sábado, 24 de noviembre de 2012

Mythos

Ese aire semántico, ese soplo de la vida, del cuerpo, empezó a llenarse de deseos, de sueños, de sentimientos, y el mito, la voz que entonaba los hexámetros sonoros, se cargó de contenidos en los que se roturaba el mágico, misterioso, territorio de la imaginación. El aliento que se escapaba de los labios de los rapsodos cantaba ya las lágrimas de Aquiles, la constancia de Odiseo, el amor de Nausicaa, la tristeza de Antígona, Un enriquecimiento, pues, de esos largos orígenes en los que las palabras habían servido para comunicar a los que vivían a nuestro lado la inevitable, gozosa, penosa a veces, experiencia del cuerpo y su destino. La literatura, el lenguaje, que ya no indicaba sólo el mundo de las cosas que veíamos, iba, poco a poco sembrando, inventando los mitos. El aire semántico revestía las palabras de una luz tan intensa que podíamos descansar en ellas nuestras cabezas, y afirmar así todo lo que jamás podrían alcanzar nuestras manos, ni vislumbrar nuestra mirada.
Debieron pasar siglos para que se levantase el intangible acoso de la fantasía, de las ficciones, de la poesía. La Iliada y la Odisea fueron dos inmensos bloques de mitos que habrían de dar sustento a unos seres que desde la naturaleza que los constituía iban a adentrarse por el amplio dominio de la cultura. Ese nuevo aire semántico también hacía respirar, alimentaba la vida, ampliaba el horizonte del existir, insuflaba alegría y esperanza. Pero sobre todo creaba libertad. Nadie podía poner ya puertas al campo, al universo de las ficciones que nos convirtieron en animales con logos, con palabra, donde se dibujaban otros paisajes, otros horizontes. El cultivo, la cultura, de esos mitos fue abriendo al animal humano el dominio que le era propio y por el que realmente existía.
Retirado daqui

Soledad

Una persona que me amaba me escribió el sms más duro que he recibido en mi vida "te sientes muy solo y me haces sentir tan sola como tu" ¿La soledad no es un sentimiento de uno mismo? ¿Podemos hacer sentir solos a los demás? ¿La soledad se transmite?
 - ¡Hola a todos! ¡Comenzamos! Uno de los descubrimientos más recientes de los psicólogos ha sido justamente el constatar que la soledad tiene substantividad propia. Es decir, que es una emoción que se mantiene por si misma y que tiene sus propias consecuencias al margen de la depresión. Sólo hay una solución contra la crisis de la soledad, sobre todo la que surge de un desamor: inventar otro. De la misma intensidad y en un ambiente distinto. Hay que cambiar de transporte, de trabajo, de idioma, de país... Y por último, darse cuenta de la suerte que uno ha tenido, dentro de la desgracia. Imagínese lo que habría sido continuar otros treinta años sujeto al desencanto.

( Eduard Punset - Ciclo Babelia& El Pais)

Los mitos siguen vivos - Carlos García Gual

Es difícil dar una definición del Mito, como término unívoco y digno de letra mayúscula. Me parece que situar el “pensamiento mítico” como una forma simbólica singular y oponer el Mito a la Razón como incompatibles simplifica demasiado el enfoque. “No hay ninguna definición del mito. No hay ninguna forma platónica del mito que se ajuste a todos los casos reales”, escribió G. S. Kirk, helenista experto en el tema. Evitemos enredarnos en la retórica y la metafísica. Es más claro enfocar “lo mítico” como una vasta región de lo imaginario y tratar de “los mitos” como resonantes relatos que configuran lo que llamamos la mitología. Partamos de un trazo claro: los mitos no son dominio de ningún individuo, sino una herencia colectiva, narrativa y tradicional, que se transmite desde lejos (a veces unida a la religión, en los ritos o en la literatura).
Toda cultura alberga una tradición mítica. Según Georges Dumézil: “Un país sin leyendas se moriría de frío. Un pueblo sin mitos está muerto”. Desde siempre, “los mitos viven en el país de la memoria” (Marcel Detienne). Es decir, pertenecen a la memoria comunitaria y, como señaló el antropólogo Malinowski, ofrecen a la sociedad que los alberga, venera y difunde “una carta de fundación” utilitaria. Son, en sus orígenes, las fundamentales “historias de la tribu”; ofrecen a sus creyentes una interpretación del sentido del mundo.
Partiendo de esa consideración de la mitología, podemos proponer una definición sencilla y funcional. Con la venia del escéptico Kirk, tomemos, modestamente, esta: “Un mito es un relato memorable y tradicional que cuenta la actuación paradigmática de seres extraordinarios (dioses y héroes) en un tiempo prestigioso y lejano”. El insistir en lo narrativo y no en las vacilantes creencias que los individuos pueden tener al respecto nos permite aceptar como “mitos” no solo a los mitos religiosos, sino también a los “literarios”. Ese aspecto narrativo es el rasgo esencial del mito ya en la palabra griega mythos, que los sofistas y Platón opusieron al vocablo logos (palabra, razón, razonamiento), en el sentido de “narración tradicional, relato antiguo”. (Antes, en Homero, mythos y logos eran sinónimos). Una frase famosa define el progreso filosófico en Grecia como avance “del mito al logos”; pero ese avance —en términos absolutos— está hoy muy cuestionado. La contraposición sirve para señalar el claro progreso histórico de la razón en la Grecia antigua, en la filosofía, la historia y las ciencias, ideas y no creencias, que explican el mundo, marginando las creencias míticas. Sin embargo, ya el mythos era una búsqueda de verdad, ya el mito ofrecía, en su estilo, una ilustración (Hans Blumenberg). Hay “mito en el logos y logos en el mito”, dice Lluís Duch, que apunta la conveniencia de una ágil combinación “logomítica” para la comprensión cabal del mundo y la condición humana.
Ofrecen a la sociedad que los alberga “una carta de fundación"
Nuestra mitología clásica viene de la antigua Grecia, aunque solo persiste como brumosa herencia cultural, desde hace siglos desvinculada de su fundamento religioso. (Cómo el cristianismo la sustituyó y desterró a sus dioses es una historia bien conocida y que podemos dejar de lado ahora). Pero cualquier religión tiene su propia mitología, es decir, su oferta narrativa, que puede adquirir pretensiones dogmáticas, reforzada por los rituales y la espiritualidad personal. La cristiana se recoge en la Biblia. Con todo, la mitología griega (y su versión romana) se nos ha transmitido en la literatura europea con una belleza poética que le ha permitido una pervivencia fantasmal a través de los siglos. Recordemos que la gran poesía griega (la épica, la tragedia y gran parte de la lírica) se fundaba en la evocación de los mitos: las acciones de los famosos héroes y los dioses, y su celebración y reinterpretación constante en los poemas y los teatros. Esos mitos, que suelen designarse con el nombre de sus protagonistas, perduran así como ejemplos y enigmas (como los de Prometeo, Odiseo, Edipo, Medea, Orfeo, Casandra y otros). Y los poetas, transmisores por excelencia de los mitos, fueron, en Grecia, populares “maestros de verdad” antes de ser desplazados en esa tarea educativa por los filósofos. Pero, sin embargo, no lo olvidemos, Platón es un gran narrador de mitos, metidos en sus Diálogos. Lo que no deja de ser una admirable paradoja: el gran filósofo, tan crítico con las opiniones ajenas, tan duro con los poetas, resulta luego un fabuloso mitólogo.
Un mito no se inventa, sino que se cuenta como un saber acreditado
Pero no solo los griegos; toda cultura tiene sus mitos, como ya sabemos. Y su, más o menos fantástica, brillante tradición mitológica. Que se caracteriza, por doquier, por ese carácter memorable, en gran medida educativo. Pues un mito no se inventa, sino que se cuenta como un saber acreditado. Ya estaba antes; como una creencia, como un enigma, como lección de sabiduría, una reliquia de las “historias de la tribu”. Podemos preguntarnos qué lo hace duradero y ubicuo, ¿cómo persiste así, arcaico, y, tal vez, reactualizado? Sin duda es su temática. Los mitos hablan de los grandes temas de la existencia. Y dan respuesta. De por qué existimos, de quién hizo el mundo, cuál es nuestro destino, qué hay tras la muerte, qué significa vivir en un tiempo breve, y en una condición de dudosa justicia. Los filósofos —desde los sofistas griegos— han ofrecido respuestas varias: según unos, fueron el espanto y el agradecimiento ingenuo ante los prodigios naturales los que les crearon los dioses; según otros ilustrados, fue la codicia y astucia de los sacerdotes. Me parece más convincente la tesis de Hans Blumenberg: los mitos animan y dan sentido profundo a lo real. Frente al “absolutismo de la naturaleza”, los seres humanos ansían vivir en un albergue benévolo, un mundo humanizado y con sentido trascendente, donde, más allá de la inevitable muerte, quede algo perdurable, respondiendo al anhelo humano de pervivir y no ser un absurdo accidente disuelto en la nada. Según Blumenberg, el ser humano anhela esperanza y consuelo. El mito lo da. En otras versiones, como en la de Jung, los temas de los mitos están en la propia alma de forma innata, y tienen, como arquetipos, honda relación con el mundo de los sueños.
'El estado de Adán, representando el aspecto masculino'.
El caso es que los mitos están ahí, desde muy antiguo y en todas partes. Aunque, desde luego, hay épocas y culturas que los cuidan más y los tienen de mejor calidad. Y, por otra parte, parece que conviene distinguir entre los grandes y fundamentales (como los de la creación, del mundo divino, de las almas y sus viajes de ultratumba) y mitos menores, por ejemplo, los de tipo político o nacionalista más o menos manipulados. En fin, los mitos se insertan en la cultura y suelen recurrir a símbolos propios y expresarse de modo vivaz en imágenes impactantes. El código simbólico que usan con frecuencia los relatos míticos viene requerido por su propia temática, fabulosa y trascendente. El símbolo remite a algo ausente, difícil de representar por los signos de la comunicación habitual; sugiere más que dice e invita a ir más allá de lo real aparente y objetivo. Sobre todo en los símbolos religiosos. Las imágenes mitológicas actúan en el mismo sentido. Invitan a la imaginación de ese universo fabuloso de dioses, monstruos y seres extraños y prodigiosos con más fuerza que las palabras. Cada cultura, luego, elabora imágenes y símbolos propios, aunque la mitología comparada puede revelar entre mitos, imágenes y símbolos de lugares muy lejanos coincidencias sorprendentes. (Acaso porque la imaginación humana tiene sus límites). El repertorio de símbolos e imágenes resulta, en la mirada comparatista, fascinante.
El personaje literario deviene mítico tan solo cuando pasa a la memoria colectiva
He apuntado ya que hay mitos de primera instancia y mitos de segunda fila. En el mundo griego, los relatos de los dioses contados por Hesíodo evocan los orígenes del cosmos, los mitos de la épica heroica nos hablan de un mundo más cercano. Y también hay, en esa mitología y en otras, frente a los mitos religiosos y cósmicos (los de los orígenes, de los que tanto escribió Mircea Eliade), mitos literarios, esto es, productos míticos de prestigio más limitado y pedigree más moderno, ya que se inscriben en una tradición libresca. A esos mitos literarios (como el de Don Juan o el de Fausto) se les puede encontrar un primer autor —lo que va en contra de lo que hemos dicho antes—. Pero el personaje literario deviene mítico tan solo cuando pasa a la memoria colectiva y no es necesario recordar quién los inventó. En ese sentido, creo, la mayoría de la gente que los conoce no sabe quién fabricó a Frankenstein o a Carmen, o a Robinsón, no menos que quién, antes de Homero, relató las aventuras del griego Ulises; los héroes se han mitificado al perdurar en el imaginario colectivo, sin que la gente necesite el texto original. Y también hay —descendiendo de nivel— héroes del cómic que pueden revestir un tono mítico (son la calderilla del fondo, para el consumo popular y más mediático). Son “superhéroes” de papel; pero conservan algunas chispas del fulgor de los clásicos, ya desconocidos para el público juvenil. (Grant Morrison subraya bien, en Supergods, su impacto social, y apunta sagazmente que “Supermán es un héroe apolíneo y Batman un héroe dionisiaco”).
Es usual calificar de “míticos” o “mitos” a las grandes estrellas del espectáculo, a futbolistas y atletas, y ahora también a algunos cocineros. “Mito” es así un sinónimo de “ídolo adorado por las masas”; “ídolo” es, en cambio, vocablo pasado de moda. Para sus fans son seres mitológicos, tan de fábula como los superhéroes, glorificados por los focos de la actualidad.
Si bien entró bastante tarde en nuestra lengua —último tercio del XIX—, la palabra “mito” tuvo un éxito enorme: hoy, “el mito se dice de muchas maneras”. En el sentido de “lo fabuloso”, el término “mito” apunta a lo irreal, y se confunde con “lo falso”, y con esa fuerte connotación negativa se usa para descalificar exageraciones, bulos, y creencias ajenas. En ese sentido, los “mitos” son vanas “ilusiones” de los otros. A las “creencias” se contraponen “ideas”, como dijo Ortega, y antes los sofistas griegos. Pero los mitos perviven, se prestan a relecturas y a manipulaciones, a veces perversas.

Fuente El Pais
negritos meus

Luminosa oscuridad - Luis Fernando Moreno Claros

Joseph Campbell (Nueva York, 1904-Honolulú, 1987) quedó maravillado por los mitos cuando, de niño, su padre lo llevó a ver un museo con vestigios de los indios sioux y conoció sus leyendas. Más tarde, consagró su vida al estudio de las creencias fundacionales de las diversas culturas y llegó a ser el más famoso divulgador norteamericano de mitología comparada. Enseñó que los mitos —desde su “luminosa oscuridad”— hablan al ser humano de su esencia más íntima y “reconcilian nuestra conciencia con las condiciones previas a su existencia”, ya que nos regresan a un antes de las cosas, a la unidad primordial que, a raíz de una misteriosa escisión, dejó de ser plena y pura. Así lo ilustran, por ejemplo, el mito del paraíso perdido —común a varias culturas— con la creación de Adán y Eva; o las Upanishad, los textos sagrados de la India, al revelar que cuando el ser indeterminado primordial pronunció la palabra “yo” se desgajó de lo uno, “necesitó de otro, apareció la multiplicidad y, con ella, nacieron el deseo y el dolor”.
Los mitos son los sueños arquetípicos del mundo, según Campbell
Los mitos, “los sueños arquetípicos del mundo”, según Campbell, hunden sus raíces en lo más profundo del alma humana, de ahí que planteen y respondan de manera simbólica a las cuestiones ¿qué somos? o ¿cómo debemos vivir? Somos seres frágiles, volubles y mortales, nos dicen; pero también, creativos, luminosos y cercanos a los dioses. ¿Y cómo hemos de vivir? Su réplica es firme: con valentía, cual héroes en el intrincado camino de la vida, aprendiendo a cada paso las estrategias de sobrevivencia que nos legaron nuestros ancestros, válidas todavía en la vida dura de hoy.
Gran lector de filosofía, rebelde y autodidacta, Campbell amaba a Schopenhauer y Nietzsche —en los mitos encontró arraigadas las teorías de ambos—, pero no se quedó ahí. Conoció a Khrisnamurti cuando coincidió con él en un trasatlántico cruzando el océano y, cautivado por sus ideas, descubrió la filosofía de la India; trató también al indólogo Heinrich Zimmer y a Jung, gracias al cual conoció la simbología mítica de los sueños. Estudioso también de la literatura de James Joyce y Thomas Mann, Campbell fue un enamorado del saber sin barreras mentales ni prejuicios, de ahí la ecléctica riqueza de sus obras; esenciales son El Héroe de las mil caras (FCE) y Las máscaras de Dios (Alianza).
Campbell fue un enamorado del saber sin barreras mentales ni prejuicios

Atalanta presenta ahora este hermoso libro —Imagen del mito— inédito en castellano y muy bien traducido, en una edición cuidada al máximo, que supera en calidad gráfica y belleza a la norteamericana original (1974). Campbell lo concibió como una ventana por la que asomarse a las creencias primigenias de la humanidad plasmadas en las palabras, imágenes y representaciones artísticas. Con más de cuatrocientas fotografías y grabados elegidos por el autor, este exquisito catálogo de mitología recoge la historia de los mitos humanos a lo largo de 5.000 años y demuestra una de las tesis más queridas de Campbell: que los humanos tenemos en común, aparte de nuestra historia biológica, una comunidad originaria del espíritu, la univocidad de una conciencia primigenia. Y así lo manifiestan los motivos mitológicos que aparecen de un modo u otro en casi todas las culturas: el matrimonio del Cielo y la Tierra y la separación violenta de ambos, el niño nacido de una virgen, el robo del fuego, el héroe de nacimiento oscuro y vida ardua, la simbología de la serpiente o el carnero; los templos consagrados a los dioses o los sacrificios rituales, entre otros; algo común es lo que se palpa en el trasfondo de casi todas las culturas, en sus leyendas o revelaciones. Y esas leyendas —hermosas o terribles— de dioses y animales, de las diosas y sus transfiguraciones, desde Egipto y Mesopotamia hasta la India, Japón y el continente americano, muestran rasgos comunes porque son los sueños del grande y único durmiente eterno que sueña infinitos mundos, diversos y evanescentes.
Un libro, en suma, que se lee con fascinación y que nos recuerda que la humanidad creyó desde siempre —gracias a su fantasía— que hay puertas abiertas hacia ámbitos desconocidos en los que moran los dioses, esas potencias y energías que también radican y actúan en nuestro interior con más fuerza de lo que creemos.
La imagen del mito. Joseph Campbell. Traducción de Roberto R. Bravo. Prólogo de Leandro Pinkler. Atalanta. Villaür, 2012. 624 páginas. 55 euros.
Fuente El Pais

Mythos - Emilio Lledó

Lo primero fue el habla. Una necesidad de sentir la compañía de los otros, de arrancarse de la originaria soledad, de emitir sonidos que la lenguafue articulando, modulando, convirtiendo en palabra. A esa voz, enriquecida a lo largo del tiempo, el “filósofo”, como llamaban a Aristóteles, dijo que era un soplo, un “aire semántico”. No sólo un grito. Ese aire decía cosas, señalaba los árboles, los mares, las estrellas, alumbraba ideas que, en principio, eran “lo que se ve” y en esas “visiones”, creaba comunidad, solidaridad, amistad. Surgía así un universo en el que los seres humanos comenzaron a sentirse y entenderse. Los primeros textos en los que encontramos el sustantivo mito, (mythos), por ejemplo en la Ilíada, significa “palabra”, “dicho”, “conversación”.
Ese aire semántico, ese soplo de la vida, del cuerpo, empezó a llenarse de deseos, de sueños, de sentimientos, y el mito, la voz que entonaba los hexámetros sonoros, se cargó de contenidos en los que se roturaba el mágico, misterioso, territorio de la imaginación. El aliento que se escapaba de los labios de los rapsodos cantaba ya las lágrimas de Aquiles, la constancia de Odiseo, el amor de Nausicaa, la tristeza de Antígona, Un enriquecimiento, pues, de esos largos orígenes en los que las palabras habían servido para comunicar a los que vivían a nuestro lado la inevitable, gozosa, penosa a veces, experiencia del cuerpo y su destino. La literatura, el lenguaje, que ya no indicaba sólo el mundo de las cosas que veíamos, iba, poco a poco sembrando, inventando los mitos. El aire semántico revestía las palabras de una luz tan intensa que podíamos descansar en ellas nuestras cabezas, y afirmar así todo lo que jamás podrían alcanzar nuestras manos, ni vislumbrar nuestra mirada.
Debieron pasar siglos para que se levantase el intangible acoso de la fantasía, de las ficciones, de la poesía. La Iliada y la Odisea fueron dos inmensos bloques de mitos que habrían de dar sustento a unos seres que desde la naturaleza que los constituía iban a adentrarse por el amplio dominio de la cultura. Ese nuevo aire semántico también hacía respirar, alimentaba la vida, ampliaba el horizonte del existir, insuflaba alegría y esperanza. Pero sobre todo creaba libertad. Nadie podía poner ya puertas al campo, al universo de las ficciones que nos convirtieron en animales con logos, con palabra, donde se dibujaban otros paisajes, otros horizontes. El cultivo, la cultura, de esos mitos fue abriendo al animal humano el dominio que le era propio y por el que realmente existía.
La tradición filosófica nos ha entregado una de las grandes intuiciones de aquellos primeros pensadores que se hicieron cargo de esas palabras “asombrosas y maravillosas”. Uno de sus representantes, el “filósofo”, decía que “el amante de los mitos tiene que ser también amante del conocimiento, de la verdad, de la sabiduría”. Y aquí surgió un problema que ha llegado rodando, apisonando también, aplastando, hasta nuestros días. Porque el mito que crea, y da aire a la libertad, puede ser objeto, incluso instrumento de condena, de prohibiciones, de incendios, cuando no deja abrir las puertas de la verdad, cuando no inspira racionalidad y progreso, cuando no hace fluir las neuronas. El mito alumbra e inspira, pero es siempre un paso previo en el camino del conocimiento. Enseña libertad si no se impone por la fuerza, si no cae en manos de sectas y fanáticos que corroen, desde la infancia, el cerebro de los que de alguna forma dominan, para hacer olvidar el camino más largo, mas duro, mas interminable, más hermoso del pensar. Hay que mantener el estímulo de las palabras míticas para saber que esas palabras no acaban en ellas mismas. Abren camino, pero no son el camino que, con la educación, con la Paideía que es cultura y no aprendizaje, hay que andar para ser ciudadanos de una “polis” libre, de una política en la verdad y en la siempre imprescindible justicia. En esa educación para la ciudadanía no cabe la indecencia, ni los mitos impuestos por los profesionales de la mentira.
Fuente El Pais

Feira do Livro de Guadalajara. O making of

O orgulho pelo trabalho sempre me emociona. Veja aqui

Guadalajara. FIL, pasaporte al mapa literario

Tener en el currículo la sigla FIL se ha convertido para los escritores hispanohablantes en el sello para entrar o confirmar un lugar en el mapa de la literatura contemporánea. Entre tanto, para los autores en otros idiomas es casi una escala obligada pasar por allí, por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). Un periplo multicultural que empieza hoy con la presencia de 17.000 profesionales del libro, casi dos mil editoriales, unas 300 mesas redondas, conferencias, debates y entrevistas y un público que disfrutará de la compañía de unos 600 escritores.
Chile,  invitado de honor
Tierra de grandes escritores, especialmente de poetas recitados a lo largo del siglo XX, desde Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, hasta Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, Chile llega con cien autores de todos los géneros literarios. Los clásicos, cuenta Macías, estarán presentes a través no sólo de sus homenajes, sino también con películas, documentales, libros y exposiciones que se exhibirán en el recinto ferial y otros lugares de la ciudad. Los consagrados como Jorge Edwards, Raúl Zurita, Óscar Hahn y Pedro Lemebel, compartirán cartel con las nuevas generaciones personificadas en nombres como Lina Meruane, Andrea Jeftanovich, Nona Fernández...

Posboom

La resonancia no es solo de Chile. En este siglo la literatura latinoamericana contemporánea ha empezado a recuperar el primer plano internacional, y la FIL ha sido testigo y, en parte, promotor de ello. ¿Dónde puede estar ese interés? Un primer motivo, según la directora, tiene que ver con la actitud y la forma de ver el mundo de los latinoamericanos: “Es diferente: para muchos alegre, para muchos apasionada, para muchos azotada. Esa diversidad emocional que está a flor de cada palabra, que distingue a cada región latinoamericana de la otra, pero además las une en un mosaico lingüístico único en el mundo, es la gran fortaleza de nuestras letras en este momento. Hemos dejado de querer parecernos a otros y estamos orgullosos de ser, hablar y sentir como nosotros mismos”. Se trata de una decisión que los autores han tomado de forma natural con el relevo generacional posboom. A lo cual hay que sumar dos cosas: “Por un lado cómo se ha reacomodado el mundo, la fuerza cultural de cada región y el lugar que ha tomado América Latina frente al nuevo escenario económico. Por el otro la profesionalización de los editores que frente a la crisis de la industria son quienes se han dedicado a ser scouts literarios, a encontrar voces originales, pero que además ahora ya saben cómo hacer alianzas y lograr que sus libros circulen mejor, lo cual ha logrado una reactivación del mercado latinoamericano”.
Emoción es el sentimiento clave de agentes, editores, críticos y escritores extranjeros ante esta literatura, según Nubia Macías. “Emoción por el descubrimiento de esta creación tan diversa, tan fuerte, y en la que confían plenamente para volver a crear un nuevo movimiento literario que también los beneficia”. Un hecho que se refleja en el aumento de la presencia de los libros de los escritores hispanohablantes en sus traducciones a múltiples lenguas y premios internacionales y en un interés que traspasa el mundo occidental.
Y si lo hispanohablante tiene ya rutas hacia todas partes, la FIL acerca esos otros lugares a sus 650.000 visitantes. Se convierte en una babel de voces a través de conferencias o debates, mientras los stands ofrecen escritores de todo tipo y procedencia traducidos al español. La apuesta, según Macías, es conseguir que los latinoamericanos se lean y se conozcan entre ellos, al mismo tiempo que buscan mostrar la calidad literaria del continente. “Si conseguimos”, dice Macías, “que los autores de estos y muchos otros países se encuentren con los nuestros, estaremos cumpliendo el primer objetivo que nos propusimos para el futuro inmediato de la feria: ser un puente entre los lectores del mundo”. Un puente de nueve días. Desde hoy y hasta el domingo 2 de diciembre.
Fuente El País

viernes, 23 de noviembre de 2012

A Barbara, a Fernanda e o bardo ingles. O que uns entenderam e o que outros nao entenderam

“Shakespear entendeu com ninguém do mund das artes a complexidade da natureza humana.

os seres humanos, no dia-adia, têm todas aquelas camadas negras” Fonte Ipsilon.pt


Ressentimentos - Pedro Lomba

Na primeira rua onde morei na vida adulta havia uma oficina de automóveis a que recorria com frequência. Era gerida por um homem com uns cinquenta e tantos anos, entretanto falecido. Esse homem tinha características que pude apreciar muitas vezes. Em primeiro lugar não era de sorrisinhos postiços, nem servia conversa fiada. Carregava nos preços, mas fazia o que prometia. Contemplava a inabilidade de quem lhe aparecia pela frente, como se lidasse com adolescentes. Saía após as seis em ponto, numa carrinha onde mal cabiam mulher, filhos e cão, cumprindo uma rotina familiar aceite e imutável. E, por fim, sempre que eu abordava ludicamente o tema, não mostrava interesse algum pela política ou por políticos, que via como impostores profissionais.
Este homem morreu, dizia, há alguns anos, e ninguém, pelo que sei, entre pequenos restaurantes e mercearias da rua, conseguia dizer muito sobre ele. Ninguém sabia como ia o negócio. Ninguém sabia nada. Porque este homem vivia uma vida literalmente opaca. Como bom português, escondia-se, desconfiava, não se expunha, não ostentava, não largava pistas. O seu negócio era, por assim dizer, a opacidade. Como o negócio de cada lojista, de cada pequeno comerciante, de cada pequeno empresário em Portugal assenta na mesma opacidade.
Não é censura ou sequer originalidade minha falar desta opacidade dos portugueses face a tudo o que lhes cheire a poder. Mas no seu exemplo pude verificar o ressentimento especial que está associado a esta vivência opaca. Para ele, eu podia ser do fisco, do Estado, da justiça, até um mero invejoso. Convinha manter as distâncias. Guardar protecções.
Anos depois, ao ler um livro da socióloga canadiana Michèle Lamont (The Dignity of the Working Man) ocorreu-me se homens como este garagista tinham algo que ver com os trabalhadores de colarinho azul que Lamont entrevistou na América e em França, trabalhadores manuais e industriais, maquinistas, tipógrafos, mecânicos, trabalhadores da reciclagem, etc. O que Lamont descobriu arrasa com visões deterministas acerca da luta de classes. Na América, aqueles trabalhadores definiam-se a si próprios e aos outros a partir de uma moral de autodisciplina e independência. Eles tinham de tratar de si, porque senão ninguém o fazia por eles. O dinheiro, o estatuto, o grau de ensino eram acessórios para se perceber quem é que eles viam acima. Os outros, advogados, gestores, consultores, tinham redes, eram profissionais de manipulação e ludíbrio fácil. O ressentimento era dirigido contra pessoas como estas.
Se podemos conhecer um grupo social através dos seus ressentimentos, é óbvio que o ressentimento não pode ser só económico. Os ressentimentos são também morais, sociais, atávicos. O pequeno comerciante, o pequeno qualquer-coisa que vive em Portugal perto ou para lá da falência alimenta um persistente ressentimento contra o poder do Estado, e por isso resiste, quando resiste, em biscates e evasões. A opacidade é ainda a sua sobrevivência.
Fonte Publico.pt

BOTERO: El poder del volumen

“Yo no pinto gordas”, repite el artista Fernando Botero (Medellín, 1932). “Yo trato de expresar el volumen como una parte de la sensualidad del arte”. La figuración de Botero se ha sostenido a lo largo de toda su carrera sobre la fuerza del color y las líneas curvas para componer escenas con personajes rechonchos, que aparecen tanto en los bailes populares como en las corridas de toros. Ha sido, explica Botero, el resultado de buscar un estilo propio en su trabajo. A lo largo de 2012 ha celebrado su 80 cumpleaños mostrando su inconfundible obra en distintas exposiciones en todo el mundo.
(...)
Los cuadros de Piero della Francesca, Van Eyck o Rafael son reconocibles, pero pasados por el tamiz de las curvas de Botero.El tema que elige para su pintura, dice, es solo un pretexto. "El artista debe tener una concepción de la pintura. El estilo se mantiene sea el tema amable o dramático, aunque cambien los colores para comunicar el sentimiento del artista", explica.
Botero sigue en activo, siguiendo el camino que abrió hace más de 50 años, ajeno a las tendencias fiel a la pintura-pintura, de pincelada fina y composiciones exuberantes. Su ultima serie esta dedicada al vía crucis. "En el arte del siglo XXI se ha tratado de reemplazar la pintura con otras manifestaciones", reflexiona. Pero a Botero le parece que el vídeo está más cerca del cine y las instalaciones, del teatro. "A la pintura le queda trayectoria ¿por qué reemplazarla?"

Fuente El país
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Botero em Lisboa

Eu e a Brisa - Caetano Veloso

Eu e a Brisa - Johnny Alf



Ah, se a juventude que esta brisa canta
Ficasse aqui comigo mais um pouco
Eu poderia esquecer a dor
De ser tão só pra ser um sonho
Daí então quem sabe alguém chegasse
Buscando um sonho em forma de desejo
Felicidade então pra nós seria
E, depois que a tarde nos trouxesse a lua
Se o amor chegasse eu não resistiria
E a madrugada acalentaria a nossa paz
Fica, ó brisa fica pois talvez quem sabe
O inesperado faça uma surpresa
E traga alguém que queira te escutar
E junto a mim queira ficar
E junto a mim queira ficar
E junto a mim queira ficar
E junto a mim queira ficar

Violência contra mulheres é prática escondida na UE, diz Instituto Europeu

  Violência doméstica mata 30 mulheres num ano

O número de vítimas mortais por violência doméstica aumentou, mas o número de queixas diminuiu, pois a crise inibe as mulheres de apresentarem queixa.
Este ano o número de mulheres assassinadas fruto da violência doméstica já consegue ser superior ao total do ano passado, ainda assim as participações às autoridades baixaram, informa o Jornal de Notícias.
Os dados são do Observatório de Mulheres Assassinadas da UMAR (União de Mulheres Alternativa e Resposta) e informam que este ano já são mais de 30 as mulheres assassinadas em contextos de violência doméstica.
Hoje, o Governo vai lançar uma campanha nacional de sensibilização. Os cartazes da APAV (Associação Portuguesa de Apoio à Vítima) já se encontram pelas ruas.
Fonte DN.pt

Pérez-Reverte

"Cómo tenían importancia palabras como aventura, lealtad y dignidad. Conceptos que hoy se han perdido".

'Cada vez tienen más sitio los idiotas'

Fonte El Mundo.es

jueves, 22 de noviembre de 2012

Ana Carolina - Quem De Nós Dois (La Mia Storia Tra Le Dita)


Ana Carolina & Seu Jorge - É isso Aí

Recebí de presente de aniversário...

Declaraciones Helena Tatay, comisaria. Expo Cartografías contemporáneas....


Sao Paulo quer PAZ! Basta de violência.

O encontro preparatório do Movimento pela Paz foi mediado pelo vereador Gilberto Natalini, na Câmara Municipal de São Paulo. “Movimento Paulistanos pela Paz” prevê a realização de um grande evento público envolvendo artistas e representantes de diferentes segmentos religiosos. Devem ser criados outros atos com o objetivo de conscientizar a população sobre a situação. Participe!
Copiei daqui

A Crise Européia

Tantas coisas  me aproximam deste continente - da sua forma de pensar-desenhar o mundo e o homem- que, as vezes, sinto-me tentada a opinar....Mas como diria o Chanceler Mario Gibson Barbosa , por mais aclimatados que nos sintamos em algum país que nao o nosso, nao devemos esquecer que criticas  sao permitidas apenas  em família. Fico pois sem saída e impedida de conjugar envelhecimento populacional, desemprego, leis trabalhistas e deslocalizaçao-desindustrializaçao. Este último binomio foi acontecendo, observado de perto pelos economistas, sublinhado.... mas encontra-se momentaneamente  esquecido. Mais fácil culpar apenas  `os mercados `.

Los mapas que redibujan el mundo

La cartografía, la ciencia que documenta y representa el mundo, ha ejercido siempre una gran fascinación entre los artistas. La América invertida, de Joaquín Torres García, una radical versión de la importancia del Sur, es uno de los muchos ejemplos de como la cartografía sirve para representar el territorio, pero también es utilizada para dar rienda a propuestas políticas o mostrar situaciones físicas, mentales y emocionales. Una sorprendente exposición, Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento, que mañana se abre al público en Caixaforum-Madrid, cuenta como el hombre ha perseguido siempre reproducir el mundo para controlar la realidad en que vive, como ha sido la evolución de ese empeño y, sobre todo, como los grandes artistas han convertido la cartografía en una forma de expresión de primer orden.
La exposición reúne 140 obras (dibujos, videoinstalaciones, arte digital) firmadas por artistas de todo el mundo. Salvador Dalí, Paul Klee, Marcel Duchamp, Yves Klein, Gordon Matta-Clark, Richard Hamilton, Mona Hatoum o Richard Long, Artur Barrio, Carolee Schneemann,Ana Mendieta, Erick Beltrán, On Kawara, Alighiero Boetti, Thomas Hirschhorn o Francis Alÿs, son algunos de los artistas más conocidos. También hay piezas realizadas por escritores o científicos, como Ramón y Cajal, Carl Gustav Jung o Lewis Carroll. El autor de Alicia cuestiona el lenguaje con un mapa dedicado a la tripulación cuyo interior está vacío: un no-mapa como el no-cumpleaños.
Helena Tatay, comisaria de la exposición, explica que aunque los primeros mapas que se guardan proceden del siglo XVII, el hombre los ha necesitado siempre para moverse frente a lo desconocido, frente al caos de la vida. El mapa sirve para representar el espacio, pero también para hablar de sentimientos, deseos y experiencias vitales.
Consciente de que el género en sí es inabarcable y la selección forzosamente subjetiva, Tatay ha dividido la exposición en siete apartados en los que manda la cronología, aunque no siempre. La primera está dedicada al puro lenguaje cartográfico. En ella se describe como la reducción de la tierra a una imagen gráfica en dos dimensiones se convirtió en una revolución técnica y cultural gracias a la que se transformó la percepción de la realidad. Junto a las primeras representaciones de este nuevo saber científico, se muestra como el lenguaje cartográfico fue utilizado por los surrealistas o por los artistas conceptuales.
Viene después el espacio entendido como tiempo. El espacio es una metáfora representada hasta la saciedad en el ámbito de lo privado y de lo público. De los espacios mentales situados fuera del tiempo hablan artistas como Giovanni Anselmo, Robert Smithson o Milan Grygar. Los mapas se despliegan después por la política, el cuerpo, la experiencia y la vida, lo intangible y lo conceptual. Es todo un recorrido en el que se replantea el modelo de conocimiento convencional y se invita al espectador a redibujar el futuro.
Fuente El pais

miércoles, 21 de noviembre de 2012

"Alô, Alô Terezinha" - Saudades do Chacrinha!






Eu vim para confundir, não para explicar!"

Os viventes de Jorge Amado



Em Dona Flor e Seus Dois Maridos teve o romancista que se prevenir contra  suspeitas que regularmente recaem sobre quem funda a ficção em “experiência e busca”;  o que aconselha a prevenir o leitor: “nenhum vivente aqui, nesta obra de ficção, se encontra retratado” (do “Nariz de cera de amigos e xeretas”). Inverta-se, então, o ónus da tentação que leva a identificar pessoas reais com personagens ficcionais e fique o aviso: a responsabilidade da tal eventual identificação é de quem “anda por aí a parecer-se com figuras de romance como se isso fosse ocupação de gente séria”. Falta apenas um documento que vem reforçar a emancipação e a lógica de autonomia da ficção: um bilhete que dona Flor escreve ao romancista  em tom  coloquial, levantando a ponta do véu que cobre os segredos culinários e amorosos que o romance trata de contar.

De C. Reis, “No espelho da história literária”, in Jornal de Letras, Artes e Ideias, nº 1092, de 8 a 21 de agosto de 2012, pp. 9-10.

Comento: nao resisti e tomei este `trozo`emprestado de um post do blog Figuras da Ficçao do Prof Carlos Reis

martes, 20 de noviembre de 2012

Gosto disso que lí no jornal online Publico.pt


A ideia de fazer tudo para que os filhos sejam felizes, evitando que chorem, está ultrapassada. A teoria de disciplinar sem que a criança chore está desactualizada, diz Gordon Neufeld, psicólogo clínico canadiano que esteve em Portugal no final da semana.
“As crianças precisam da tristeza, da tragédia para crescerem. Precisam de ter as suas lágrimas”, defende. Nos primeiros meses e anos de vida, o “não” dito pelos pais ajuda a disciplinar, em vez de estragar a criança. “Estamos a perder isso na nossa sociedade, não admira que as crianças estejam estragadas com mimos. Afinal, elas são sempre as vencedoras”, continua o investigador que esteve em Lisboa a convite da empresa BeFamily, do Fórum Europeu das Mulheres, da Associação Portuguesa de Famílias Numerosas e da Associação Portuguesa de Imprensa.
Na conferência sob o lema “Vínculos Fortes, Filhos Felizes”, Neufeld defende que só se atinge o bem-estar através da educação e que esta deve estar a cargo das famílias e não do Estado. E para garantir o bem-estar de qualquer ser humano ou sociedade é necessário preencher seis necessidades.
A primeira é o “aprender a crescer” e para isso há que chorar, é preciso que a criança seja confrontada, que viva conflitos, de maneira a amadurecer, a tornar-se resiliente, a saber viver em sociedade.
A segunda necessidade é a de a criança criar vínculos profundos com os adultos, estabelecer relações fortes. Como é que se faz? “Ganhando o coração dos filhos. É preciso amarmos e eles amarem-nos. Temos de ter o seu coração, mas perdemos essa noção”, lamenta o especialista que conta que, quando lhe entram na consulta pais preocupados com o comportamento violento dos filhos, a primeira pergunta que faz é: “Tem o coração do seu filho?”, uma questão que poucos compreendem, confidencia.
E dá um exemplo: Qual é a principal preocupação dos pais quanto à escola? Não é saber qual a formação do professor ou se este é competente. O que os pais querem saber é se a criança gosta do docente e vice-versa. “E esta relação permite prever o sucesso académico da criança”, sublinha Neufeld, reforçando a importância de “estabelecer ligações”.
E esta ligação deve ser contínua – a terceira necessidade –, de maneira a evitar problemas. Neufeld recorda que o maior medo das crianças é o da separação. Quando estão longe dos pais, as crianças começam a ficar ansiosas e esse sentimento pode crescer com elas, daí a permanente procura de contacto, por exemplo, entre os adolescentes com as mensagens enviadas por telemóvel ou nas redes sociais, muitas vezes, ligando-se a pessoas que nem conhecem, alerta o especialista.
O canadiano recomenda que os pais estabeleçam pontes com os seus filhos. Quando a hora da separação se aproxima, há que assegurar que o reencontro vai acontecer. Antes de sair da escola, dizer “até logo”; à hora de deitar, prometer “vou sonhar contigo”.  
Mas a separação não é só física, há palavras que separam como “tu és a minha morte” ou “tu és a minha vergonha”. Mesmo quando há problemas graves para resolver, a frase “não te preocupes, serei sempre teu pai” ajuda a lembrar que a relação entre pai e filho é mais importante do que o problema. Hold on to your kids é o nome do livro que escreveu e onde defende esta teoria.

A importância de brincar

A quarta necessidade a ter em conta para garantir o bem-estar dos filhos é a necessidade de descansar. Cabe aos adultos providenciar o descanso e este passa por os pais serem pessoas seguras e que assegurem a relação com os filhos.
As crianças precisam que os pais assumam a responsabilidade da relação, que mantenham e alimentem a relação, de modo a que elas possam descansar e, nesse período, desenvolver outras competências. Uma criança que está ansiosa pela atenção dos pais não está atenta na escola, por exemplo.
Brincar é a quinta necessidade a suprir. Não há mamífero que não brinque e é nesse contexto que se desenvolve, aponta Neufeld. E brincar não é estar à frente de uma consola ou de um computador; é “movimentar-se livremente num espaço limitado”, não é algo que se aprenda ou que se ensine. E, neste ponto, Neufeld critica o facto de as crianças irem cada vez mais cedo para a escola, o que não promove o desenvolvimento da brincadeira. “Os ecrãs estão a sufocar a brincadeira e as crianças não têm tempo suficiente para brincarem”, nota o psicólogo clínico que, nas últimas semanas, fez um périplo por vários países europeus, tendo sido ouvido no Parlamento Europeu, em Bruxelas sobre “qualidade na infância”.
Por fim, a sexta necessidade é a de ter capacidade de sentir as emoções, de ter um “coração sensível”. “Estamos tão focados em questões de comportamento, de aprendizagem, de educação; em definir o que são traumas; que nos esquecemos do que são os sentimentos. As crianças estão a perder os sentimentos quando dizem ‘não quero saber’, ‘isso não me interessa’, estão a perder os seus corações sensíveis”, diz Neufeld.
Em resumo, é necessário que os pais criem uma forte relação emocional com os filhos, de maneira a que estes sejam saudáveis. Os pais são os primeiros e são insubstituíveis na educação dos filhos e são eles que devem ser responsáveis pelo seu desenvolvimento integral e felicidade. Se assim for, estarão também a contribuir para o bem-estar da sociedade.

Já gostei disso aí:


Chegou o ocaso, preparem-se

«Cada outono que vem é mais perto do último outono que teremos, e o mesmo é verdade do verão ou do estio; mas o outono lembra, por o que é, o acabamento de tudo, e no verão ou no estio é fácil, de olhar, que o esqueçamos. Não é ainda o outono, não está ainda no ar o amarelo das folhas caídas ou a tristeza húmida do tempo que vai ser inverno mais tarde. Mas há um resquício de tristeza antecipada, uma mágoa vestida para a viagem, no sentimento em que somos vagamente atentos à difusão colorida das coisas, ao outro tom do vento, ao sossego mais velho que se alastra, se a noite cai, pela presença inevitável do universo. Sim, passaremos todos, passaremos tudo. Nada ficará do que usou sentimentos e luvas, do que falou da morte e da política local.»

Bernardo Soares - Livro do Desassossego

Fonte:cachimbodemagritte.com

domingo, 18 de noviembre de 2012

Las raíces y los precursores del ‘boom’



Seguramente, lo peor de la expresión boom no es que sea un barbarismo sino que responde a un entusiasta error de percepción que llevamos camino de perpetuar. Cuando La ciudad y los perros obtuvo el Premio Biblioteca Breve de 1962, un miembro del jurado, José María Valverde, declaró: “Es la mejor novela española desde Don Segundo Sombra”. Esas palabras y su ratificación se reprodujeron en forma de un prologuillo que, impreso en páginas anaranjadas, acompañó la primera edición de la novela de Mario Vargas Llosa.
¿Era posible que entre 1926 y 1962 no hubiera habido una novela americana en lengua española que pudiera parangonarse con una y otra? Sin moverse de la Argentina natal de Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, y del mismo año de 1926 hallamos El juguete rabioso, que quizá sea la mejor novela de Roberto Artl, y Cuentos para una inglesa desesperada, que fue la revelación del joven Eduardo Mallea.
Y si abusamos de la vecindad rioplatense, todavía podríamos añadir los espléndidos cuentos de Los desterrados, del uruguayo Horacio Quiroga. Si miramos un poco hacia atrás, el año de 1924 ofreció La vorágine, de José Eustasio Rivera, referencia de la novela del selva, entre el arrebato y la denuncia, y si lo hacemos hacia adelante, el año de 1929 trajo dos estupendas narraciones venezolanas, la criollísima Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos (que Cela remedaría en La catira, por cuenta del dictador Marcos Pérez Jiménez), y la joya intimista de Teresa de la Parra, Memorias de Mamá Blanca, obra de una distinguida señorita que leía a Valle-Inclán cuando estudiaba en un colegio del Sagrado Corazón, de Godella (Valencia).
En 1933 —año de Écue-Yamba-O y Pedro Blanco, el negrero, de los cubanos Alejo Carpentier y Lino Novás Blanco (que era gallego de origen)—, un ensayista peruano y miembro del APRA, Luis Alberto Sánchez, propuso el título de un libro provocativo, América: novela sin novelistas. Pero aquel laborioso costalero del concepto de literatura americana sabía muy bien que no era así…

La literatura que cambió el español

1962 fue un año prodigioso para la literatura en español. En América Latina se celebró el Congreso de Intelectuales y se publicaron ocho libros clave: desde El siglo de las luces, de Carpentier, o La muerte de Artemio Cruz, de Fuentes, pasando por el premio Biblioteca Breve a La ciudad y los perros, de Vargas Llosa. Por eso es considerado el punto de arranque de lo que ha pasado a la historia como Boom.
Un motivo por el cual EL PAÍS publicará esta semana un especial en la edición impresa y digital titulado 50 años del Boom: La literatura que cambió el español. Escritores, críticos y periodistas de España y América Latina harán un recorrido por las raíces, los precursores, las influencias y la trascendencia de esos libros y escritores, así como la manera en qué cambió el negocio de la edición. Además de dos grandes encuestas: una con los lectores a través y el último día con una veintena de escritores y críticos de medio mundo.
En 1926 hubiera sido impensable la gaffe de Valverde porque muchos de los grandes libros americanos se habían impreso en España, el trasiego de viajeros transoceánicos era continuo y había críticos avisados. En España vivieron y publicaban los mexicanos Amado Nervo y Alfonso Reyes, habían residido Jorge Luis Borges, Augusto d'Halmar, Carlos Reyles y Vicente Huidobro, y si París era el imán de todos, Madrid o Barcelona podían ser un sucedáneo fácil. Desde los tiempos de Rubén Darío, los americanos miraron con benevolente superioridad a sus colegas peninsulares. En 1921, el joven peruano Alberto Guillén publicó un libro de entrevistas, La linterna de Diógenes, que no dejó títere con cabeza entre los escritores españoles del momento (Baroja y Azorín, sobre todo), aunque algunos (Pérez de Ayala) le rieron las gracias iconoclastas que, a veces, acertaban. Un poco antes, el editor de Hidalgo, Rufino Blanco Fombona, un pomposo escritor venezolano afincado en Madrid, había hecho algo parecido en las notículas de La lámpara de Aladino (1915). Y en 1927, Guillermo de Torre y Ernesto Giménez Caballero armaron un lío monumental cuando el primero reivindicó en La Gaceta Literaria (revista que reseñaba con tino todas las novedades americanas) un lema arriesgado, que todas las publicaciones americanas refutaron: “Madrid, meridiano intelectual de Hispanoamérica”.
Algo después de la rebatiña, en 1930, el conciliador ensayista dominicano Max Henríquez Ureña escribió un ensayo que daba nombre certero al intercambio de iguales: El retorno de los galeones. Miguel Ángel Asturias, que andaba estudiando etnología precolombina en París, publicó ese año Leyendas de Guatemala y tres más tarde, tenía ya escrito El señor presidente, que vio la luz en 1946. Y llegaron a España revolucionarios como los peruanos César Falcón y Rosa Arciniega y también César Vallejo y Pablo Neruda, que, en la huella de Huidobro, ejercieron un ascendente similar al de Darío en 1900.
Lo que vino luego fue el apagón que indujo la sombra siniestra de la Guerra Civil. Ante el franquismo, los americanos más significativos rompieron amarras con aquella desastrada Madre Patria y cobraron alguna importancia los pocos que eran favorables al franquismo: el viejo y errático José Vasconcelos, el impenitente Enrique Larreta y el católico y nazi Hugo Wast, así como el despistado fascistoide Pablo Antonio Cuadra o el juanrramoniano Eduardo Carranza, cuyos nombres decoraron el Instituto de Cultura Hispánica de 1946. En la España de entonces se seguía asignando a la literatura americana la función que ya Unamuno había solicitado en sus reseñas de libros para La Lectura a comienzos del siglo: el nativismo, lo folclórico, lo elemental y directo. Pero en la América de 1945 todo había cambiado. El latinoamericanismo resultó una invención fecunda: lo proclamó en 1949 Alejo Carpentier con su invención de lo real maravilloso y le dio cuerpo político urbi et orbi el Canto general (1950), de Pablo Neruda, donde la España inmemorial no salió muy bien parada. Hasta bien entrados los años sesenta los lectores españoles fueron tributarios de las excelentes ediciones argentinas que Losada, Sudamericana o Emecé hicieron de Joyce, Sartre o Faulkner, pero nadie leía los libros americanos de los mismos sellos, o del mexicano Fondo de Cultura Económica. Y nos perdíamos a Marco Denevi, Adolfo Bioy Casares, Arturo Uslar Pietri, Rosario Castellanos o Agustín Yáñez.
Apreciamos buenas novelas indigenistas y elementales como El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría, o Huasipungo, de Jorge Icaza, pero casi nadie supo de la perturbadora narración urbana El túnel, de Sábato, ni del nativismo simbólico de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, ni de la existencia de un lugar llamado Santa María, que había inventado Juan Carlos Onetti, todos en los años cincuenta. Ni siquiera se reconoció la maestría de Jorge Luis Borges, cuyo éxito internacional debió más a los franceses que a nosotros.
No había boom en 1962 y, a despecho de José María Valverde, que tantas otras cosas sabía y le debemos, sí hubo novelistas —y hubo novela: un designio general de hacerla— entre 1926 y aquella fecha. En ella, por ejemplo, se imprimió Sudeste, de Haroldo Conti, la enjuta y fascinante novela del delta del Paraná. Y Julio Cortázar dio Historias de cronopios y de famas; Alejo Carpentier, El siglo de las luces en edición mexicana, y Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz y Aura Y es que las máquinas de escribir en México o La Habana, Bogotá o Caracas, en Lima, Santiago o Buenos Aires, echaban humo. Y, cuatro años después, el chileno Luis Harss acertó a darle un título a todo ello: eran Los nuestros…
Fuente El pais

El Boom latinoamericano

. El boom ha tenido un efecto y una metástasis más allá de la novela, por supuesto, que ha sido de una contribución contundente en el hemisferio -y mucho más allá también-. En el cine, en el teatro, en la telenovela, y en la crónica periodística como género literario, podemos presenciar las múltiples enriquecedoras maneras en que la rotura de moldes sociales de los autores del boom ha contribuido a un canon cultural contemporáneo mucho más incluyente y abarcador. ¿Sería posible el boom actual de literatura entre los autores híbridos del poscolonialismo de la India y África -autores como Salman Rushdie, Zadie Smith, Hanif Kureishi, Chimamanda Ngozi Adichie, y Dinaw Mengistu- si no fuera por el boom latinoamericano de los 60? Lo dudo. El boom latinoamericano abrió la pauta y dio paso a un mundo literario internacional más incluyente, democrático y vibrante -más representativo- que el que había existido antes.
* Jon Lee Anderson (California, 1957) Periodista de The New Yorker, y colaborador de medios internacionales. Es autor de La herencia colonial y otras maldiciones (Sexto Piso) y La caída de Bagdad.
Fuente El Pais

A fatalidade da escolha

Um dos eternos debates em Educação, e também um dos mais acesos, centra-se na antinomia neutralidade ou intencionalidade. Opinam uns que o educador (entendido em sentido amplo) não pode escolher os caminhos que o educando (entendido também em sentido amplo) deve trilhar, porque é a este e não àquele que a educação diz respeito e beneficia. Dizem outros que o educador deve determinar que o educando terá de saber, ser, fazer, porque este, porque educando, não tem (ainda) capacidade de autodeterminação.

Nessa troca de argumentos, Agostinho da Silva apresenta uma tese tão simples quanto profunda: mesmo quem apregoe a neutralidade como princípio orientador da sua acção, o educador não pode fugir à fatalidade de escolher mesmo que seja a possibilidade de o educando a escolher o seu próprio caminho.

"Meu caro Amigo:

Do que você precisa, acima de tudo, é de se não lembrar do que eu lhe disse; nunca pense por mim, pense sempre por você; fique certo de que valem todos os erros se forem cometidos segundo o que pensou e decidiu do que todos os acertos, seles forem meus, não seus. Se o criador o tivesse querido juntar muito a mim não teríamos talvez dois corpos distintos ou duas cabeças também distintas.

Os meus conselhos devem servir para eu você se lhes oponha. É possível que depois da oposição venha a pensar o mesmo que eu; mas nessa altura já o pensamento lhe pertence. São meus discípulos, se alguns tenho, os que estão contra mim; porque esses guardaram no fundo da alma a força que verdadeiramente me anima e que mais desejaria transmitir-lhe: a de se não conformarem.

A réplica, como você já está vendo, também é fácil; se o meu desejo é sempre de que se não conformem, se quero neles a mesma força que existe ou desejaria que existisse, sou tão inquisitorial como qualquer outro. Todo o mestre (deixe-me pôr o caso como que impessoalmente e sem de modo algum pretender ser mestre), todo o mestre quer os seus discípulos iguais a ele, mesmo quando parece dar-lhes a maior liberdade.

Dirá o Luís que seria talvez o modelo de mestre o que, por exemplo, não ser do tipo conformado os reconhecesse e quisesse a todos, de qualquer tipo que eles fossem; agora ponho eu objecções: querer tudo, tudo aceitar mas de dentro, sinceramente não apenas em palavras ou em atitudes de superfície não é ser conformado nem o contrário. Não é não ser nada: é ser tudo, como Deus. Claro está que Deus é o grande mestre: chove sobre o justo e o injusto. Mas nos mestres da terra, se não os alargarmos às proporções divinas, isto é, se os não fazemos desaparecer, há sempre uma semente de tirania.

Se sou mestre, não posso fugir à fatalidade. Supostamente, a tirania do contra agrada-me mais do que a tirania de seguir. Oponha-se sempre que possa. Dar-lhe-ei o conselho de se opor, mesmo quando lhe parece que tenho razão? Não me parece mau como exercício. Mas as melhores ginásticas deformam, se são um vício ao contrário. Não andar pouco, não andar muito. Toda a vida bem vivida, harmoniosamente vivida, vivida sem faltas, sem medidas, com felicidade, com serenidade, é uma vida medíocre. Tudo o que passe do medíocre tem em si o excesso e o erro.

Feche, pois, os ouvidos ao que lhe ensino, se alguma coisa lhe ensino; faça a viagem por sua conta e risco, você mesmo ao leme; se tivermos naufrágio, far-lhe-emos uma Elegia Maritima: duas páginas de versos todos cheios ao ritmo das vagas e desse estranho soluçar do vento nos altos mastros do navio."

Agostinho da Silva

In. Sete cartas a um jovem filósofo. Ulmeiro, pp. 39-4
Retirado_copiado  aqui
Fonte http://dererummundi.blogspot.pt/2012/11/a-fatalidade-da-escolha.html

Comento: sem saber o que dizer a minhas filhas......

Diálogo Mario Vargas Llosa - Gilles Lipovetsky




La civilización del espectáculo

Mario Vargas Llosa inaugura El Canon del Boom