sábado, 13 de octubre de 2012

¿Quién financia a un ornitorrinco?

Un ornitorrinco es un mamífero del tamaño de un conejo y con boca de pato que se alimenta de larvas, insectos y pececillos. Además vive en Australia. Ese animal tan raro le ha servido al escritor Juan Villoro para definir la naturaleza heterodoxa de la crónica, un género periodístico con boca de conejo y tamaño de pato que abunda en América Latina. Tiene según él la subjetividad de la novela y su capacidad de narrar, la veracidad del reportaje, el sentido dramático y circular del cuento, el juego de preguntas y respuestas de la entrevista, la variedad de voces del teatro, la primera persona de la autobiografía y el potencial del ensayo para argumentar y para asociar conocimientos.
En México DF la Fundación Gabriel García Márquez ha celebrado esta semana el Encuentro Nuevos Cronistas de Indias 2, un foro que ha reunido a más de 80 reporteros y editores de Iberoamérica para hablar del ornitorrinco del periodismo, la crónica, sobre su esencia híbrida y sobre el paradójico estado en que se encuentra, a medias entre el prestigio cultural y la mendicidad editorial.
Fonte El Pais
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miércoles, 10 de octubre de 2012

da Série Acho Chique

Este arranjo de flores e pimenta bem poderia fazer parte da série Acho Chique! by Ines Carvalho.

Questao de fé

Diz-se que é uma  questão de fé  quando  não importa se um fato é verdade ou não, mas sim quem o disse e por que.

martes, 9 de octubre de 2012

Carlos Fuentes é celebrado em Brown University



Con el coloquio Carlos Fuentes sin fronteras, la Universidad de Brown inició este lunes su particular homenaje a la figura del fallecido escritor mexicano (1928-2012), íntimamente ligado al prestigioso centro universitario del que fue profesor visitante durante los últimos 16 años. En la primera jornada fueron antiguos alumnos de Brown, que asistieron a las clases que Fuentes impartía cada primavera, quienes abordaron la universalidad del autor a través de algunas de sus novelas; el martes glosarán la influencia de su obra colegas de profesión –tanto académica como literaria- como Jorge Volpi, Dulce María Zúñiga, Enrique Cortez o Beatriz Pastor. El expresidente chileno, Ricardo Lagos, será el encargado de clausurar el encuentro con una ponencia sobre el peso intelectual del autor de La muerte de Artemio Cruz.
“Fuentes dotó de un carácter afectivo a la visión que Brown tenía sobre América Latina”, explica sobre la impronta que dejó el escritor en esa universidad el profesor Julio Ortega, su amigo y biógrafo. “Demostró a los estudiantes que la literatura es un mecanismo común de humanización, que se trata de un proceso de universalización”, puntualiza Ortega, parapetado tras la pila de libros que se amontonan en su despacho del Proyecto Transatlántico que dirige.

Fuentes mostró a los alumnos que la literatura no tiene trincheras, les descubrió la existencia de raíces comunes entre la narrativa de Faulkner y el realismo mágico, la conexión entre el estilo gótico de Poe con la fantasía de los escritores del Boom”
Julio Ortega
 
Esa visión de Fuentes sobre el rol integrador del lenguaje, en particular, y de la literatura, en general, es la que subyace y vertebra el coloquio de dos días que Brown dedica a la trayectoria vital y creativa del autor mexicano. “En Estados Unidos las fronteras son físicas pero también imaginarias, los prejuicios, la ignorancia, levantan muros más altos que las vallas de las aduanas”, indica Ortega, “Fuentes mostró a los alumnos que la literatura no tiene trincheras, les descubrió la existencia de raíces comunes entre la narrativa de Faulkner y el realismo mágico, la conexión entre Toni Morrison o el estilo gótico de Edgar Allan Poe con la fantasía de los escritores del Boom”, señala.
Un ejemplo de esa universalidad a la que alude el profesor Ortega queda reflejada en la disparidad de nacionalidades de los ponentes intervienen en el homenaje de Brown. Alumnos procedentes de Venezuela, México, Perú, Estados Unidos o Alemania, profesores originarios de Rumanía, España o, de nuevo, México y EE UU, demuestran la vocación panhispánica y cosmopolita que habita la obra de Fuentes. “Siempre estuvo en contra de la balcanización de la novela latinoamericana, su lenguaje es transnacional”, explica la venezolana María Fernanda Lander, editora de Gringo Viejo, la obra inspirada en el periodista y escritor estadounidense, Ambrose Bierce, desaparecido en México tras unirse en 1913 al ejército de Pancho Villa, que el autor escribió en 1985.

Con sus novelas y ensayos, Fuentes se propuso desentrañar la idiosincrasia de su país y de la civilización mexicana, pero lo hizo con una visión crítica global, siguiendo, quizás, la máxima de su mentor, el humanista mexicano Alfonso Reyes, de que “para ser provechosamente nacional, hay que ser generosamente universal”. Esa universalidad se conmemora estos días en Brown, a donde Fuentes acudió el pasado 10 de abril de este año, apenas un mes antes de su repentino fallecimiento en México el 15 de mayo, precisamente para participar en la Conferencia de Estudios Transatlánticos, que cada edición reivindica la transnacionalidad de la lengua española.
fonte El pais

Feira de Frankfurt

La Feria de Francfort lleva varios años afilando dos puntas de lanza: la formación e información privilegiada y las sinergias de contenido del brazo del mundo digital. Ratifica el primer ámbito que casi un tercio de los acontecimientos que tienen lugar en la Buchmesse (1.100 convocatorias) sean paneles y seminarios (casi todos, exclusivos) donde los grandes gurús del sector muestran powerpoints por cuya información editores, agentes y fabricantes tecnológicos están dispuestos a pagar los siempre elevados precios de inscripción. Crece, pues, una parte académica de la feria.
La otra gran obsesión del equipo que capitanea Jürgen Boos es enlazar el mundo del libro con el del digital y convertir el evento en un obligado puente de trasvase de contenidos del papel a cualquier formato imaginable, del cine a una tableta; y ahí entran todo tipo de aplicaciones, videojuegos… Entre los organizadores lo han bautizado como “cooperación crossmedia” y el máximo exponente de ello es el StoreDrive Bussiness Center, creado hace solo dos años para sustituir el ya obsoleto rincón especializado en venta de derechos de libros al cine. Eso es puro pasado. “Maximice su historia; maximice su negocio”, reza uno de los epígrafes de los eventos que acoge StoreDrive. Pero toda la feria está ya impregnada de esa filosofía: aproximadamente medio millar de convocatorias son de temas digitales, lo que hace las delicias de unos participantes la mitad de los cuales (47%) ofrecen ya productos para ese formato. Con esas coordenadas, no es de extrañar que el ámbito dedicado a las agencias literarias no pare de crecer y sobrepasase ya el año anterior las 524 firmas presentes.
Fonte El pais

Europa , o Publico e o Privado

¿Cómo ve el aluvión de recortes, la desaparición de instituciones, festivales...?
R.- Tenemos que tener una conciencia muy clara de que esta es una época de reducir y de ahorrar en muchas cosas y en la que lo que tenemos que salvar son otras cosas fundamentales, porque esa es la diferencia del modo de vida europeo en el que hemos querido estar. Yo he vivido una parte de mi vida en Estados Unidos y sé perfectamente lo que es estar en un país en el que todo es privado. Los europeos necesitamos cobrar conciencia de lo público, de lo que va de la plaza a la biblioteca y al hospital. Son cosas que se vuelven normales y perdemos de vista el valor que tienen. Me escandaliza que se reduzca todo eso. De todas formas, no me gusta ser pesimista, hay que denunciar los desastres pero no convertirse en un desastre uno. Hay que poner los cinco sentidos en lo que tenemos que hacer, ser los primeros en respetar lo que tenemos, porque hay cosas que no se pueden perder. Sin ellas se perdería el sistema democrático.
Fonte El Mundo.es

lunes, 8 de octubre de 2012

El archivo personal de Muñoz Molina en la Biblioteca Nacional

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) presentó hoy la donación de sus archivos personales a la Biblioteca Nacional de España: documentos, borradores de sus novelas, poemas inéditos de juventud y una obra de teatro sin publicar. El autor de obras como El jineto polaco, Plenilunio, Sefarad y La noche de los tiempos donó las piezas en enero pasado pero hoy lo ha hecho oficial en un acto donde conversó con el periodista Manuel Rodríguez Rivero
Estas donaciones constituyen una importante iniciativa para resguardar y conservar el archivo personal del escritor y académico, facilitando su investigación actual y asegurando que pueda ser consultado en el futuro.
Todo comenzó hace un par de años. La directora de la BNE, Glòria Pérez-Salmerón, envió varias cartas a escritores invitándoles a que entregarán sus papeles para facilitar la labor de los investigadores. Cuando Muñoz Molina recibió esta misiva estaba fuera de España: "Me pareció una idea estupenda". El autor de Sefarad añade que esa petición y "el recuerdo de una entrevista del escritor británico Alan Bennett en la que decía que había donado sus papeles" le sirvieron para tomar una decisión. "Se trata de un acto de restitución a la sociedad. Yo soy militante de lo público, de la educación y sanidad públicas, y en vez de vender los documentos preferí donarlos. La Biblioteca Nacional me parece el lugar donde mejor pueden estar, para que los consulten los especialistas".
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Botero y la pintura

Botero sigue en activo, siguiendo el camino que abrió hace más de 50 años, ajeno a las tendencias fiel a la pintura-pintura, de pincelada fina y composiciones exuberantes. Su ultima serie esta dedicada al vía crucis. "En el arte del siglo XXI se ha tratado de reemplazar la pintura con otras manifestaciones", reflexiona. Pero a Botero le parece que el vídeo está más cerca del cine y las instalaciones, del teatro. "A la pintura le queda trayectoria ¿por qué reemplazarla?"
Fonte El pais
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THE GREATEST



domingo, 7 de octubre de 2012

Más allá de las partituras

Encontrar y ahondar en las jerarquías sociales, montar desajustes económicos, quebrar sistemas con desigualdades configura nuestra mente de una manera un tanto pérfida y viciada. ¿Y si con la música hacemos un esfuerzo y no caemos en determinados vicios? Imaginen, como diría John Lennon, que no existe el paraíso. Resulta fácil si nos ponemos a ello. Ni tampoco el infierno… Que no hay simas, que no hay diferencias, que todo, en lo que se refiere a ese arte, viene de una imbricada y sutil conexión entre el alma, el sentido, el sentimiento y el intelecto…
Así trata de explicar la música Alex Ross, limpiando las fronteras. El crítico de The New Yorker consiguió en El ruido eterno raptar nuestra atención para la lectura y mostrarnos fuera de santidades, elitismos y clichés, alejado de los prejuicios y pegado escrupulosamente a la singularidad de los contextos, lo que aconteció creativamente entre los compositores del aparentemente arduo e indescifrable siglo XX. Y lo hizo con un rigor encomiable, con una altura de miras ambiciosa, pero con una capacidad de comunicación muy efectiva que convirtió el libro en superventas.
En su anterior ensayo, Alex Ross trazaba un recorrido fascinante por ese mundo desde que Richard Strauss estrenara su impactante Salomé hasta nuestros días. Ahora, en Escucha esto (Seix Barral), el escritor va más allá de las barreras impuestas y los géneros. Ahonda en la finísima línea que fluye y conecta de manera fascinante los cinco siglos que aparentemente separan a Monteverdi de Björk o a Bach de Led Zeppelin y a Vivaldi de Radiohead. ¿Alguien lo duda? Pues lo prueba.
Sin límites, sin exclusividades, derribando la premisa de que existen músicas superiores o más complejas que otras. No hay clases. Históricamente. Entre el barroco y el rock, entre el Renacimiento y el pop, entre los alardes románticos de Schubert y Beethoven, y el jazz o el blues, todos somos más o menos iguales.

“Vivimos un cambio profundo. Con todo
lo que guardamos
en nuestros aparatos, podemos trasladarnos
de un género a otro
con un clic”
Al fin y al cabo, venimos de la chacona. Es decir, de un baile popular elevado a los escenarios y santificado ahora por los atentos silencios de los públicos más exclusivos cuando suena desde la caja de un chelo en una suite de Bach. Pero por mucho que algunos paguen a 120 euros la entrada por disfrutar de una chacona y sea el colmo del refinamiento, esa música tiene un origen bastardo. Bach adaptó un estilo que en su día, allá por 1598, el soldado Mateo Rosas de Oquendo, después de haber pasado una década en Perú, incluyó en una lista que agrupaba dentro de las cosas con nombres que el demonio había designado. Eso fue en sus orígenes la perversa y pecaminosa chacona.
Desde esa raíz hasta nuestros días, esa danza ha efectuado un viaje interestelar a través del tiempo hasta poder apreciarse en conciertos de rock o melodías de Broadway. En un solo de guitarra de Ritchie Blackmore o de Jimmy Page, príncipes del hard rock con Deep Purple o Led Zeppelin, a las diabluras con la flauta de Ian Anderson, líder de Jethro Tull. O del jazz, también, en su carácter improvisatorio, pero sobre todo en los grupos de música antigua que la someten a intensas y emocionantes variaciones, como es el caso de Jordi Savall con su viola de gamba.
Pero existe otra conexión más íntima, más pegada a los sentidos y a los silencios del alma que la música termina por exorcizar. Y es lo que Alex Ross califica como el gusto por el lamento: “Puede que para muchos no resulte sorprendente, pero las similitudes que unen a un gran número de culturas con el lamento son impactantes. Se percibe una línea que conecta el Renacimiento, el barroco, el romanticismo, el flamenco o el blues con tantos otros. Parece como si se tratara de emular a través de la música los sonidos que el hombre emite cuando se encuentra sereno, en paz”.
Se entabla un inmenso diálogo sin fin, un eco eterno de sonidos en busca de sentimiento, de estados de ánimo que relativizan el tiempo, porque son los mismos que han configurado nuestra sensibilidad desde las cavernas. “Es un proceso fascinante y misterioso, que nunca sabremos por qué se produce así ni a qué razones se debe”.

“Me encantaría que el término música clásica desapareciera de nuestro vocabulario y fuéramos capaces de encontrar otro”
Por eso, Alex Ross se adentra en las profundidades de los orígenes. Aunque la música popular está en la raíz de muchas cosas, las procedencias son incontables, enormes, inabarcables. “No creo que la música proceda de una única raíz común, aunque es cierto que nuestros orígenes como especie no se diferencian tanto. Pero desde ahí hasta ahora se han desarrollado multitud de lenguajes distintos dependiendo de los sistemas, las creencias, las religiones. Me gusta adentrarme en esas diferencias sobre todo cuando alejan al individuo de su reducto más seguro, más local, más familiar. Creo que en música deberíamos ser todos auténticamente cosmopolitas”.
Heterogéneos, eclécticos, imprevisibles, instintivos y menos racionales, impulsivos y poco reflexivos… Libres, desinhibidos, poco acomplejados, abiertos al sentimiento y no al entendimiento, que llegará —o no— después. Para eso, quizás las tecnologías nos ayuden, o nos estén educando los mecanismos neuronales para apreciar la música de modo diferente de como la hemos venido percibiendo.
Pero no hay que temer los cambios en ese sentido. Siempre ha sido igual. Cada época ha tenido y se ha adaptado a su propia manera de escuchar la música. De las fiestas populares y las iglesias a los salones del XIX, y de la intimidad del cuarto de estar con el gramófono al ensimismamiento con los auriculares y el dejarse llevar por nuestros iPods cuando conectamos el sistema aleatorio hay un mundo. “Ahora vivimos un cambio profundo en ese sentido”, avisa Alex Ross. Tiene que ver con la acumulación, con la avaricia musical. “Con todo lo que guardamos en nuestros aparatos, ya sean MP3, teléfonos u ordenadores, podemos trasladarnos de un género a otro con un clic, fácilmente. Eso hace que prestemos menor atención, que nos concentremos menos en lo que escuchamos. Y resulta un cambio profundo, pero por el momento no afecta a la actitud que el público muestra en las salas de conciertos. Allí, según aprecio, siguen prestando mucha atención incluso a las piezas de larga duración”.
Quizás los teatros, los rituales para la música en directo sean esos lugares donde no admitimos aún la profanación de las prisas, el altercado constante de la aceleración. Pero a quienes sí afecta es a los creadores. Activamente, buscando la manera de adaptarse a los nuevos soportes. Renovarse o morir. “Utilizan esos soportes incluso para componer. Pero eso no es nuevo, no hay más que recordar que los compositores, a lo largo de la historia, siempre se han mostrado líderes respecto a la tecnología, en los sistemas de sonido, en el uso de ordenadores, en las posibilidades que les ha brindado Internet. Es el resto del mundo quien ha tenido que seguirles en muchos casos”.


Leonard Bernstein dirigiendo 'Resurrección', de Mahler, interpretada por la Boston Symphony en Tanglewood (Massachusetts) en 1970. / Foto: Bettmann / Corbis
La lucha por la originalidad ha movido millones de partituras. La búsqueda de la diferencia ha distinguido a los grandes de los pequeños. Luego, la historia juzga. Y muchas veces en contra de las intenciones de los creadores. Muchas veces incluso injustamente, caprichosamente. En esta época de confusa catarsis general quizás resulte complicado adivinar quiénes serán nuestros grandes clásicos. Cada disciplina, cada modo y cada género tendrán los suyos. No debería imponerse un pensamiento único, un canon inapelable, se diversificarán los futuros clásicos y la música tendrá varios en cada una de sus expresiones. Lo mismo pasará a la historia la virulencia del silencio iconoclasta que propone John Cage como el afán revolucionario popular de The Beatles. “Todos ellos y más. Las diferenciaciones han quedado obsoletas. También debemos ser conscientes de que en el siglo XIX, Beethoven era considerado serio, y Rossini, popular. Ahora, ambos son clásicos”.
Pero entre las ventajas que nos brinda la posmodernidad, hay que decir que los grandes no se dan la espalda. Se buscan, se excitan creativamente, se inspiran. ¿Qué tiene que ver Karlheinz Stockhausen con Björk o con Lennon y McCartney? Que les inspira una evidente veneración. “Les une la curiosidad y la voluntad de explorar nuevos caminos. Ninguno de los tres se queda parado, ninguno ha repetido machaconamente una idea, una fórmula que les haya funcionado y se haya convertido en algo popular. Lo profundamente artístico se busca sin descanso. Son lo contrario a aquello que marca una corriente mayoritaria y se deja convertir en una marca”. Alergia al encasillamiento es lo que define a unos y a otros. Por eso se han buscado.

“Los públicos de la música clásica se han multiplicado en todo el mundo. El crecimiento en Asia y América del Sur es un ejemplo”
Ejemplos de esa rabia diferencial son lo que Ross propone en su libro. Lo que él llama la violenta elegancia de Mozart, el éxtasis de la tristeza que nos brinda Schubert, las canciones de un folk abstracto e imaginario que busca Björk, la excesiva sabiduría que encontramos en Dylan… A todos ellos les une una obsesión particular del autor. “Los creadores sobre los que he escrito están en el libro porque hacia cada uno de ellos he sentido la necesidad de ahondar, de saber más. Tanto sobre su arte como sobre sus personalidades, sin importar que estuvieran vivos o muertos”, asegura el crítico.
Entre esas obsesiones, existen rasgos comunes que le mueven a ahondar sobre ellos: “Me atrapan quienes van más allá de la esencia del género que han escogido, o quienes han roto con los cánones de manera traumática, personajes como John Luther Adams, que se retiró a Alaska para crear su vasto universo, en ejemplos como el suyo hallamos otra integridad, la de esa gente fundamental y singular que huye de todo conformismo”.
Pero esas singularidades no deben apartarnos de las corrientes que hoy, desde lugares alejados del centro de Occidente, van adueñándose de territorios supuestamente lejanos para ellos. Fenómenos que vienen de Asia o América Latina y que han conquistado la globalidad de la música más eterna con sus interpretaciones más frescas, más espontáneas, distintas. “Los públicos de la música clásica se han multiplicado en todo el mundo. Son mucho más numerosos hoy que hace cien años. El crecimiento en Asia y América del Sur es un ejemplo. Casos como el pianista chino Lang Lang o el director venezolano Gustavo Dudamel prueban que la gran tradición de la música europea puede echar raíces en distintas culturas y producir talentos extraordinarios. Me gustaría ahora conocer a los compositores de esos lugares, no solo a los intérpretes”.

“Ciertos rituales en las salas de conciertos deberían cambiar. Muchas convenciones se impusieron hacia 1900 y no han evolucionado”
Un nuevo tiempo para nuevos aires donde se trasladan los centros de gravedad. Y quizás sea el momento adecuado también para redefinir conceptos. ¿Por qué reducir la música a simples categorías y paradigmas anticuados cuando lo que nos atrapa es la mezcla, el mestizaje? “Me encantaría que el término música clásica desapareciera de nuestro vocabulario y fuéramos capaces de encontrar otro. Pero aún no he logrado hallar algún término que me convenza. A lo mejor nos hemos encallado en él. El problema más grave es que se refiere a música del pasado, a música que huele a muerto. Existen muchos creadores en activo que exploran esas tradiciones y que se convierten en invisibles porque el término clásico no puede englobarles a ellos”.
Como tampoco estaría mal que desterráramos ciertas convenciones en las salas de conciertos. Ciertas rigideces que nos alejan de la música y nos la convierten en algo antipático. Cuándo, o no, se debe aplaudir en una sala nos lleva a reflexiones de carácter histórico que quitan la razón a los públicos más frígidos, según Alex Ross. “Creo que ciertos rituales en las salas de conciertos deberían cambiar. Muchas convenciones se impusieron hacia 1900 y no han evolucionado. La prohibición de los aplausos resulta artificial y no tiene sentido en piezas como el primer concierto de piano de Chaikovski o el Emperador de Beethoven. En estas obras resulta raro y va contra su naturaleza que no se aplauda al final del primer movimiento. Deberíamos fijarnos en la música y dejarnos llevar por nuestro sentimiento más que ceñirnos a normas abstractas”.
Como abstracción también es contar la música. Algo en lo que Alex Ross viene a ser de los pocos que consiguen la excepción de una comunicación sugerente, visceral, fascinante, divertida, jugosa. “Nunca vamos a lograr traducir la música a palabras, como tampoco se puede en otras artes. Aunque el lenguaje nos resulte insuficiente, nos urge compartir la experiencia y los periodistas representamos un papel fundamental en ese aspecto. Nuestra obligación es plantear una especie de conversación pública sobre los hechos que atestiguamos”.
Aunque ciertos géneros periodísticos anden en crisis hoy. La crítica, por ejemplo. “No está en su mejor momento, ni se la considera como en el pasado. Los periódicos ya no apuestan por ella y es un error. Se han convertido en meros espacios para el cotilleo en Internet y así se van condenando con mucha más rapidez de la que ellos mismos temen. Es hora de que ofrezcan a los lectores lo que les resulta difícil encontrar, una crítica reflexiva y extensa que les diferencie de los demás”.
Fuente El Pais

Egon Schiele en Bilbao

Egon Schiele en el Guggenheim: cuerpos maltrechos como metáforas de la maltrecha condición humana, embarazadas de rictus desolador, anoréxicas de mirada perdida, mujeres histéricas, sexos abiertos al espectador como trasuntos expresionistas de El origen del mundo de Courbet, cuerpos descoyuntados, gestos dislocados y, en definitiva, la conclusión salvaje, irremediable, de su arte: el vacío. Estamos solos. Nos hemos distanciado tanto de nosotros mismos que somos muñecos rotos. Todo está perdido, o al menos empieza a parecerlo. ¿Les suena?
Fuente El pais
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El sabor de Colombia pide paso

 Tartaletas con ensalada de cangrejo y aguacate, cubo de res en salsa criolla sobre arepa crocante, montaditos de posta negra sobre patacones, tamales de corvina, minimerengón de guanábana con reducción de balsámico... Estas y otras delicias han sido la embajada sabrosa presentada esta semana en el salón Millesime de Madrid por tres figuras de la escena culinaria de Colombia: Leonor Espinosa, Carlos Yanguas y Mark Rausch. El país latino quiere exportar al mundo más que el popular café.

“Necesitamos que pase lo que en Perú, donde hace 15 años la mayoría era cocina extranjera y ahora es al revés. A nosotros nos falta más apropiación de la identidad, más dignificación de las raíces y más visibilidad”, reclama la cartagenera Leo Espinosa, responsable de dos restaurantes en Bogotá, Leo Cocina y Cava y La Leo Cocina Mestiza, donde recupera ingredientes nativos “que ni siquiera muchos colombianos conocen, como el tucupí, la achira o el conopio”. Su propuesta recoge influencias de culturas que nutrieron su país: africana, árabe, china, italiana, hispana...
“Soy más emocional que tecno”, dice esta cocinera que aplica a sus creaciones influjos de sus “tres oficios: artista plástica, economista y publicista”. Y en su fundación trabaja con distintas comunidades colombianas: “Sensibilizamos sobre el patrimonio culinario. Hacemos proyectos de gastronomía para el desarrollo, seguridad alimentaria y gastronomía como herramienta de turismo”. Así, Puerto Nariño (Amazonas) y Playa Cristal (Caribe) cimentan su futuro económico como destinos sostenibles a partir de sus tradiciones culinarias.

“Cada región tiene una especialidad de sancocho (plato estrella nacional) o de tamales, envueltos en hojas de plátano o bijao, rellenos de maíz, arroz, yuca, pescado, carne...”, explica Carlos Yanguas, que trabaja al igual que Leo en la recuperación de recetas y sabores ancestrales. Es otro investigador y viaja a comunidades indígenas en zonas apartadas, donde “cambiaron cultivos propios por otros extranjeros que requieren pesticidas. Buscamos productos nativos naturales”. Este autodefinido “cocinero maduro” utiliza las pinzas de joyería de su antiguo oficio. Tras cerrar su restaurante Passion, hizo un sabático por cocinas italianas y españolas (Arzak) y ahora se siente más libre en su taller gastronómico, donde hace cáterin y menús degustación a demanda. “Tenemos que creer en nuestro potencial y mostrarlo”, dice Yanguas, quien criticó públicamente que en la Cumbre de las Américas no se sirviera gastronomía autóctona.
Fuente El pais