sábado, 9 de abril de 2011
Tuitadas que contam
José Afonso Furtado is the Borges of Twitter, a Portuguese librarian who brings his unadulterated love for all things books and publishing-related to the Twittersphere. Based in Lisbon, Furtado has a day job as the art-library director of the Calouste Gulbenkian Foundation, but manages to create a running feed of timely, must-read publishing-industry news. And luckily for followers, Furtado has a liberal definition of the word publishing: stories on everything from Google securing patents for its doodles to highlights from the latest literary awards. And while he's clearly comfortable tweeting in English, you'll forgive him if he slips in a tweet every now again in a language that requires the use of accents.
Fonte Time Magazine
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Porque é que a "Time" lhe chamou o "Borges do Twitter"?
Antes de mais porque sou o único latino da lista, mas também pelo facto de eu twittar em cinco línguas. Se estiver a postar algo que sei que interessa a um italiano, faço-o nessa língua. O mesmo se passa com um francês, até porque, muitas vezes, essas notícias não interessam a falantes de outras línguas. Como se sabe, o Jorge Luís Borges falava várias línguas.
Fonte Expresso.pt
Leia mais aqui
Read more: http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2058946_2059032_2059030,00.html #ixzz1J2edEOUK
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Fonte Time Magazine
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Porque é que a "Time" lhe chamou o "Borges do Twitter"?
Antes de mais porque sou o único latino da lista, mas também pelo facto de eu twittar em cinco línguas. Se estiver a postar algo que sei que interessa a um italiano, faço-o nessa língua. O mesmo se passa com um francês, até porque, muitas vezes, essas notícias não interessam a falantes de outras línguas. Como se sabe, o Jorge Luís Borges falava várias línguas.
Fonte Expresso.pt
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miércoles, 6 de abril de 2011
Belle Époque:De la euforia de Sargent a la angustia de Schiele
Desde la Guerra Franco Prusiana de 1870 hasta el final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), numerosos artistas intentaron plasmar las convulsiones culturales y sociales de cuatro décadas de efervescencia económica, transformación tecnológica y crecimiento de urbes por toda Europa. Un "laboratorio cambiante", en palabras de Tomás Llorens, comisario junto con Boye Llorens de la exposición Retratos de la Belle Époque, que se ha inaugurado hoy en el Centro del Carmen de Valencia, y que exhibirá hasta el 26 de junio obras de Klimt, Schiele, Munch, Toulouse-Lautrec, Kokoschka, Sargent, Zuloaga o Sorolla entre decenas de grandes pintores de la época.
"Es una época con un sentimiento de euforia extraordinaria y también, subyaciendo, un sentimiento de ansiedad creciente", explica el experto en arte. Y eso es lo que explicita la muestra, los cambios culturales y sociales, mediante un género pictórico, el retrato, a través de los grandes nombres de la pintura de aquellos años. Desde el brillo de los cuadros de la ilustre aristocracia de John Singer Sargent, en Inglaterra, o Joaquín Sorolla, en España, hasta la zozobra psicológica de las pinturas de Egon Schiele y Oskar Kokoschka.
Una gran muestra producida por la Fundación La Caixa y el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, con un coste de un millón de euros, que después viajará hasta Barcelona (19 de julio a 25 de septiembre) y que reúne 78 cuadros de prestigiosas instituciones de 11 países, como la Tate de Londres, el Museo Thyssen-Bornemisza, la Galería Estatal Tretiakov de Moscú, la Nasjonalgalleriet de Oslo, Galleria degli Uffizzi de Florencia, el Leopold Museum de Viena o el Metropolitan Museum de Nueva York. Hasta el Palacio de la Zarzuela ha aportado un cuadro que a diario contempla en su despacho el Príncipe Felipe, el Retrato del rey don Alfonso XIII con el uniforme de Húsares, pintado por Sorolla en 1907.
Aunque la base de la exposición es el retrato, se abordan las obras de distintas temáticas a lo largo de nueve salas. Así, en la primera, dedicada al autorretrato, hay obras de Eugène Carriere, Ignacio Pinazo, Asta Norregaard, Sargent o Sorolla. La segunda sala, quizá la más espectacular, se llena de grandes pinturas de figuras de la alta sociedad, cuadros coloridos y optimistas, como La duquesa de Sutherland, de Sargent, el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, de Ignacio Zuloaga, Y Cléo de Mérode, de Manuel Benedito. O varias obras luminosas de Giovanni Boldini, como la espectacular La mujer de rosa (retrato de Olivia de Subercaseaux Concha) o la delicada pintura que hizo, al igual que Benedito pero nueve años antes, de Cléopâtre-Diane de Mérode, una bailarina de belleza legendaria retratada por todos los pintores de París y que, según Llorens, como símbolo de la Belle Époque, fue mencionada por Marcel Proust en sus obras.
Luego viene una sala titulada Temperamento y carácter, con obras que intentan penetrar en la psicología de los retratados. Y junto a obras Christian Krohg, Anders Zorn, Valentin Serov, Jacques-Émile Blanche o Sargent, sobresale por su color La Sargantain, el retrato con un vestido amarillo que hizo Ramón Casas a Julia Peraire, que luego sería su mujer.
La cuarta está dedicada a retratos de grupo, donde abundan los Sorollas, y también hay un Sargent . La quinta aborda los ambientes, con creaciones de Severin Kroyer (como el retrato de Edvard Grieg y su esposa), Asta Norregaard, Casas, Santiago Rusiñol, Maurice Lobre, o con la obra Negro y plata de James Jebusa Shannon como colofón
La sexta se dedica en exclusiva a Henri Toulouse-Lautrec. La séptima a retratos al aire libre, con varias obras de Sorolla y otros ejemplos de Marie Bracquemond, Maximilien Luce, John Lavery, Gustave Caillebotte, Sargent o Théophile-Alexandre Steninlen.
En la octava se aborda el retrato como símbolo, con el hipnotizante retrato de Maria Munk en su lecho de muerte realizado por Gustav Klimt o el cuadro que dedicó Hans Makart a Sarah Bernhardt. Una sala donde también sobresalen varias obras de Hermen Anglada-Camarasa, los oscuros óleos de Michail Vrubel o un retrato de Edvard Munch. Por último, la novena sala aborda la amargura de los años de la Gran Guerra, con obras de Max Oppenheimer, Kokotschka, Ernst Ludwig Kirchner, Auguste-Elysée Chabadu y que culmina con el sobrecogedor autorretrato de Egon Schiele titulado El Poeta, una obra que recoge a la perfección el clima con el que Europa afrontó los años previos al gran conflicto mundial.
Fuente El País
"Es una época con un sentimiento de euforia extraordinaria y también, subyaciendo, un sentimiento de ansiedad creciente", explica el experto en arte. Y eso es lo que explicita la muestra, los cambios culturales y sociales, mediante un género pictórico, el retrato, a través de los grandes nombres de la pintura de aquellos años. Desde el brillo de los cuadros de la ilustre aristocracia de John Singer Sargent, en Inglaterra, o Joaquín Sorolla, en España, hasta la zozobra psicológica de las pinturas de Egon Schiele y Oskar Kokoschka.
Una gran muestra producida por la Fundación La Caixa y el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, con un coste de un millón de euros, que después viajará hasta Barcelona (19 de julio a 25 de septiembre) y que reúne 78 cuadros de prestigiosas instituciones de 11 países, como la Tate de Londres, el Museo Thyssen-Bornemisza, la Galería Estatal Tretiakov de Moscú, la Nasjonalgalleriet de Oslo, Galleria degli Uffizzi de Florencia, el Leopold Museum de Viena o el Metropolitan Museum de Nueva York. Hasta el Palacio de la Zarzuela ha aportado un cuadro que a diario contempla en su despacho el Príncipe Felipe, el Retrato del rey don Alfonso XIII con el uniforme de Húsares, pintado por Sorolla en 1907.
Aunque la base de la exposición es el retrato, se abordan las obras de distintas temáticas a lo largo de nueve salas. Así, en la primera, dedicada al autorretrato, hay obras de Eugène Carriere, Ignacio Pinazo, Asta Norregaard, Sargent o Sorolla. La segunda sala, quizá la más espectacular, se llena de grandes pinturas de figuras de la alta sociedad, cuadros coloridos y optimistas, como La duquesa de Sutherland, de Sargent, el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, de Ignacio Zuloaga, Y Cléo de Mérode, de Manuel Benedito. O varias obras luminosas de Giovanni Boldini, como la espectacular La mujer de rosa (retrato de Olivia de Subercaseaux Concha) o la delicada pintura que hizo, al igual que Benedito pero nueve años antes, de Cléopâtre-Diane de Mérode, una bailarina de belleza legendaria retratada por todos los pintores de París y que, según Llorens, como símbolo de la Belle Époque, fue mencionada por Marcel Proust en sus obras.
Luego viene una sala titulada Temperamento y carácter, con obras que intentan penetrar en la psicología de los retratados. Y junto a obras Christian Krohg, Anders Zorn, Valentin Serov, Jacques-Émile Blanche o Sargent, sobresale por su color La Sargantain, el retrato con un vestido amarillo que hizo Ramón Casas a Julia Peraire, que luego sería su mujer.
La cuarta está dedicada a retratos de grupo, donde abundan los Sorollas, y también hay un Sargent . La quinta aborda los ambientes, con creaciones de Severin Kroyer (como el retrato de Edvard Grieg y su esposa), Asta Norregaard, Casas, Santiago Rusiñol, Maurice Lobre, o con la obra Negro y plata de James Jebusa Shannon como colofón
La sexta se dedica en exclusiva a Henri Toulouse-Lautrec. La séptima a retratos al aire libre, con varias obras de Sorolla y otros ejemplos de Marie Bracquemond, Maximilien Luce, John Lavery, Gustave Caillebotte, Sargent o Théophile-Alexandre Steninlen.
En la octava se aborda el retrato como símbolo, con el hipnotizante retrato de Maria Munk en su lecho de muerte realizado por Gustav Klimt o el cuadro que dedicó Hans Makart a Sarah Bernhardt. Una sala donde también sobresalen varias obras de Hermen Anglada-Camarasa, los oscuros óleos de Michail Vrubel o un retrato de Edvard Munch. Por último, la novena sala aborda la amargura de los años de la Gran Guerra, con obras de Max Oppenheimer, Kokotschka, Ernst Ludwig Kirchner, Auguste-Elysée Chabadu y que culmina con el sobrecogedor autorretrato de Egon Schiele titulado El Poeta, una obra que recoge a la perfección el clima con el que Europa afrontó los años previos al gran conflicto mundial.
Fuente El País
Belle Époque
ÁNGELES GARCÍA -
Una Europa optimista y confiada se dejaba arrullar por su propia decadencia, la aparente placidez de los acontecimientos, las sensacionales transformaciones tecnológicas y económicas y cierta, engañosa, estabilidad política. Durante la belle époque, todo un continente, ajeno al horror que se avecinaba con la Primera Guerra Mundial, se las prometía muy felices. Se diría que fue un tiempo diletante, como viene a demostrar la exposición Retratos de la belle époque que hoy se inaugura en las rehabilitadas salas del Centro del Carmen de Valencia (a partir del 19 de julio en la sede barcelonesa de Caixaforum). Una época obsesionada con la belleza, con la propia y la ajena. Unos años en los que los poderosos sentían la llamada de la posteridad y el género del retrato adquirió un inédito auge nunca igualado.
Tomás Llorens: "Aquí está el origen de la vitalidad del arte del siglo XX"
Artistas como Sargent, Sorolla, Zorn, Munch, Repin, Serov, Vrubel y Toulouse-Lautrec, Vuillard, Kokoschka, Schiele o Kirchner se beneficiaron de aquellas ansias. Y estos días lucen en la nómina de los 42 pintores de una muestra que reúne casi un centenar de obras prestadas por coleccionistas de todo el mundo.
Considerada durante tiempo como la "pintura mala" en unos años de eclosión de las vanguardias, Tomás Llorens plantea una nueva lectura de este periodo. El historiador y crítico quiere devolver la dignidad a un tipo de arte devaluado, despachado con desdén por complaciente y por responder al mero encargo. El primer argumento a favor de su tesis está contenido en la selección misma de los artistas. Son algunos de los nombres capitales del arte de su tiempo. Incluso algunos acuden al medio en busca de un campo fértil para la experimentación. "Fue el crítico Robert Rosenblum", argumenta Llorens, "el primero en aproximarse sin prejuicios a la pintura realizada en torno a 1900. La hipótesis que yo planteo aquí es que el origen de la vitalidad del arte en la primera mitad del siglo XX está precisamente en el naturalismo con el que trabajan estos artistas. Evolucionan luego al simbolismo y, finalmente, al expresionismo. Para mí es evidente que no hay nada ligero ni frívolo en su forma de abordar el retrato".
Ningún método estilístico predomina en la muestra sobre los demás. Llorens cita a Sargent, gran amigo de Monet, como ejemplo de retratista oficial y consolidado en el mercado, algo que durante un tiempo jugó en su propia contra. "La National Gallery llegó a pagar lo mismo por un retrato de Velázquez que por uno de Sargent en 1890. Esto puede ser tan bueno como malo", añade ante el inquietante óleo de la escritora Violette Pay pintado por el artista británico. La temprana aceptación en el mercado de la obra de Sorolla, presente en la muestra con una docena de cuadros, también perjudicó el prestigio del pintor valenciano durante muchos años. Por suerte, hace tiempo que este quedó fuera de duda.
Distribuidas en las dos salas de exposiciones temporales que rodean los claustros renacentista y gótico del antiguo convento, Tomás Llorens ha organizado nueve diferentes formas de abordar el retrato: los autorretratos, los retratos de sociedad; temperamento y carácter; retratos de grupo; ambientes y conversaciones; una sección monográfica dedicada a Toulouse-Lautrec; retratos al aire libre; y, por último, el retrato como símbolo y la crisis. Un documental con espeluznantes imágenes históricas de la Primera Guerra Mundial sirve al término del recorrido para que el visitante despierte al final del sueño, plácido y confiado de la belle époque.
Fuente El Pais
Una Europa optimista y confiada se dejaba arrullar por su propia decadencia, la aparente placidez de los acontecimientos, las sensacionales transformaciones tecnológicas y económicas y cierta, engañosa, estabilidad política. Durante la belle époque, todo un continente, ajeno al horror que se avecinaba con la Primera Guerra Mundial, se las prometía muy felices. Se diría que fue un tiempo diletante, como viene a demostrar la exposición Retratos de la belle époque que hoy se inaugura en las rehabilitadas salas del Centro del Carmen de Valencia (a partir del 19 de julio en la sede barcelonesa de Caixaforum). Una época obsesionada con la belleza, con la propia y la ajena. Unos años en los que los poderosos sentían la llamada de la posteridad y el género del retrato adquirió un inédito auge nunca igualado.
Tomás Llorens: "Aquí está el origen de la vitalidad del arte del siglo XX"
Artistas como Sargent, Sorolla, Zorn, Munch, Repin, Serov, Vrubel y Toulouse-Lautrec, Vuillard, Kokoschka, Schiele o Kirchner se beneficiaron de aquellas ansias. Y estos días lucen en la nómina de los 42 pintores de una muestra que reúne casi un centenar de obras prestadas por coleccionistas de todo el mundo.
Considerada durante tiempo como la "pintura mala" en unos años de eclosión de las vanguardias, Tomás Llorens plantea una nueva lectura de este periodo. El historiador y crítico quiere devolver la dignidad a un tipo de arte devaluado, despachado con desdén por complaciente y por responder al mero encargo. El primer argumento a favor de su tesis está contenido en la selección misma de los artistas. Son algunos de los nombres capitales del arte de su tiempo. Incluso algunos acuden al medio en busca de un campo fértil para la experimentación. "Fue el crítico Robert Rosenblum", argumenta Llorens, "el primero en aproximarse sin prejuicios a la pintura realizada en torno a 1900. La hipótesis que yo planteo aquí es que el origen de la vitalidad del arte en la primera mitad del siglo XX está precisamente en el naturalismo con el que trabajan estos artistas. Evolucionan luego al simbolismo y, finalmente, al expresionismo. Para mí es evidente que no hay nada ligero ni frívolo en su forma de abordar el retrato".
Ningún método estilístico predomina en la muestra sobre los demás. Llorens cita a Sargent, gran amigo de Monet, como ejemplo de retratista oficial y consolidado en el mercado, algo que durante un tiempo jugó en su propia contra. "La National Gallery llegó a pagar lo mismo por un retrato de Velázquez que por uno de Sargent en 1890. Esto puede ser tan bueno como malo", añade ante el inquietante óleo de la escritora Violette Pay pintado por el artista británico. La temprana aceptación en el mercado de la obra de Sorolla, presente en la muestra con una docena de cuadros, también perjudicó el prestigio del pintor valenciano durante muchos años. Por suerte, hace tiempo que este quedó fuera de duda.
Distribuidas en las dos salas de exposiciones temporales que rodean los claustros renacentista y gótico del antiguo convento, Tomás Llorens ha organizado nueve diferentes formas de abordar el retrato: los autorretratos, los retratos de sociedad; temperamento y carácter; retratos de grupo; ambientes y conversaciones; una sección monográfica dedicada a Toulouse-Lautrec; retratos al aire libre; y, por último, el retrato como símbolo y la crisis. Un documental con espeluznantes imágenes históricas de la Primera Guerra Mundial sirve al término del recorrido para que el visitante despierte al final del sueño, plácido y confiado de la belle époque.
Fuente El Pais
lunes, 4 de abril de 2011
Olavo Bilac
Ora (direis) Ouvir Estrelas!
"Ora (direis) ouvir estrelas! Certo
Perdeste o senso!" E eu vos direi, no entanto,
Que, para ouvi-Ias, muita vez desperto
E abro as janelas, pálido de espanto...
E conversamos toda a noite, enquanto
A via láctea, como um pátio aberto,
Cintila. E, ao vir do sol, saudoso e em pranto,
Inda as procuro pelo céu deserto.
Direis agora: "Tresloucado amigo!
Que conversas com elas? Que sentido
Tem o que dizem, quando estão contigo?"
E eu vos direi: "Amai para entendê-las!
Pois só quem ama pode ter ouvido
Capaz de ouvir e de entender estrelas."
"Ora (direis) ouvir estrelas! Certo
Perdeste o senso!" E eu vos direi, no entanto,
Que, para ouvi-Ias, muita vez desperto
E abro as janelas, pálido de espanto...
E conversamos toda a noite, enquanto
A via láctea, como um pátio aberto,
Cintila. E, ao vir do sol, saudoso e em pranto,
Inda as procuro pelo céu deserto.
Direis agora: "Tresloucado amigo!
Que conversas com elas? Que sentido
Tem o que dizem, quando estão contigo?"
E eu vos direi: "Amai para entendê-las!
Pois só quem ama pode ter ouvido
Capaz de ouvir e de entender estrelas."
domingo, 3 de abril de 2011
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