jueves, 28 de julio de 2011
martes, 26 de julio de 2011
TRADICAO
Convém, nesse ponto, porém, lembrar a lucidez de Wittgenstein: ―tradição
não é algo que um homem possa aprender; não é um fio que possa retomar quando lhe
apetece; tal como uma pessoa não pode escolher seus antepassados. Quem não possui
uma tradição e gosta de ter uma é como um apaixonado infeliz‖ (1996, p. 112).
não é algo que um homem possa aprender; não é um fio que possa retomar quando lhe
apetece; tal como uma pessoa não pode escolher seus antepassados. Quem não possui
uma tradição e gosta de ter uma é como um apaixonado infeliz‖ (1996, p. 112).
Heteronimos
Todavia, em um paradoxo bem ao seu gosto, precisa antes inventar a própria pátria, como o poeta que, afinal, só se inventa pela própria poesia. E, para inventar a pátria, precisa antes perder a si mesmo. Com humor britânico, Pessoa esboça sua circunstância: ―Com uma tal falta de literatura, como há hoje, que pode um homem de gênio fazer senão converter-se, ele só, em uma literatura?‖ (PESSOA, 2005, p. 83).
lunes, 25 de julio de 2011
NORUEGA
24 julio, 2011 - 23:38 - Juan Cruz
El grito
Esta tragedia que azota Noruega es culpa de un malvado que escribe estupideces sobre la historia de Europa y que no se conformó con dejar en el papel de Internet la mancha onerosa de su ideología; en un momento determinado el asesino múltiple convirtió ese vómito de palabras en un vómito de fuego y cercenó la vida de seres indefensos a los que engañó con los señuelos de la curiosidad y el uniforme falsificado. La imagen del cuadro de Edvard Munch, El grito, me ha venido repetidamente a la memoria, vívida, torrencialmente, al tiempo que he ido leyendo o viendo las imágenes múltiples de esta tragedia noruega; ese personaje despavorido que huye de la evidencia atroz de una tragedia en el célebre cuadro de Munch es como un espejo del alma de los solitarios ofendidos, de los seres humanos que huyen de la sinrazón de lo malo inevitable. El llanto, el grito, la huida sin rumbo desde un territorio que de pronto se ha convertido en un escenario maldito. Quizá no haya símbolo pictórico más grave de la representación de la tragedia: lo que ha ocurrido afecta a una colectividad, pero la expresión de esa ruina que afecta a la sociedad la protagoniza un solo grito, el de ese ser humano que huye del puente, busca auxilio, da noticia, expresa en su rostro toda la calamidad de la que viene. Este asesinato múltiple, obra de un loco que quería liberar a Europa de su rendición, es la expresión de la maldad cuando ésta se alía con la estupidez. Como si se hubiera paralizado Oslo bajo la mirada implacable de un ser que consideraba que su raza o su historia, esas dos imposturas, era (o es) mejor que la de aquellos que asistieron asustados al resultado atroz de esa combinación maldita, la estupidez, la maldad.
Fuente El Pais
El grito
Esta tragedia que azota Noruega es culpa de un malvado que escribe estupideces sobre la historia de Europa y que no se conformó con dejar en el papel de Internet la mancha onerosa de su ideología; en un momento determinado el asesino múltiple convirtió ese vómito de palabras en un vómito de fuego y cercenó la vida de seres indefensos a los que engañó con los señuelos de la curiosidad y el uniforme falsificado. La imagen del cuadro de Edvard Munch, El grito, me ha venido repetidamente a la memoria, vívida, torrencialmente, al tiempo que he ido leyendo o viendo las imágenes múltiples de esta tragedia noruega; ese personaje despavorido que huye de la evidencia atroz de una tragedia en el célebre cuadro de Munch es como un espejo del alma de los solitarios ofendidos, de los seres humanos que huyen de la sinrazón de lo malo inevitable. El llanto, el grito, la huida sin rumbo desde un territorio que de pronto se ha convertido en un escenario maldito. Quizá no haya símbolo pictórico más grave de la representación de la tragedia: lo que ha ocurrido afecta a una colectividad, pero la expresión de esa ruina que afecta a la sociedad la protagoniza un solo grito, el de ese ser humano que huye del puente, busca auxilio, da noticia, expresa en su rostro toda la calamidad de la que viene. Este asesinato múltiple, obra de un loco que quería liberar a Europa de su rendición, es la expresión de la maldad cuando ésta se alía con la estupidez. Como si se hubiera paralizado Oslo bajo la mirada implacable de un ser que consideraba que su raza o su historia, esas dos imposturas, era (o es) mejor que la de aquellos que asistieron asustados al resultado atroz de esa combinación maldita, la estupidez, la maldad.
Fuente El Pais
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