viernes, 18 de octubre de 2013
Don Juan , literatura e musica e outros apontamentos
Cuando yo lo leo de lo que me acuerdo es de esas composiciones para violín o violoncello solo de Bach
en las que se exploran metódicamente, maniáticamente, todas las
variaciones posibles de un tema sencillo o complicado, pero siempre
inagotable, y en las que el instrumento, al no estar acompañado,
adquiere una pureza expresiva máxima, como la de una voz que no para de
hablar, la voz de un monólogo hablado o la de una conciencia obsesiva. A
lo que más me recuerdan las tiradas que se prolongan páginas y páginas
sin apariencia de esfuerzo o necesidad de interrupción en los libros de
Bernhard es a las partitas y sonatas para violín solo de Bach, y es a él
a quien me imagino tocándolas, no delante del público sino a solas en
una habitación, sin más pausa que la que se necesita para tomar aliento,
la que viene indicada como punto y seguido en la página como en un
pentagrama. Cada volumen de la autobiografía sucede de la primera página
a la última con la misma unidad y la misma precisión de comienzo y
final que hay en la interpretación de una larga pieza de música, o uno
de esos monólogos errabundos y meditativos en las óperas tardías de Wagner.
Una vez comenzada la música, saltado el intervalo del silencio al
sonido, no cabe más actitud que la atención entregada. Cada frase se
encabalga sobre la anterior en un progreso temporal que no admite
vueltas atrás. Si hay breves pausas de silencio servirán para el
recogimiento, para la espera de lo que va a venir, no para la respuesta
impaciente, ni siquiera, idealmente, para toser, ni para distraerse en
nada. Estos libros tienen una extensión tan breve, y tan parecida
siempre, porque es el máximo a lo que puede dilatarse ese grado de
intensidad. Cada uno habría que leerlo sin interrupción, como se escucha
sin interrupción una sinfonía o una suite. Habría que leerlo
en voz alta, para apreciar toda su calidad musical. Y para que la
lectura fuera plena habría que leerlo, me imagino, en alemán, porque uno
intuye que Bernhard es uno de esos escritores que fuerzan al máximo las
cualidades específicas del idioma que usan.
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martes, 15 de octubre de 2013
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