleados por unos y otros. Pero no para la estabilidad y para la prosperidad económica. Pero, a la vez, son muchas las dudas sobre la capacidad china para aguantar el tirón de la crisis en plena acumulación de tensiones sociales, peligros medioambientales, desequilibrios regionales, corrupción de funcionarios y empresarios, delincuencia y fraudes masivos, ausencia de Estado de bienestar, o disidencias dentro de la cúpula dirigente. La economía china está en plena desaceleración. Queda ya claro que está seriamente afectada y ahora sólo resta por ver hasta dónde llegan los daños, algo que sólo determinarán la profundidad y la duración de la crisis. Por debajo del 8% de crecimiento China destruye puestos de trabajo, devuelve a la gente al campo y parpadean en rojo todas las alarmas sociales y políticas.
"Enriquecerse es glorioso" fue otra de las consignas del pequeño timonel, el comunista que emprendió la vía capitalista. El misterio de esta historia es saber qué hacen los gatos cuando no hay ratones.
Fonte El Pais

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Savater, Popeye y las espinacas


Tengo necesidad de la imaginación como Popeye de las espinacas"
JUAN CRUZ - Madrid -


Sin la realidad puede pasar, pero sin la imaginación no sería nada. El filósofo y novelista, ahora jubilado, publica 'Misterio, emoción y riesgo', con el que se recupera como lector
Fernando Savater es un hombre feliz y encima de su cabeza, en la biblioteca de su casa, en Madrid, tiene todos los libros que le han procurado esa felicidad. Los vas repasando y resulta que son el índice de su último libro, Misterio, emoción y riesgo, que acaba de publicar Ariel.

El libro evoca películas y libros que le hicieron feliz la juventud
"Leer y ver cine me da el coraje para seguir riendo y viviendo"
Como él, esta es una estantería feliz. La recorres, y recorres su infancia, su juventud, su madurez; tiene fotos de años y años de coleccionista de felicidad, cinematográfica y literaria; Lezama combina con Borges, Dickens está al lado de Groucho Marx, Snoopy compite con Julio César o con Aristóteles y Octavio Paz se da la mano con Gary Cooper o con King Kong. Y en una repisa tiene un recuerdo muy reciente: un disco dedicado (a Sara, la mujer de Fernando) por Fher, el líder del grupo mexicano Maná, con quien Savater dialogó en la reciente Feria de Guadalajara.
Este libro, Misterio, emoción y riesgo, va más por el lado lúdico, como si en Savater se pudiera dar una dicotomía. Muchos textos fueron ya publicados, sobre películas y libros que le entusiasmaron en la juventud y luego ("¡Ay, cuando descubrí Parque jurásico!"), y otros son nuevos. El orden es de su editor, Mauricio Bach, y lo ilustró ("al modo de los carteles de las películas de los años 50") Fernando Vicente, "que acertó en el tono tanto que ahora este libro es un objeto precioso".
Poirot y Agatha Christie dialogan en las repisas con un Batman antiguo; el libro (su sustancia) está en todas partes. "Es un homenaje a la imaginación", la que le ha hecho compañía "desde que era un crío", y que apareció en su libro La infancia recuperada. Este Misterio, emoción y riesgo es algo así como "la adolescencia recuperada", o la madurez encontrada en un momento feliz. "Lo he disfrutado, como he disfrutado leyendo o viendo películas, descubriendo que la imaginación es mejor que la realidad. ¡La realidad ya me la sé!"
"Sin la realidad", dice Savater, "podría pasar. ¡Pero sin la imaginación no puedo estar ni un minuto!". Claro está, él no desdeña libros distintos a estos que le apasionan, y que van desde las novelas de Salgari a las historias de Dickens, pasando por las películas de los hermanos Marx. "Pero es que yo creo en una dieta diversificada". En el descansillo de la entrada de la casa está el menú próximo; está leyendo una novela de John Williams, Julio César, pero tiene en la lista "ensayos, novelas históricas, policiacas...", porque no puede leer sin variar, "pero nunca dejo un libro a la mitad; cuando no me interesa lo leo velozmente, y leo lentamente, ¡para saborearlo aún más!, cuando me gusta".
De la lectura (y del cine) le viene la energía, "y por tanto el entusiasmo, la alegría". Un día le contó a un periodista italiano "mis tribulaciones españolas, mis momentos de amargura", y el italiano le replicó: "¡Pero usted se salvará siempre gracias a las carreras de caballos!". Aquí, en este Misterio, emoción y riesgo, no hay tanta carrera de caballos, "que están, sin duda, en la novela con la que acabo de ganar el Planeta", pero está el nacimiento de la energía. "La experiencia de leer y de ver cine es la que me da el coraje para seguir riendo, y viviendo. Se decía que Hércules estaba en el aire pero tenía que tocar la tierra para sentirse fuerte; mi tierra es esto, los sueños de la infancia... Esto es lo que me da fuerza. ¡Necesito estos libros como necesita Popeye las espinacas!".
El libro contiene un canon de lo que le entusiasmó "en esos años en que todo se me quedaba en la memoria. ¡Me acordaba de trozos enteros de Salgari...! Como todos los cánones, este nace de la libérrima voluntad de la memoria de uno; a mí me pidieron una serie de novelas policiacas canónicas para un suplemento cultural, y yo hice la lista. Luego me acordé de otras, y están aquí. Como están las películas que prefiero, y que son casi todas de los años en que descubrí el cine y la literatura".
No es, ni mucho menos, una selección para irse a una isla desierta; "decía Bernard Shaw que a una isla desierta habría que llevarse un libro que te enseñe a hacer una barca... ¡Yo vivo encerrado en estos libros y con estos libros! Si un día me arrancaran de mi casa me lo tendría que llevar todo, objetos incluidos, como los que se llevó a su casa Forrest J. Ackerman, que tenía allí hasta la capa que usó Bela Lugosi en Drácula".
"Casa rarita", le dijo Fernando a Sara cuando la fueron a ver. De esta casa madrileña de Savater no se puede decir que sea una casa rarita; es la casa de un ser que hizo de la lectura (y del cine) una profesión de fe: "Es mi vida; no me puedo imaginar ni la vida ni la energía sin mis libros...". Ahora hay libros en los que no se mete, "aquellos, por ejemplo los de 600 páginas, que yo sé que no son para mí". No es que puedan esperar, es que no los aborda. Releer es, desde su jubilación en septiembre, su nueva pasión. "¡Toda mi vida esperando a releer!", para volver a ponerse las pilas de lector, como si estuviera reinventándose en la madurez una nueva juventud "en los libros que leí antes de tiempo, a los catorce años". Por ejemplo, Madame Bovary. "¡Seguro que ahora tiene más cosas que decirme!".

Cat Power. Where is my love?

http://www.youtube.com/watch?v=heTAuAC9POM

Luiz Felipe Pondé

Darwin e a modernidade
Pondé fala sobre Darwin, na Y&RO ciclo de palestra da Casa do Saber na agência Y&R encerra a temporada de 2008, hoje, às 19 horas, com Luiz Felipe Pondé, filósofo e professor-doutor em Filosofia Moderna pela Universidade de Tel Aviv, antecipando as comemorações dos 200 anos do nascimento de Charles Darwin. Na palestra Darwinismo, Filosofia e Psicologia, Pondé abordará os desdobramentos da teoria da evolução dos seres vivos, que ainda hoje é fonte contínua de medo, desconhecimento e dúvida, provocando inúmeras discussões filosóficas. Além desses aspectos, ele fará também uma análise do darwinismo a partir de clássicos da área e discutirá questões essenciais para a filosofia e psicologia.
Fonte Portal Onne

Navidad en España

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/12/17/espana/1229470039.html

Ruy Othake em Portugal

LINHAS TORTASDepois de dar palestra sobre São Paulo no Design Museum de Londres, o arquiteto Ruy Ohtake chega hoje a Carregal do Sal, em Portugal. Ele vai projetar uma vinícola na cidade.
Fonte Folha de Sao Paulo

domingo, 14 de diciembre de 2008

EVA

http://www.youtube.com/watch?v=IooFudlweuc

Domingo com Peter Frampton: I love you way

http://www.youtube.com/watch?v=VR4hv3Je_rQ

Baby I love your way

Shadows grow so long before my eyes
And they're moving across the page
Suddenly the day turns into night
Far away from the city
Don't hesitate
'Cause your love won't wait
{Chorus}
Ooh baby I love your way
Wanna tell you I love your way
Wanna be with you night and day
Moon appears to shine and light the sky
With the help of some firefly
Wonder how they have the power to shine, shine, shine
I can see them under the pine
Don't hesitate
Cause your love won't wait
{chorus}
Well don't hesitate
Cause your love won't wait
I can see the sunset in your eyes
Brown and gray, blue besides
Clouds are stalking islands in the sun
I wish I could buy one
Out of season
Don't hesitate
Cause your love won't wait
{chorus}

Domingo? Don`t stop me now

http://www.youtube.com/watch?v=58CJih1iYC0


Tonight I'm gonna have myself a real good time
I feel alive and the world turning inside out Yeah!
And floating around in ecstasy
So don't stop me now don't stop me
'Cause I'm having a good time having a good time
I'm a shooting star leaping through the sky
Like a tiger defying the laws of gravity
I'm a racing car passing by like Lady Godiva
I'm gonna go go go
There's no stopping me
I'm burning through the sky Yeah!
Two hundred degrees
That's why they call me Mister Fahrenheit
I'm trav'ling at the speed of light
I wanna make a supersonic man out of you
Don't stop me now I'm having such a good time
I'm having a ball don't stop me now
If you wanna have a good time just give me a call
Don't stop me now ('cause I'm havin' a good time)
Don't stop me now (yes I'm havin' a good time)
I don't want to stop at all
I'm a rocket ship on my way to Mars
On a collision course
I am a satellite I'm out of control
I am a sex machine ready to reload
Like an atom bomb about to
Oh oh oh oh oh explode
I'm burning through the sky Yeah!
Two hundred degrees
That's why they call me Mister Fahrenheit
I'm trav'ling at the speed of light
I wanna make a supersonic woman of you
Don't stop me don't stop me
Don't stop me hey hey hey!
Don't stop me don't stop me ooh ooh ooh (I like it)
Don't stop me don't stop me
Have a good time good time
Don't stop me don't stop me Ah
I'm burning through the sky Yeah!
Two hundred degrees
That's why they call me Mister Fahrenheit
I'm trav'ling at the speed of light
I wanna make a supersonic man out of you
Don't stop me now I'm having such a good time
I'm having a ball don't stop me now
If you wanna have a good time just give me a call
Don't stop me now ('cause I'm havin' a good time)
Don't stop me now (yes I'm havin' a good time)
I don't want to stop at all

sábado, 13 de diciembre de 2008

Direitos Humanos


Foto Michel Filho

Jugadores de cartas


Jugadores de cartas
ANTONIO MUÑOZ MOLINA 13/12/2008



El encuadre lo es todo: en la pintura, en el cine, en la fotografía, un límite casi siempre rectangular contiene lo que vemos y al mismo tiempo sugiere lo que queda fuera, que equivale a lo que las palabras de un relato no dicen y al tiempo que hay justo antes del principio e inmediatamente después de la música. Después de la música queda su resonancia fantasma flotando en el aire, un silencio que ya no es el mismo que había antes de que empezara. Escribir sobre algo es no escribir sobre otro asunto que se deja de lado; contar una historia es no contar otra que habría sido igual de posible, y por eso la maestría algunas veces consiste -en Henry James con mucha frecuencia- en contar algo y al mismo tiempo estar contando o sugiriendo lo contrario. Corregir lo escrito es muchas veces borrar y tachar: es el peso de lo no dicho y sin embargo presente lo que al gravitar sobre las palabras les da esa densidad misteriosa cuyo resultado es la poesía. En el Quijote, Cervantes atribuye a su cronista embustero y apócrifo Cide Hamete Benengeli una aspiración que siempre me ha parecido enigmática: ... y pide que se le alabe no por lo que dijo, sino por lo que dejó de decir. Un arte por naturaleza tan económico como la historieta logra sus mejores efectos de concisión gracias al encuadre y a la elipsis: en las dos o tres viñetas de una tira diaria de Charlie Brown o de Calvin y Hobbes se asiste a la maestría de quien lo dice todo dibujando lo mínimo, usando las mínimas palabras. En muchos cuadros y fotos memorables, la persona retratada mira algo que nosotros no vemos porque está más allá del encuadre, y esa imposibilidad de saber refuerza en nosotros la intuición de una conciencia y una voluntad soberanas que son más perceptibles porque no podemos acceder a ellas.
No es una cuestión estética: necesitamos relatos con principio y fin, y marcos que confinen una dosis limitada de la experiencia para entender el mundo. El espectáculo es demasiado amplio y fluye a una velocidad excesiva: como el científico, el observador que hay siempre en cada uno de nosotros elige un fragmento significativo para analizarlo en el microscopio de la atención, recoge en un tubo de ensayo una gota de esa corriente que de otro modo lo aturdiría. La neurociencia desbarató hace ya mucho la ilusión de que los sentidos recogen y trasladan a la mente las cosas tal como existen fuera de nosotros: los ojos como una cámara de recibir imágenes, los oídos una grabadora, etcétera. Lo que vemos, lo que escuchamos, lo que percibimos, es un relato selectivo, muy organizado, no reflejo pasivo, sino sofisticada construcción, ajustada a lo largo de millones de años por la evolución para responder a las necesidades de nuestra supervivencia. No hay, en rigor, colores, sonidos, volúmenes: hay ondas, de longitud y frecuencia diversas; partículas o pulsaciones moviéndose en un espacio casi por completo vacío, en el que además una gran parte de lo muy poco que nuestros instrumentos de observación más refinados llegan a captar es tan desconocido que se le ha dado el nombre de materia oscura (la ciencia es uno de los últimos refugios del lenguaje poético).
El relato, la viñeta, el fotograma, el cuadro, el experimento, enfocan la atención sobre sí mismos, sobre la limpidez y la intensidad de su forma, pero también nos avisan de que hay algo detrás, o por debajo, o más allá del marco; que en realidad ellos no son el mensaje, sino los mensajeros; no la solución del enigma, sino una pista que nos permitirá adentrarnos un poco más en él; no el territorio, sino tan sólo el mapa; una moneda, pero no el tesoro; el capitel de una columna o el trozo de mosaico que delatan la existencia de toda una ciudad sepultada; el residuo de ADN en el que está cifrado el espanto de un crimen.
Hemos visto estos días las fotos tristemente habituales del crimen, y como las hemos visto ya tantas veces, su obscena repetición, su monotonía sanguinaria, nos dejan en un estado de embotamiento moral: el empresario asesinado por los pistoleros de costumbre, el escándalo de la sangre manchando la acera, rebosando la manta o la sábana con la que se ha cubierto a toda prisa el cadáver, no se sabe si por piedad o por quitarlo de la vista cuanto antes, para que no importune, para que pueda ser olvidado más rápidamente, disuelto en una estadística, de modo que sea más fácil ennoblecer a los asesinos o incluso, si se presenta la oportunidad política, aceptarlos como interlocutores, concederles un respeto que se escatimará a sus víctimas.
Todo esto lo hemos visto ya, y no es improbable que tengamos que pasar la vergüenza de volver a verlo, y de que si manifestamos no ya nuestro asco, sino nuestra disconformidad, merezcamos de nuevo el insulto de los que hayan vuelto a descubrir el fondo bondadoso de los asesinos, su generosidad conciliadora. Lo que no habíamos visto era esa foto que publicó el diario El Mundo, y que no da más miedo y ha despertado más escándalo no por lo que hay en ella, sino por lo que no se ve, lo que está fuera del encuadre, a unos pasos de esos jugadores de cartas que se disponen a continuar, en su bar de siempre, la rutina gustosa y trivial de todas las tardes. En una de las fotografías más hermosas del siglo pasado se ve a una mujer negra, con abrigo y sombrero, sentada apaciblemente en un autobús, mirando por la ventanilla: es Rosa Parks, que el día 1 de diciembre de 1955 no quiso levantarse de uno de los asientos del autobús reservados a los blancos. Esa escena de una serenidad contemplativa oculta el heroísmo de una mujer que ha decidido no dejarse humillar nunca más y el mundo de segregación, crueldad e injusticia que hay más allá del encuadre.
En la foto de Azpeitia tampoco hay nada alarmante, ni siquiera llamativo, entre otras cosas porque los tipos humanos que aparecen en ella irradian bastante menos nobleza que la señora sentada en el autobús, en un delicado contraluz que acentúa su distancia en el tiempo. Ésta es una foto con una rudeza de bar español, de voces roncas y humo acre de tabaco, de televisor con el volumen demasiado alto y musiquilla de máquinas tragaperras. Lo que estos hombres discutan importará mucho menos que lo que estén callando. Lo que delimita el encuadre sería un episodio neutro de la áspera cordialidad de la vida española si no fuera por lo que sabemos que está un poco más allá. Hasta ayer mismo, el hombre derribado en el suelo en medio de un charco de sangre casi en la puerta del bar era uno de los que se sentaban a jugar esta misma partida. Acaban de matarlo, pero sus amigos del alma ya le han encontrado un sustituto. Las peores infamias no las cuentan las palabras ni las muestran las fotografías. Suceden en la normalidad y en el silencio.


Fonte El Pais

Lua que no céu flutuar, lua que no céu luar.....


Há 15 anos que a Lua Cheia não estava tão perto da Terra. São 30 mil quilómetros a menos do que o normal. A lua tem uma órbita elíptica à volta da Terra, por isso não está sempre à mesma distância do planeta. Hoje está só a 363.000 quilómetros, por isso apresenta-se aos nossos olhos 14 por cento maior e 30 por cento mais brilhante

jueves, 11 de diciembre de 2008

Falta liderazgo frente a la crisis mundial

Falta liderazgo frente a la crisis mundial
JULIO MARÍA SANGUINETTI 11/12/2008



Cuando Estados Unidos seguía ejerciendo de superpotencia, el dólar se caía y los Gobiernos latinoamericanos se desvivían ante la revaluación de sus monedas. Pasaba en Brasil, en Argentina, en todas partes. Los exportadores de materias primas y alimentos no se quejaban demasiado porque sus precios volaban por las alturas, pero los fabricantes de manufacturas industriales insistían en que no podían competir. Hasta que un día se vino la crisis de Wall Street, se derrumbó la catedral del mundo capitalista y el dólar comenzó a subir en el mundo entero. Subía frente al euro y, naturalmente, frente a todas nuestras monedas. La sola excepción era el yen.
No se ve quién está a cargo. Se escucha un coro, no siempre bien concertado
Desde entonces el problema se ha invertido: los Gobiernos tratan de impedir una subida brusca del dólar. Es verdad que todos habían revaluado sus monedas en función de los fabulosos precios de sus exportaciones; en el caso contrario, la inflación se les habría ido a las nubes. Pero ahora, con la caída de los precios, o ayudan a los exportadores con una devaluación mayor, o ellos entran en crisis y paralizan la producción. Brasil -la economía mayor de la región- ha devaluado un 45%; México y Chile, aproximadamente un 28%. En Argentina, incluso, se ha llegado a que el Gobierno reclame de los bancos -coactivamente- información sobre quiénes compran dólares y, así, organizar su apriete para que no lo hagan.
Ahora bien, el dólar no sólo se revalúa en nuestra América Latina. También ocurre sobre el euro (más de un 15%) y la aparente paradoja no lo es. La economía no es sólo racionalidad de costos y beneficios, inversiones y rentabilidad. Incluye poderosos factores psicológicos, en los que el factor seguridad es fundamental. Ya Adam Smith hacía referencia a este aspecto en su Teoría de los Sentimientos Morales, pero más modernamente hay economistas que han desarrollado la teoría de las expectativas, explicando las tendencias del mercado más por lo que se espera que por aquello que se ve. Es lo que ocurre en el caso: se habrá caído Wall Street, pero si Estados Unidos no sale del atolladero, menos saldrá el resto.
Es lo que siente el inversor común e incluso el sofisticado operador cambiario, hoy notoriamente devaluado por los desastres de los que es parte protagonista. Se advierte que el peso de la economía norteamericana sigue siendo decisivo y se reconoce que esa mayor flexibilidad para adaptarse a los cambios le permitirá zafarse cuanto antes. Detrás de todo, naturalmente, está su competitividad, que nace de la modernidad de la gestión, de la rápida incorporación de tecnología y de la producción innovadora, sustentada en su predominio en patentes de invención.
Mientras tanto, nuestro escenario exhibe todavía incongruencias formidables. Cuando el secretario de Comercio argentino inspecciona mesas de cambios, en actitud policíaca, naturalmente cunde el pánico. Podrá circunstancialmente apaciguar la tendencia alcista, pero no se puede tapar el cielo con un harnero y ella recrudecerá. Cuando Ecuador anuncia el default de sus intereses de deuda externa y hace pública su voluntad de reprogramaciones unilaterales de vencimientos, enciende luces rojas en muchos tableros. Ni hablemos de las señales venezolanas, que se suman para configurar un panorama que nos hace daño a todos.
Es verdad que quienes tienen poder de decisión en estos temas, sea en la organización internacional o en la banca privada, cada vez discriminan más. Saben bien que Brasil, por ejemplo, lleva un manejo muy serio de sus finanzas desde los tiempos de Fernando Henrique Cardozo, continuados por un Lula mimado por la derecha en razón de su moderación y adorado por la izquierda por su origen social. Pese a todo, sin embargo, resulta difícil para la región latinoamericana generar una confianza hacia la inversión cuando aún está en suspenso en el mundo desarrollado.
Para enfrentar una situación de esta naturaleza, se advierte estos días la falta de liderazgo. Cuando hay crisis se mira hacia el Estado y los vilipendiados políticos que lo conducen. Su protagonismo, como dice Felipe González, ha retornado "de la mano del mercado". Y aquí nos encontramos con un Estados Unidos en tránsito, Bush saliendo y Obama entrando, dependiente éste de asesores que llenen su vacío de experiencia. Europa, a su vez, más bien lenta por su estructura, ha venido acompañando razonablemente pero sin marcar un rumbo. Se advirtió en la publicitada reunión del G-20, que no ofreció un rumbo claro y cierto. Dijo lo que todos ya sabíamos: que no se podía incurrir en el error de 1929 y había que mantener la economía real en funcionamiento, que debía realizarse un esfuerzo para reflotar Doha y, por supuesto, reordenar las instituciones financieras internacionales. El "qué" reunía evidente consenso antes de la reunión. Es en el "cómo" donde reina la incertidumbre y allí poco avance se advirtió.
Como dice un personaje de Carlos Fuentes en La Silla del Águila: "Los pueblos juzgan más por lo que ven que por lo que comprenden". Y ése es el tema. No se ve quién está a cargo. Se escucha un coro, no siempre bien concertado. Cuando se ajuste esa partitura, recién comenzaremos a emprender el real camino de la salida. Por ahora, seguimos con medidas parciales, unas más efectivas que otras, pero sin claridad sobre el conjunto.
Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, es abogado y periodista.

Fonte El Pais