viernes, 27 de diciembre de 2013
Ptolomeo en la era de Google Maps
Al principio, un estudioso en la biblioteca de Alejandría, un siglo
después de Cristo. Al final, de momento, usted, o más bien esa luz
parpadeante que le representa en una pantalla. Y en medio, entre el
primer geógrafo moderno —Ptolomeo— y la aplicación de Google Maps en los
móviles inteligentes, la historia de los mapas: dos milenios de
aventuras, verdades y mentiras que matan. A ella, y a su importancia,
están dedicados dos libros de publicación reciente que devuelven la
geografía a los focos (y a los que se podría sumar un tercero: Historia de las tierras y los lugares legendarios, de Umberto Eco). En el mapa
(Taurus), de Simon Garfield, tira de anecdotario e historiografía para
narrar, fiel a su subtítulo, “cómo el mundo adquirió su aspecto”.
Mientras tanto, La venganza de la geografía (RBA), de Robert D. Kaplan, ahonda en la relevancia de los asuntos geográficos para las crisis políticas y económicas.
“Casi 2.000 años después todavía hacemos mapas. Para no perdernos y porque queremos descubrir cosas nuevas. La ambición y el intento de exactitud son los mismos que entonces”, asegura Garfield
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“Casi 2.000 años después todavía hacemos mapas. Para no perdernos y porque queremos descubrir cosas nuevas. La ambición y el intento de exactitud son los mismos que entonces”, asegura Garfield
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jueves, 26 de diciembre de 2013
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Adelia Prado.
Senha
Eu sou uma mulher sem nenhum mel
eu não tenho um colírio nem um chá
tento a rosa de seda sobre o muro
minha raiz comendo esterco e chão.
Quero a macia flor desabrochada
irado polvo cego é meu carinho.
Eu quero ser chamada rosa e flor
Eu vou gerar um cacto sem espinho.
Eu sou uma mulher sem nenhum mel
eu não tenho um colírio nem um chá
tento a rosa de seda sobre o muro
minha raiz comendo esterco e chão.
Quero a macia flor desabrochada
irado polvo cego é meu carinho.
Eu quero ser chamada rosa e flor
Eu vou gerar um cacto sem espinho.
O amor tomava a carne das horas
e sentava-se entre nós.
Era ele mesmo a cadeira, o ar, o tom da voz:
Você gosta mesmo de mim?
Entre pergunta e resposta, vi o dedo,
o meu, este que, dentro de minha mãe,
a expensas dela formou-se
e sem ter aonde ir fica comigo,
serviçal e carente.
Onde estás agora?
Sou-lhe tão grata, mãe,
sinto tanta saudade da senhora…
Fiz-lhe uma pergunta simples, disse o noivo.
Por que esse choro agora?
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