sábado, 11 de abril de 2009

“Contemplaciones –sobre la historia, el arte y la cultura de la Semana Santa en Guatemala”.


Constituida como una de las máximas expresiones de la cultura popular en Guatemala, la Semana Santa ha sido recientemente reconocida como un Patrimonio Cultural intangible de la Nación. La resolución nació de la iniciativa de la editorial Punto 3, Relaciones Públicas, a partir de un proyecto que con el tiempo desembocaría en el libro Contemplaciones – historia, arte y cultura de la Semana Santa guatemalteca– que se presenta hoy en el patio del Palacio Nacional de la Cultura a las 18:00 horas.
Patrimonio intangibleA nivel de proyecto, el libro Contemplaciones fue presentado a varios investigadores de las ciencias sociales en Guatemala, y con su apoyo se presentó, también, a la sede en Guatemala de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Esta institución aportó el financiamiento para la realización de la parte investigativa del libro, con vistas a fundamentar en un futuro la proclamación de la Semana Santa guatemalteca como Patrimonio Intangible de la Humanidad. Previo a esto se debía de lograr que el Estado de Guatemala oficialmente la declarara como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación. La investigación dio como resultado un documento –que constituye la columna vertebral del libro Contemplaciones– que fue presentado ante el Ministerio de Cultura y Deportes, y que sirvió de base para el Acuerdo Ministerial Número 560-2008 por el cual se reconoce el derecho que tienen las personas y las comunidades a su identidad cultural de acuerdo a sus valores y tradiciones, y se declara a la Semana Santa guatemalteca como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación. El acto tuvo lugar en el Salón de Recepciones del Palacio Nacional de la Cultura el 4 de septiembre de 2008 y fue presidido por el presidente Álvaro Colom y Katherine Grigsby en representación de UNESCO.
El documento textual de Contemplaciones fue complementado con material gráfico, que se logró a partir de varias fuentes. Una de ellas fue la realización del certamen fotográfico Guatemala Penitente y Festiva que convocó a más de 200 fotógrafos profesionales y no profesionales. Otra, fueron las sesiones fotográficas realizadas por Renato Mazariegos, a pinturas y a imágenes de la pasión. Hubo también aportes de colecciones particulares y, por último, el rescate del archivo del desaparecido Diego Molina, quien dedicó gran parte de su trayectoria como fotógrafo a retratar manifestaciones de la cultura popular guatemalteca.En las 328 páginas del libro Contemplaciones se analizan, entre otras materias, los orígenes de la Semana Santa en el país, las imágenes más representativas, las manifestaciones populares, la música y la literatura.

Fuente El Periodico

jueves, 9 de abril de 2009

Leer sin papel.

La lectura de textos digitales en pantallas de ordenador, teléfonos y libros electrónicos ofrece ventajas e inconvenientes respecto al modo tradicional. Modificará nuestros hábitos y su avance parece imparable
JOSÉ ANTONIO MILLÁN

Cuando le preguntaron a un especialista cuál sería el futuro del libro contestó: "Si por libros entendéis nuestros innumerables cuadernillos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, reconozco francamente que creo que la invención de Gutenberg caerá más o menos próximamente en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales". Terrible predicción... que fue formulada hace más de un siglo, en 1894. Lo que entonces se suponía que iba a terminar con la lectura en papel era la grabación fonográfica.
Leer es una actividad neurológicamente complejísima. Lo hacemos con todo el cuerpo
Hay estudios que describen a lectores de 'web' como "promiscuos, diversos y volátiles"
Cien años después nunca ha habido más libros, pero ahora se anuncia que lo que va a desplazar al papel es la lectura en pantalla: en ordenador, en teléfonos avanzados o en esos aparatitos llamados lectores de e-books, libros-e o (como acaba de proponer el académico Darío Villanueva) portalibros.
Nadie sabe a ciencia cierta qué nos deparará el futuro, pero de momento el avance de los textos digitales ha provocado una extraordinaria cantidad de reflexiones y estudios sobre la lectura. Y de ellos podemos concluir que leer en papel es una operación muy diferente de la lectura en pantalla: mucho más de lo que podría parecer.
Y es que leer no es sólo acceder con los ojos al texto. Si así fuera, lo más cómodo sería un artefacto por el que fueran desfilando las letras (al modo de los textos que corren en las marquesinas), como en el cuento de Isaac Asimov que transcurre en 2157. Su protagonista recuerda: "Había una época en que los cuentos estaban impresos en papel. Era divertidísimo leer palabras que se quedaban quietas en vez de desplazarse". Es difícil que llegue este libro futuro de palabras móviles porque el lector común no lee letra a letra ni palabra a palabra sino que se administra a bloques, mediante saltos de los ojos, las porciones de texto que va descifrando.
Pero, ¿y la tinta electrónica?, ¿y esos dispositivos (como el Kindle, el Sony o el iLiad) que presentan página a página de quietas palabras, en condiciones casi perfectas de legibilidad? ¿No será lo mismo leer en ellos que leer en un libro o un periódico de papel? Sorprendentemente, no.
Los últimos siglos la lectura ha estado asociada a unos soportes materiales y a una serie de prácticas ligadas a ellos. Lo primero de lo que nos informa la obra en papel es de su tamaño: una novela o un manual de 700 páginas no encierra las mismas promesas que su equivalente de 150. Cuando las páginas que quedan por leer a la derecha del volumen forman un pequeño bloque, sabemos que ese encuentro de los protagonistas ha de ser el último que presenciemos, o que el autor considera que ya sabemos casi todo respecto a la materia que estudiamos.
Pero los artefactos lectores presentan idéntica apariencia para obras enormes o diminutas. Sí: indican de distintas maneras lo que llevamos leído en relación a lo que falta, pero eso nos informa de un modo sorprendentemente pobre sobre nuestra relación con la obra.
Los lectores electrónicos además aplanan el texto, suprimiendo las distinciones tipográficas y espaciales que lo jerarquizan a los ojos del lector. Hay que señalar que aquí radica también una de sus ventajas, porque permiten aumentar el tamaño de la letra para lectores con problemas de visión. Pero en productos textualmente complejos como los periódicos la jerarquización tipográfica es vital. El poeta experimental Kenneth Goldsmith creó la obra Day (2003) reescribiendo en un tamaño de letra uniforme la totalidad del ejemplar de diario The New York Times del 1 de septiembre de 2000, incluidos anuncios y cotizaciones de Bolsa. La resultante fue un tomo de 836 páginas tamaño folio. ¿Un solo ejemplar de un periódico contenía tanto texto como un novelón? Sorprendentemente sí, pero sobre el papel la disposición espacial y los tamaños de letra van diciendo al lector qué importancia y uso tiene cada texto: éste para lectura, éste para hojeo, éste sólo para consulta.
Otra cuestión que rompe con hábitos culturales sólidamente asentados es el hecho de que dentro del e-book convivan muy distintos libros. En la experiencia común, un tomo podía agrupar diferentes obras siempre y cuando tuvieran algo que ver entre sí, como ocurre en una antología o las comunicaciones de un Congreso. Pero mi e-book contiene un par de novelas de Galdós, otra de Neal Stephenson, los manuales del aparato, distintas selecciones de prensa del día, varias traducciones de la Biblia y una extensa convocatoria del BOE.
¿Perdemos algo leyendo en pantalla? William Powers, columnista de la revista estadounidense The Nation, llamaba recientemente al papel "el arma secreta de los periódicos": "La mayor fuerza del papel reside en el hecho de que la mente se asienta en un estado de tranquilidad apaciguada que da lugar a reflexiones más acertadas. Ese estado es mucho más difícil de lograr cuando se lee en formato digital donde la información es infinita y donde existen tantas actividades posibles en cualquier momento".
En efecto: hay estudios que describen a los lectores de páginas web, incluso académicos, como "promiscuos, diversos y volátiles", por su hábito de "picoteo" de páginas, lectura parcial y cambio frecuente de objeto. No es extraño que surjan programas que, como Readability, despejan el contenido de una página web retirando todo lo que rodea al texto central (propuestas de otras lecturas, anuncios, barras de navegación), con el objeto de que el lector se concentre.
El papel, por el contrario, ata al lector a una obra determinada, pero eso no es necesariamente malo. Encerrados en un vagón de ferrocarril con un único libro, se nos plantea el reto de proseguir su lectura, aunque sea compleja, mientras que situados ante una proliferación de obras podríamos saltar a otra, y de ella a otra más, sin nunca terminar ninguna... El papel también hace nuestro lo que leemos, a través de subrayados y anotaciones, operaciones imposibles o muy engorrosas sobre textos digitales.
No es extraño que cambios aparentemente menores en la práctica lectora (como leer en un soporte material o en uno virtual) tengan consecuencias notables. La lectura es una actividad neurológicamente complejísima. Una obra reciente de la psicóloga Maryanne Wolf, Proust y el calamar, nos recuerda que el acto de lectura no es natural: en él confluyen mecanismos cerebrales surgidos evolutivamente con otros fines, y de hecho el aprendizaje de la lectura cambia el cerebro del sujeto que la practica, hasta tal extremo que lo configura de una determinada manera si lee en caracteres alfabéticos (como el español) y de otra si lo hace en ideogramas chinos.
Por otra parte, la especialista Anne Mangen nos recuerda "el papel vital de nuestros cuerpos, incluso en una actividad tan aparentemente intelectual como la lectura": leemos con todo el cuerpo, y sobre todo con las manos y los dedos. Y también sabemos desde el Renacimiento que leemos en el espacio: quien haya preparado una tarea intelectual distribuyendo libros abiertos, obras de consulta y esquemas por la mesa de trabajo sabe lo difícil que es organizar y percibir la multiplicidad dentro de una pantalla. El lector como un homúnculo que se asoma por las ventanas de los ojos a la ventana de la pantalla es una construcción irreal y reduccionista.
Bienvenidos sean los libros electrónicos, que nos permitirán leer documentos larguísimos sin imprimirlos, y buscar palabras en sus páginas. Bienvenida sea también la lectura en la pantalla del ordenador, porque en muchos casos constituirá la única opción para leer obras a las que si no no podríamos acceder. Pero podemos estar seguros de que esta lectura nunca será "lo mismo" que la que habríamos llevado a cabo en papel: podrá ser suficiente para nuestros fines, podrá ser placentera, pero nunca será igual. Y sólo ahora estamos empezando a descubrir de qué maneras.
José Antonio Millán es escritor y coordinador del informe La lectura en España.
Fuente El Oaís

miércoles, 8 de abril de 2009

De Gabilondos y Kipplings...y "romanos" por supuesto!

Dos hermanos, dos Gabilondo. Se lo propusimos a Ángel, de 57 años, filósofo metafísico, rector de la Autónoma de Madrid: le daba pudor. Iñaki, de 64 años, comunicador, director del informativo de Cuatro, dijo que sí, pero mantuvo el mismo aire de familia, el pudor. Se encontraron en el hotel Santo Mauro, en Madrid, y tomaron té. Unos amigos.


Ángel. Cómo estamos de salud, en general, todos...
Iñaki. Pues muy mal. La sociedad tiene bulimia, le produce un estrago enorme el estómago social.
Ángel. Corremos el riesgo de que aparezcan políticos higienistas; hay que cortar aquí y a lo mejor habría que ir a otro concepto de salud. A mí me parece que falta amistad y comunicación. Conozco gente que no tiene ninguna enfermedad pero que no tiene salud. Hay un problema de educación, de cultura y de salud.
Iñaki. Yo te oigo decir que lo que ha salido mal es la educación. Me sorprende el camino que estamos recorriendo hacia el galopante analfabetismo.
Ángel. Hacen falta personas que copen determinados espacios públicos, ejemplares, con capacidad de liderazgo, que crean lo que dicen, que vivan de acuerdo con lo que piensan.
Iñaki. Pero eso depende de qué modelo esté en vigor y hay muchas referencias. En este momento todas están suscritas al éxito. Los grandes deportistas, por ejemplo. No es que exista Alonso, es que Alonso gana.
Ángel. Vamos a hablar de los romanos.
Iñaki. Yo soy muy romano.
Ángel. El olor de los naranjos, la sensualidad: todo eso te hace menos peligroso. La gente que no disfruta el placer es muy peligrosa.
Iñaki. El Epicuro correcto, el que nos enseña Emilio Lledó [filósofo sevillano].
Ángel. Existe gente que me resulta atractiva porque en el contexto en el que están no pueden ser clasificados, crean mundos distintos.
Iñaki. Lo asombroso es que la gente no sea toda así. Pero si en el año 2000 después de Cristo todavía no nos hemos enterado de qué vamos a morir. ¿Qué más datos necesitamos para saber que nos vamos a morir? Eso relativiza.
Ángel. Yo creo que cuando vives le das intensidad a la vida tomando este café. Lo experimentas de una manera tan importante que el hecho de ser mortal le da al instante eternidad.
Iñaki. A mí no me importa morirme, lo que me importa es no saber vivir. Y es imposible no saber vivir si no eres consciente de que te vas a morir. El éxito y el fracaso son dos impostores. ¿En el mundo en que vives habláis de estas cosas habitualmente?
Ángel. No tanto.
Iñaki. Cuando en una reunión surgen estos asuntos, la gente te mira como si estuvieras metiendo mano a una niña de 12 años. Hay un pacto para vivir en la superficie. No es moderno.
Ángel. Padecemos una absoluta soledad; uno debate sus propias cuestiones porque no tiene con quién conversar. Es imposible la amistad intensa con alguien, todo está lleno de conocidos.
Iñaki. Una cosa divertida sería hablar de la familia.
Ángel. A ver si va a ser esto un gabilondeo.
Iñaki. Nosotros somos muchos hermanos, todos muy trabajadores: quisiera saber qué nos traspasaron nuestros padres.
Ángel. Yo creo que la educación es contagio. Se suele hablar de un aire, un aire de familia. Un lugar donde compartes. Eso es ética. La ética es un espacio. Ethos significa espacio, la madriguera donde están todos los animalitos juntos.
Iñaki. Si actualmente damos por sobreentendido que la relación con los hijos es un proceso dificilísimo, una técnica, en nuestra casa nunca nadie dijo una palabra sobre estas cosas y nos sentimos herederos de algo de eso.
Ángel. Querer es que alguien entregue su propia vida por otro. Nuestros padres siempre estaban, siempre volvían. Siempre supimos que al abrir el armario, la nevera, nunca faltaría nada. Eso produce una estabilidad afectiva y una dimensión comunitaria. Para mí, vivir, es vivir con otro.
Iñaki. Nadie solo es un individuo.
Ángel. Y ahora que ya no somos jóvenes, la idea de orfandad. Te quedas huérfano y te falta esa llamada, un referente.
Iñaki. Es verdad. Cuando murió nuestra madre, a mis hijos, cuya madre había muerto cuando ellos eran pequeños, les dije que ellos se habían sentido como unos pollos perdidos y yo, cuando ella se murió, me sentí huérfano. ¿Sabes qué ocurre? Que ahora me gustaría hablar con mi padre de mayor a mayor.
Ángel. A mí también. Ahora entiendo por qué me parecían guapos y presumidos: hay que ponerse en la pelleja de tener 40 años y verte rodeado de hijos.
Iñaki. A nuestro padre lo atropelló la vida. Se sintió decepcionado por muchas cosas y se fue retirando. Se murió poco a poco, cuando le dio la gana.
Ángel. A ti te podría pasar eso.
Iñaki. Perfectamente. Empezó a retirarse, pero ya estaba allí. No se sabe muy bien por qué se murió.
Ángel. ¿Te estaba pasando eso a ti?
Iñaki. Me estaba pasando antes de ponerme enfermo, me estaba pasando eso.
Ángel. No tiene que ver con la profesión.
Iñaki. Lola [Lola Carretero, esposa de Iñaki], que lo sabe, me decía: "Ten cuidado, tú eres de los que no salen, te quedas aquí en el cuarto y un buen día...". Esa sensación la percibí, pero tuve un chute, una activación de las ganas de vivir.
Ángel. En la radio te habías encontrado a ti mismo, y en un momento determinado haces una audacia juvenil, que es quizá la suma de la madurez y un acto de libertad consciente, pero había algo de despedida en tu marcha de la radio.
Iñaki. La salida de la radio ha sido un alivio. Había dos peligros, una vida como un trapense y un enconamiento que no me hacía feliz. Iba la cosa muy bien, pero entre todos me estaban empujando a ser estandarte y no me habían preguntado si ésa era la vida que quería vivir. Yo no he vuelto a la SER todavía, no he vuelto a Gran Vía, pero me alivié.
Ángel. Cuando hablo de retirarse, hablo de irse a la mitad, no al final: una copa de buen vino, un libro, un poco de música, que huela bien, que no llevemos mucha ropa...
Iñaki. En eso tengo mucha capacidad de construir atmósferas gratas.
Ángel. ¿Y crees que en el norte somos un poco así pero que nos da miedo?
Iñaki. ¿Tú conoces algún sitio más goloso que Donosti?
Ángel. La percepción de un pueblo con esa sensualidad que a veces no se atreve a dar.
Iñaki. Respecto al proceso de paz, creo que estamos en vísperas de un gran cambio. Primero vendrá la eliminación de la violencia; segundo, la recuperación de la convivencia y una vida más dulce. Hemos sufrido una enfermedad moral. Me acuerdo cuando ETA no existía. He visto el proceso entero, cuando comenzó, y cómo va a acabar. La degradación moral que significa la aceptación de la violencia como fórmula para influir en decisiones políticas es tan grave que tardaremos tiempo en recuperarnos.
Ángel. ¿No crees que no basta el liderazgo político? Tiene que aparecer la sociedad civil con toda su contundencia. Hay que ganar esa luz, en comunicación, valores, amistad. Retomar la salud social, porque teníamos esta enfermedad, y tengo el temor de que no estemos a la altura de las circunstancias.
Iñaki. Yo tengo un enorme temor, el de la dificultad. Que un partido como el PP diga que esto es una traición ya nos anuncia que será la escalada del Everest. ¿Qué ley resuelve todo? O nos matamos o nos reconciliamos. O trasladamos el juego de Capuletos y Montescos a otra generación y a 50 más o acabamos con esto. La historia nos ha enseñado que se acaba con grandes decisiones, o si no, estaríamos en la guerra del Peloponeso.
Ángel. La última pregunta. ¿No te vas a dedicar a la política? ¿Qué le dirías a la gente que quiere políticos parecidos a ti?
Iñaki. Yo no me creo que nadie diga eso. Yo no valgo para eso. No tengo capacidad para integrarme en ningún grupo ideológico, ni me siento capaz de dar recetas a sus necesidades. Creo que las recetas no están en la suma de todos ni en uno solo. Nada más imposible que yo me dedique a la política. Me resulta imposible. Conozco tanto a los políticos... No, no. En cambio, en el circo, a lo mejor.
Fonte El Pais